Revista con la A

25 de noviembre de 2018
Número coordinado por:
Lucía Melgar y Alicia Gil
60

Acoso, abusos sexuales y violación

La imagen absoluta

Mª Teresa Priego

En un momento de su vida Duras comenzó a hablar en tercera persona de sí misma. Quizá porque ya era tan famosa, tan escudriñada, tan leída. Quizá porque entre el mundo y ella estuvo ese dolor, ese exilio permanente

“Sé que cuando escribo, hay algo que se hace. Dejo actuar en mí ese algo

que sin duda procede de la feminidad. Como si regresara a un terreno salvaje”

(Marguerite Duras)

Las palabras. Las imágenes. Dejarse atravesar por ellas. El territorio salvaje de lo inconsciente. Tener ese valor. Saber que quien habla es hablado desde un más allá que lo habita. Después leerse. Ella se leía. ¿Tal vez se reconocía a veces? Dice que nunca. En un momento de su vida Duras comenzó a hablar en tercera persona de sí misma. Quizá porque ya era tan famosa, tan escudriñada, tan leída. Quizá porque entre el mundo y ella estuvo ese dolor, ese exilio permanente. La madre. La hija de su madre loca. Marie Legrand profesora de liceo en Indochina. Viuda. Desesperada. Madre de dos hijos y una hija. “Una familia de blancos pobres”. Escritura. Cine. Arrastrarse hasta un estado de coma que duró nueve meses. Una familia marcada por la incestualidad. La muerte del padre. La insaciable desgracia de la madre y su pasión por el hijo mayor. El desamparo del hermanito menor. Creo haber dicho del amor que le teníamos a nuestra madre, no sé si he dicho del odio que también le teníamos, y del amor que nos teníamos los unos a los otros, y del odio igual de terrible en esta historia común de ruina y de muerte que era la de nuestra familia”.

Marguerite Duras

La heroicidad en ese dejarse atravesar por las palabras como una medium. Por sus obsesiones. La obsesión del absoluto, por ejemplo. Margarita también insaciable de una manera distinta que la madre. A esa foto suya adolescente, con un sombrero masculino a la edad en la que conoció al amante chino la llamó: La imagen absoluta. El instante detenido cuando todo parecía aún posible. El amor. La sensualidad. Transformar en bienestar el lamento de la madre. Salvar a sus hermanos. Detener la furia del Pacífico. No desencontrarse tanto. No desgarrarse tanto. Escribir. “Nunca he escrito creyendo hacerlo, nunca he amado creyendo amar, nunca he hecho nada sino esperar ante la puerta cerrada”. Ante la incredulidad: la demanda de absoluto. Un hombre. Una mujer. La noche en Hiroshima mi amor. La muerte tan cercana al amor en la obra de Duras. La sensualidad en el espacio del horror. “Te encuentro, te recuerdo, ¿quién eres tú? Me matas. Me haces bien. ¿Cómo podía imaginar que esta ciudad estaba hecha del tamaño del amor? ¿Cómo podía saber que tú estabas hecho del tamaño de mi cuerpo? Tú me matas. Me das placer”. Como su amor por Yann Andréa en la realidad. Apasionado. Posesivo. Absoluto. Destructor.

Duras. Esa escritura intimista. Tajante. Magnífica. La gran historia de amor de Duras por su madre la escribió en Un dique contra el Pacífico: cuando no se deprime, la madre sueña, decide comprar tierras para sembrar arroz. De las mejores -le dicen- junto al Pacífico. En esta aventura invierte veinte años de ahorros. Siembran. Durante la temporada de lluvias el agua del Pacífico se traga los sueños. La engañó la administración francesa vendiéndole tierras incultivables. Marie, desesperada, intenta contruir barreras que detengan al mar. El torrente regresa cada vez. Marie aúlla de dolor y de ira. La narración de esta lucha entre su madre y el océano. Su madre y el anhelo de imposibles. En francés, la madre y el mar (la mère y la mer) se pronuncian igual. El mar inundaba las tierras de la madre, y Marie inundaba, con  su desesperanza absoluta, los territorios de vida y escritura de su hija. Marguerite la detesta y la compadece. La admira y la desdeña. La desgracia queda sellada para siempre. “La familia de patanes blancos no tiene derecho a la esperanza”.

“La escritura es el deseo imposible de escribir sobre el deseo imposible”, escribió Octave Mannoni. En cuestión de imposibles, Marguerite es una experta. La poética del absoluto. La poética de lo imposible, como en El arrebato de Lol V. Stein. Un baile. A Lol una mujer le “arrebata” a su pareja. Ella se queda arrebatada de sí misma. No cualquier mujer, sino esa Anne Marie Stretter que representa la fascinación de Duras por una cierta femineidad etérea y deslumbrante. Esa mujer deseada por todas y todos, a quien más miran. La antitesis de su otra figura femenina reiterada: la mendiga. Los extremos. La cuerda y la loca. La encarnación del amor y la encarnación del desposeímiento y el olvido. Es a partir del “arrebato”, “rapto” (según el sentido que se le atribuya a la palabra) que Lacan escribió su texto, Homenaje a Marguerite Duras del arrebato de Lol V. Stein, en el que le dice: “Lo que te queda entonces es lo que decían de ti cuando eras niña, que nunca estabas del todo ahí…” Y agrega: “La raptora es Marguerite Duras y nosotros los raptados”.

Marguerite Duras nos rapta. Nos fascina. Nos muestra que hay una escritura posible del “casi todo”. Una escritura de la herida, del rompe y rasga

Es lo que sucede, sí. Nos rapta. Nos fascina. Nos muestra que hay una escritura posible del “casi todo”. Una escritura de la herida, del rompe y rasga. Exhibe que la memoria es la piel. También. Escribir arañándose la piel. Lo que pareciera indecible es decible. Puede serlo. Y de sus indecibles a los nuestros hay un pacto secreto. “Reconozco esto en El rapto de Lol V. Stein, en el que Marguerite Duras evidencia saber sin mí, lo que yo enseño”, escribió Lacan. Un tanto pretencioso, es cierto. A lo que Duras respondió: “son palabras de hombre, de Maestro, es un homenaje que rebota a su favor”. Así. Pero como Maître significa tanto maestro como amo, a saber lo que le estaría diciendo. Me gustó mucho, sin embargo, ese halago extravagante. Esa referencia al inconsciente que se filtra. En las palabras y en la manera de desordenarlas. Como plastilina. La sintaxis se pliega a sus designios. Como debe de ser. Como no nos atrevemos a que sea.

¿Y esa historia también magnífica del amante chino? La descubierta adolescente de la sensualidad en las habitaciones de un barrio dudoso y con olor a especias. Esa historia que nos hizo temblar. Entre el deseo y un cierto horror. La adolescente se “deshonraba” porque tenía un amante que no era blanco, pero los Donnadieu tenían problemas prácticos que resolver. En El amante, como En un dique contra el Pacífico el clan decide que Marguerite tiene un precio. El chino acepta. Marguerite se siente a la vez halagada y usada. Sólo muchos años después percibirá la verdadera densidad de su humillación. Adler escribe en su biografía de Duras: “Con ‘El amante’ Marguerite se vengó. De una historia siniestra hizo un cuento erótico”. El título del libro podría hacernos pensar que ese hombre es el centro de la historia. Pero el único amante que le era posible concebir a la adolescente -no con el cuerpo, sino con su entera inversión emocional- no era ese hombre oriental de manos mágicas; el amante de Marguerite adolescente era su clan. Lo escribe en este libro: “Estoy aún en esta familia, es allí donde habito en exclusión de cualquier otro espacio”, como lo había ya escrito treinta años antes en Una barrera contra el Pacífico.

Imagen: Teresa Priego

“Nuestra madre no previó eso en lo que nos convertimos a partir del espectáculo de su desesperación”. El placer fue el primer punto de ruptura entre Marguerite y su madre. El segundo fue la escritura. En medio existió un amante chino, amado o no. “Todo amor, toda pasión… aunque extranjera al incesto, tiende a eso, a la reconstrucción, al reencuentro de ese bien original, que es un bien absoluto”. El llamado al amor absoluto, es cierto, es la nostalgia de las promesas del incesto. Nombrarlo así, como lo nombra. Ella. La que sabe tomar a lo indecible por los cabellos y arrojarlo -suavecito- sobre una página. La adolescente que atraviesa el Mekong con su vestido ligero y un sombrero masculino. Su imagen más amada de sí misma. Su imagen absoluta.

 

REFERENCIA CURRICULAR

María Teresa Priego Broca. Feminista (tendencia retro). Lectora, periodista y escritora. Maestra en estudios de lo femenino por la Universidad París VIII. Ha publicado cuentos y artículos en distintos medios mexicanos. Actualmente cursa un doctorado en psicoanálisis: Subjetividad y violencia.

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