Revista con la A

25 de mayo de 2019
Número coordinado por:
Lucía Melgar
63

Exiliadas y represaliadas del franquismo

Feminista, resistente y luchadora antifranquista: Josefina López Sanmartín

Josefina López Sanmartín

Josefina López Sanmartín tuvo una vida trepidante y precoz. Siempre contaba que fue su madre quien le dio de mamar feminismo y libertad. Nació en Barcelona, en febrero de 1919, y con solo trece años se afilió al Partido Comunista, formando parte de la Juventudes Socialistas Unificadas hasta 1945. Desde niña, su mayor afición era leer, libros, periódicos, panfletos o cualquier papel escrito que cayera en sus manos, de tal manera que se definía como una hemeroteca andante. Antes de cumplir dieciocho años, durante la segunda República, ya había participado en campañas electorales pidiendo el voto de las mujeres, era buena oradora, tenía las ideas claras lo que, añadido a su juventud, animaba a que las gentes la escucharan con respeto y admiración.

Se casó con Fernando Claudín, un destacado dirigente del partido comunista de España, a quien conoció en Zaragoza, en un congreso del partido. Tuvieron una hija que falleció durante el exilio. Sí, Josefina y Fernando tuvieron que exilarse en 1939. Huyeron hacia Orán, Argelia, donde, junto a las y los miles de refugiados que llegaron huyendo del horror franquista, fueron confinados en un campo de concentración donde malvivieron hasta que fueron liberados por la resistencia francesa enviándoles a Francia. Desde allí, el partido envió a Fernando a México y Josefina a Moscú, esta separación unida a la muerte de su hija, contribuyó a que se separaran definitivamente.

En Moscú, Josefina estudió Eslavística, pero tampoco allí tuvo una vida tranquila debido a la guerra entre Rusia y Finlandia, conocida como Guerra de Invierno que duró 105 días (noviembre, 1939-enero 1940) que se desató al principio de la Segunda Guerra Mundial, por lo que fue evacuada a los Urales, junto con otras exiliadas y exiliados españoles, para evitar que los nazis les tomaran prisioneros y les devolvieran a España, sometiéndoles a un segundo exilio. Más adelante, Josefina vivió en Praga, en Bucarest, en Belgrado y el Sofía.

Formó parte del equipo de Radio Pirenaica, donde se mantuvo durante veinticinco años, llevando dos programas: uno dirigido a las mujeres y al impulso de su emancipación; otro, dando voz a la población española que no había podido huir de España

En 1943, pasó a formar parte del equipo de Radio Pirenaica, donde se mantuvo durante veinticinco años, actuando como locutora, debido a su buena dicción y al timbre de su voz, llevando dos programas: uno dirigido a las mujeres y al impulso de su emancipación; otro -en conexión con emisoras clandestinas dentro de España-, en el que dio voz a la población española que no había podido huir, viviendo en un exilio interior, que daba cuenta de la grisura de sus vidas, la tristeza, la pobreza y la vigilancia a la que estaba sometida.

Al acabar la guerra regresó a Moscú donde vivió treinta años. Allí se licenció en Historia y realizó la tesis doctoral sobre las relaciones ruso-hispánicas en la época de Napoleón. Tuvo una segunda pareja, de cuya relación nació un hijo.

En 1967 regresó a España y en 1970 fijó su residencia en Castellón de la Plana, en el barrio del Grau, sufriendo la vigilancia permanente de la guardia civil que la “visitaba” a horas intempestivas. Aun así, no dejó de participar   en el proceso de la transición española contribuyendo a la consolidación de la democracia y a la emancipación de las mujeres. En 1979, en las primeras elecciones municipales libres, fue elegida concejala del Ayuntamiento de Castellón presentándose por el partido comunista, que más tarde abandonaría para pasar a las filas del partido socialista del País Valencià, presentándose a las elecciones de 1983 por este partido y siendo la primera mujer nombrada tenienta de la alcaldía del Grau de Castellón. Además de su labor política institucional, Josefina creo la Asociación de Mujeres Aula Debate del Grau, que todavía está activa.

En 1986 pasó a la política nacional, siendo nombrada senadora, formando parte de las comisiones de Asuntos Exteriores, Industria y Energía, y del Defensor del Pueblo y de los Derechos Humanos, falleciendo antes de finalizar el mandato, en 1989.

Desde la fecha de su muerte, y a pesar de la presión ciudadana para que el ayuntamiento de Castellón, regido entonces por el partido popular, le dedicara una calle, éste se negó sistemáticamente no reconociendo su labor e incluso denigrándola públicamente. Ha habido que esperar hasta 2018 para que el ayuntamiento, con una regidora socialista desde 2015, pusiera su nombre a una plaza, en palabras de la alcaldesa: “…un espacio emblemático en su querido Grau, un lugar para la convivencia, para el intercambio y para la cultura. El nombre de Josefina se asociará a lo mejor de la tierra en la que decidió vivir. Su espíritu de mujer libre fue un referente para muchas jóvenes que hace cuarenta años necesitaban liderazgos valientes y esperamos que su ejemplo perviva en las generaciones que ahora se agitan y se empoderan.”

Semblanza realizada por: Redacción

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