Revista con la A

25 de noviembre de 2020
Número coordinado por:
Lucía Melgar y Alicia Gil
72

La pandemia de las violencias contra las mujeres

Violencias institucionales y desenraizamiento

Pep Aparicio Guadas

Aprendre a veure el món que hi ha entre nosaltres implica posar en marxa una pedagogia política i la necessitat de fer-la realitat. Implica aprendre a pensar junts.

Marina Garcés

La violencia institucional feraz extiende conservadoramente una negra niebla sobre la cotidianeidad de los quehaceres, sociales y/o domésticos

No hay nada natural en la violencia… y menos aún en la violencia institucional que feraz extiende conservadoramente una negra niebla sobre la cotidianeidad de los quehaceres, sociales y/o domésticos (económicos, culturales, educativos, políticos, etc.) que las mujeres y los hombres hemos de realizar para abordar, entre otras cuestiones, la practicabilidad y la convivialidad de la vida en la vida; y lo hace impregnando y revistiendo las diversas violencias existentes -simbólica, psicológica, física, estructural…- con una tenue o densa capa de naturalidad que ahonda la burda y la falaz separación entre material y cultural, entre educativo y vegetativo, entre político y social… y, además, esa efectiva carta de naturalidad, en cierta manera, exhorta a establecer y/o consolidar la tramposa legitimidad no solo de las violencias en teoría sino también su uso, deviniendo sus prácticas cuasi hegemónicas, más o menos disfrazadas de, por ejemplo, automatismos fratiarcales, en un  mundo profano y secular.

En los diferentes espacios y/o estructuras de acogida (familia, ciudad, relación-religación, etc.) factiblemente empapadas por las humedades de esta negra niebla, las violencias emergen como un veraz correlato infundado pero real y operativo de unas relaciones -sociales, familiares, grupales, políticas, religiosas…- que, en cierta manera, están externa e internamente colonizadas por la toxina de la violencia y tienden a producir efectos de subordinación, dominación, autoritarismo, racismo, fascismo social… en el seno de ellas, imbricando a los hombres y a las mujeres operativamente, y cortocircuitando la posibilidad-realidad de devenir mujer, hombre… con y en una posición autónoma, real y facticia, de promoción y fomento de la acogida -de la otra, del otro…- que, entre otras cuestiones, facilitase-formalizase abordar los mundos comunes y singulares de mujeres, hombres… con otra mirada, con otra escritura…, con una vida otra, que materializase su practicabilidad, lejos, muy lejos de cualquier violencia que siempre es cultivada: en casa, en la escuela, en la iglesia, en el sindicato… y que así, en ese cultivo educativo-cultural, social-económico…, sobreviene en violencia institucional que aniquila-abate a las diferentes, a las minorías…; a las mujeres, a los jóvenes, a las personas mayores…; a las personas profanas, a las no-religiosas… construyendo una narrativa institucional, típicamente patriarcal y capitalista que, por una parte, subyuga la diferencia y a los seres humanos que encarnan materialmente esa diferencia, en una dinámica hard, por ejemplo, mediante una precaria y supuesta coeducación…; y, por otra parte, edulcora -con substancias y recursos diversos- estas mismas realidades espirituales y corporales, diferentes y tangibles, mediante su extrañamiento y/o su victimización, en una dinámica blandita y líquida, por ejemplo, mediante el establecimiento cultural y/o teatral del 8 de marzo, del 25 de noviembre…  pero siempre propiciando que  estas prácticas de la violencia, como cualquier otra acción, cambien el mundo hacia un mundo menos mundo, pero este cambio con toda probabilidad es, reiteradamente, hacia un mundo donde las violencias engarzadas en la violencia institucional -difusa y presente en escuelas, hospitales, universidades, fábricas, asociaciones…- hacen real, desde lo micro a lo macro, la violencia masculina contra las mujeres, contra los y las diferentes… en definitiva contra el mundo, sin amor alguno.                                                                                                                          

El derecho no es sino un uso de la violencia en ausencia contra aquellas y aquellos, minoritarios, que quieren acceder y/o hacer advenir otros derechos no instituidos en la violencia sino en la responsabilidad y el compromiso

Esa naturalidad de las violencias, a la cual aludíamos anteriormente, que todas hemos oído, que todas conocemos… y que podemos observar cotidianamente en nuestros entornos de vida -social, profesional, etc.- perfectamente instaladas, y que van desde el grito brutal a la palmada en el culo pasando por las frases y expresiones lingüísticas, históricamente pre-fijadas: ‘quien bien te quiere te hará sufrir’, ‘la letra -la educación-, con sangre entra’, y un larguísimo e intenso etcétera, aderezado, acaso, con otras acciones amparadas en el reconocimiento identitario y en la representación sociopolítica -desde las mediadoras de igualdad hasta las personas coordinadoras de coeducación pasando por toda práctica educativo-cultual que implique el desarraigo de las mujeres, de los hombres…,- quizás nos indican que hay una conexión incuestionable entre las violencias de género ejercidas cuasi absolutamente por los hombres, las violencias más o menos juveniles -acosos, violaciones…-, mayoritariamente masculinas, las violencias educativas… independientemente del lugar en las cuales se realizan, muestran una raíz, quizás muy profunda, eminentemente institucional y, además, esta raigambre incuestionablemente corporativa opera a pesar de las normativas, las legislaciones…; de las mediaciones y los tribunales específicos; de los mandamientos cultuales y/o religiosos; etc. O, quizás, merced a estas violencias institucionales que sirven de soporte y/o constitución al resto de las violencias, otorgando una patina de cultivo cultural a la falsa naturalidad de las violencias que, tal vez, intentan interrumpir un nuevo tiempo epocal, una nueva civilización de las relaciones que disruptivamente, aquí y ahora, está emergiendo, de manera destitutiva y empoderada, y que satisface cotidianamente la ecuación insurrección/institución, cada día y en cualquier lugar, mediante el cuidado, mediante el amor no amoroso, mediante no-derechos, pues los derechos son forjados siempre mediante la violencia, pues el derecho no es sino un uso de la violencia en ausencia contra aquellas y aquellos, minoritarios, que quieren acceder y/o hacer advenir otros derechos no instituidos en la violencia sino en la responsabilidad y el compromiso, mediante políticas pues, como afirmó Clarice Lispector, todo el mundo tendrá que cambiar para que yo sea incluida, estamos pues ante un horizonte que quiere poner en marcha un nuevo orden de vida que requiere de una efectiva descolonización mental-corporal patriarcal-capitalista… que fortalezca el potencial-presencial liberador y enriquecedor de la diversidad y la pluralidad.

Esa violencia institucional que es intrínsecamente patriarcal –masculina, capitalista, fraterna…- es, invariablemente, un ejercicio contra las mujeres y los mundos que ellas construyen

Así pues, esa violencia institucional que es intrínsecamente patriarcal –masculina, capitalista, fraterna…- es, invariablemente, un ejercicio contra las mujeres y los mundos que ellas construyen y se manifiesta en el ámbito sociopolítico, mediante acciones de reclamo-discurso de diferentes grupos sociopolíticos, por ejemplo, Vox, Ciudadanos, plataformas diversas, judicaturas…; en el ámbito educativo-cultural, mediante acciones de exclusión genérica y/o inclusión ritual en las programaciones formativas y en las evaluaciones de los establecimientos públicos -escuelas, institutos, universidades, hospitales…-, en las programaciones culturales…; en el ámbito económico y social, mediante acciones segregadoras en las fábricas, en los talleres, etc. y, también, en otras unidades productivas y/o distribuidoras-comercializadoras… de producciones y que, en definitiva, son estas violencias un grave obstáculo a la enunciación de políticas activas, radicales y sociales, que desvictimicen a las mujeres, especialmente, y al resto de minorías diferentes, que no requieren de protección subordinada sino de políticas, íntimas y territoriales, humanas que, entre otras cuestiones, aborden un enraizamiento alternativo con múltiples raíces, y sustraigan su capacidad de desarraigo-exterminio al dinero-capital y a la instrucción -educativa, sociocultural, religiosa, étnica…-, junto al paro, para entrar de lleno en la esfera del compromiso que solo actúa, verdaderamente, cuando hay capacidad de afectarse, afectar y dejarnos afectar sin rompernos ni romper a nadie ni a nada: in loco, in vivo, in acto; un aprendizaje permanente que tal vez responda-pregunte siguiendo esta pequeña muestra: quien estima no hace cuentas.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Pep Aparicio Guadas dice de sí mismo que es maestro ignorante. Además, es editor;  miembro del consejo gestor del Instituto Paulo Freire de España; miembro de los consejos de dirección de las revistas Quaderns d’educació Contínua y Educación y formación de personas adultas y editor de la revista on line rizoma freireano/rhizome freirean.

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