Revista con la A

25 de septiembre de 2019
Número coordinado por:
Violeta Doval
65

Mujeres mauritanas. Feministas en un país profundamente patriarcal

Rosa Chacel: la ardua tarea de hacer camino académico allende las fronteras

Rosa Chanel

Rosa Chacel

Son muchas las escritoras españolas de la generación del 27 comprometidas con su época reivindicando su autonomía, su libertad y luchando por conseguir una sociedad más justa, dedicando sus esfuerzos a realizarse en lo que les gustaba hacer: pensar, enseñar, escribir, pintar, investigar,… por lo que fueron represaliadas por el franquismo. A pesar de ello, ni sus coetáneos las tuvieron en cuenta, ni los libros de texto han reflejado su obra, ni las academias les han dado la relevancia que merecen incluso en democracia. Una de estas mujeres fue Rosa Chacel.

Rosa Clotilde Chacel Arimón, nieta del escritor José Zorrilla, nació en Valladolid el 3 de junio de 1898, en el seno de una familia liberal donde se forjó su carácter independiente y un pensamiento autónomo y libre, quizás porque su madre, Rosa Cruz Arimón, maestra de profesión, debido a la mala salud de Rosa decidió ocuparse de su educación, durante su infancia, en lugar de enviarle a la escuela. Cuando Rosa cumple diez años, la familia se traslada a Madrid matriculándola en la Escuela de Artes y Oficios desde donde, tras pasar por la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer, en 1915 ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando pues su deseo era ser escultora. Allí conoció al que sería su marido, el pintor Timoteo Pérez Rubio (que jugó un papel fundamental en la evacuación de las obras del Museo del Prado, salvándolas de los bombardeos franquistas) y a Valle Inclán que la introdujo  en los ambientes literarios de la capital, la tertulia del Café Granja el Henar, el Ateneo de Madrid, donde dicto su primera conferencia, comenzando a colaborar con la revista Ultra, relacionándose con Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna, Unamuno, Ortega y Gasset…

Tras su matrimonio y el nacimiento de su hijo Carlos, la familia inició un periplo por Europa, regresando a España en 1927 año en que Rosa empezó a colaborar en la Revista de Occidente, publicando tanto en esta como en Ultra y en la Gaceta literaria distintos relatos. En 1930 publica su primera novela: Estación. Ida y vuelta y, a instancias de Ortega, la biografía de Teresa, amante de Espronceda.

Al morir su madre, en 1933, se traslada una temporada a Berlín y a su regreso a Madrid continúa publicando, llegando a ser una de las primeras exponentes de la generación del 27 silenciada, como tantas otras, por sus compañeros y olvidada por la historia de la literatura hasta su vejez. Durante la guerra civil, alternó su labor como enfermera colaborando con publicaciones de izquierdas y firmando manifiestos y convocatorias que se llevaron a cabo durante el primer año de la contienda, teniendo que trasladarse, junto con su hijo, a Barcelona, Valencia, Grecia y París, reuniéndose con su marido, ya en el exilio, en Buenos Aires donde publica La sinrazón, novela considerada la mejor dentro de su obra literaria, y trasladándose finalmente a Brasil, donde sigue participando en la vida literaria pero no llegando a escribir ninguna obra relevante. En esa época sufren restricciones económicas importantes, lo que le obliga a desarrollar tareas de traductora, a colaborar de forma poco destacada en la prensa escrita y a aceptar todos aquellos encargos que le hacen desde cualquier ámbito.  

Aunque en los años 60 viaja a Madrid, no es hasta 1977, tras la muerte de Timoteo y después de la publicación, con gran éxito, de Barrio de Maravillas, que decide instalarse definitivamente en la capital, produciéndose un redescubrimiento de la autora durante la democracia, a pesar de lo cual en los años 80 vuelve a tener una crisis económica que, de nuevo, la obliga a aceptar encargos para sobrevivir.

En 1944, el 27 de julio, Rosa Chacel fallece en Madrid, siendo enterrada en el Panteón de Personas Ilustres del Cementerio El Carmen de Valladolid.

María del Carmen Expósito Montes, en un artículo publicado en el nº 24 de la Revista de Estudios Filológicos, nos adentra en el universo de Rosa Chacel a través de la mirada de la poeta Clara Janés:

“Rosa Chacel comenzó a reconocer lo que está bien y lo que no, en el modelo social al que pertenecía, y es también el ciclo en el que empieza a integrar los beneficios y costes de aceptar o negar las normas sociales; de ahí la extravagante libertad que obtuvo de manos de sus progenitores, a través de su estrategia autodidacta, encontrando así su lugar entre intelectuales de su generación.

Esta artista plástica en sus comienzos y escritora posterior se fue haciendo un bagaje por las letras españolas acompañada de sus obras: Estación. Ida y vuelta, Memorias de Leticia Valle, Barrio de Maravillas, Alcancía. Ida, Alcancía. Vuelta, Saturnal y La Sinrazón, entre las más significativas. Obras cargadas de autobiografía, recuerdos y memorias, así como de historia de España aun siendo exiliada (…) Una mujer que desafió el panorama literario y cultural español publicando un artículo “Esquemas de los problemas prácticos y actuales del amor” (Chacel,1931: 129-180). Un profundo pensamiento acerca del sentir de la mujer en todos los ámbitos, político, académico y amoroso. Todo ello con la idea de recopilar lo masculino y lo femenino –siguiendo a su polémico maestro, Ortega y Gasset– y centrando el enriquecimiento en el género humano, sin distinción de matices. Situados, pues, en el primer tercio del siglo XX descubrimos adelantos históricos en torno a lo femenino, y sin lugar a dudas, dentro de esta supervivencia permanecía Rosa Chacel.

No solo nuestra artista poeta y prosista abriría el camino a las mujeres para un adecuado acercamiento a la educación, sino que muchas mujeres como María Goyri, la primera mujer que obtuvo el doctorado en España, María Lejárraga -dramaturga-, Clara de Campoamor -abogada-, Isabel Oyarzábal -escritora- y Concha Méndez -poeta-, encontraron un sitio en un mundo reservado para el espacio varonil hasta entonces.

Rosa Chacel contribuyó como novelista a adoptar un nuevo modo de novelar distinto al que estábamos acostumbrados con la novela galdosiana, un mundo interior al que le achacaban la “peana” de ser una literatura femenina. Pero no fue así, solo una autodidacta en su dimensión habría podido destacar en el patriarcal círculo orteguiano agradeciendo, de este modo, a Ortega y Gasset, su confianza o atrevimiento en otorgar voz pública a Rosa Chacel. La ardua tarea de hacer camino hacia el correcto acercamiento al mundo académico, en general, de las mujeres comenzó hace años con nombres como Rosa Chacel.”

Redacción

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