Revista con la A

25 de septiembre de 2020
Número coordinado por:
Bethsabé Huamán y R. E. Toledo
71

Hispanas en Estados Unidos

Editorial

En este número, que se vertebra en torno a las mujeres hispanas en Estados Unidos, lo que trasciende es la cuestión de la identidad, de las identidades, es decir de la circunstancia de ser una persona, y no otra, en función de aquellos rasgos, de aquellas características que nos diferencian de las demás. Alguna de las articulistas de este número, criadas y educadas en los Estados Unidos, si bien sus orígenes provenían de otro país, se sentían estadounidenses hasta que alguien les señaló su diferencia, su otredad, obligándoles, de alguna manera, a mirarse en el espejo de los rituales de sus ancestros, de sus familias, de su lengua materna, de sus rasgos físicos, de la cultura que llevaban aprehendida en su piel… obligándoles a reencontrarse con lo que ya no percibían como propio, a reconstruirse, en definitiva, dando un nuevo sentido a su existencia, afirmándose en su “ser otra” para ser ellas mismas, afirmándose en su yo para desarrollar su vida sin complejos, fortalecidas frente a ese otro que al señalarles como diferentes les excluye de la vida social o les pone la vida más difícil en el país que habita. Los testimonios de las articulistas de este número nos invitan a reflexionar sobre la esencia de la identidad, de ser otro u otra no solo porque nos sintamos de aquí o de allá sino porque el entorno nos señala la diferencia, nos marca como diferentes evaluándonos positiva o negativamente, incluyéndonos o excluyéndonos en función del modelo de poder, del arquetipo de poder dominante en la sociedad en la que nos desenvolvamos. Las mujeres, todas las mujeres, cualquiera que sea nuestro origen, nuestra procedencia, nuestra lengua, nuestra cultura, nuestro color de piel, nuestra identidad, nuestras capacidades, sabemos de eso porque el modelo de referencia, de poder, es masculino lo que supone una barrera para ser tratadas en igualdad, para tener las mismas oportunidades que nuestros homólogos varones. Pero también es cierto que las mujeres que pertenecen al grupo que detenta el poder tienen más oportunidades que aquellas otras que son señaladas por tener otra procedencia cultural, económica, social… Parece mentira que a estas alturas del siglo XXI todavía tengamos que seguir reivindicando que solo hay una raza, la raza humana, que se diversifica en multiplicidad de maneras de estar en este mundo, donde quiera que habitemos, lo que no nos hace mejores ni peores, sino distintas… Diversidad que aumenta y enriquece el crisol de culturas, que nos convierte en seres humanos más completos, más complejos, mejores, y que nos exige no solo reconocernos en nuestras diferencias sino respetarnos y aprender las unas de las otras, los unos de los otros, los unos de las otras, las otras de los unos… Sí, ya sé que el mensaje es una entelequia en la distopía que inunda este planeta, pero ¿Qué quieren? A pesar de lo visto y vivido una nunca deja de soñar aunque, a veces, al despertar una se encuentre sumergida en la pesadilla que en demasiadas ocasiones supone vivir este mundo.

 

Alicia Gil Gómez

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