Revista con la A

25 de noviembre de 2022
Número coordinado por:
Laura Alonso
84

Mujeres por la paz en tiempos de guerras

Una paz contracorriente

Laura Alonso Cano

Laura Alonso Cano

En el corazón de Europa, en La Haya de la Holanda neutral, se reúnen 1.136 mujeres. Pertenecen a doce países, beligerantes y neutrales. No tienen derecho al voto. Son sufragistas. Quieren detener la matanza que está asolando Europa

No acostumbrarse.
Sentir desasosiego, dolor ajeno amasado junto al propio.
Clamar contra el horror y el sinsentido de la guerra, de todas las guerras.
Trabajar por la paz, una paz con justicia, una paz contracorriente.

Abril de 1915.
Hace nueve meses que ha comenzado la Gran Guerra.
En el corazón de Europa, en La Haya de la Holanda neutral, se reúnen 1.136 mujeres.
Pertenecen a doce países, beligerantes y neutrales.
Viajan hasta allí afrontando grandes peligros, cruzando fronteras y trincheras, atravesando el Atlántico en un barco sin bandera, sin protección de sus países.
No tienen derecho al voto. Son sufragistas.
Quieren detener la matanza que está asolando Europa.

Mientras, algunos hombres han decidido la guerra, la financian, diseñan y fabrican armas, las acopian, las sitúan en el frente y las disparan, obligan a otros hombres a pasar hambre, a pasar frío, a tener miedo, a perder la dignidad, a quedar heridos, a violar, a perder la vida.

De ellas se esperaba que aplaudieran a sus Gobiernos, ofrecieran a sus maridos e hijos para la guerra, que llorasen al verlos partir, que esperasen hasta su regreso.

Contracorriente se sientan juntas y celebran el Primer Congreso Internacional de Mujeres. Articulan una voz nítida contra las guerras y el militarismo y por la transformación pacífica de los conflictos

Contracorriente se sientan juntas y celebran el Primer Congreso Internacional de Mujeres. Dejan a un lado las responsabilidades de cada uno de sus países en el conflicto y deliberan sobre las relaciones entre países. Articulan una voz nítida contra las guerras y el militarismo y por la transformación pacífica de los conflictos. Sientan las bases de una paz permanente: una paz desarmada y con justicia que incorpore el saber y la experiencia de las mujeres en todos los órdenes.

Como nos recuerda Concha Gaudó, “expresaron su más firme protesta contra la locura y el horror de la guerra, y urgieron a los responsables políticos para que iniciasen de inmediato conversaciones para lograr la paz”.

Inspiradas, regresan a sus ciudades.
Se reúnen con mandatarios de varios países, incluido el Papa de Roma, para presentar las veinte resoluciones acordadas en el Congreso. Exigen parar la guerra, defienden el control democrático de la Relaciones Internacionales -para evitar que las guerras atiendan a los intereses particulares de unos pocos- y claman por el desarme total y universal -señalando los beneficios privados derivados de la industria armamentística como un poderoso obstáculo para la abolición de la guerra-. Cada resolución apuntala su apuesta por la paz.

La guerra no cesa. Estados Unidos se une a la contienda y el derramamiento de sangre sigue durante otros tres años. Mueren 16 millones de combatientes y civiles.

Con el paso de los años, las guerras continúan. Las oportunidades para la paz también.

Como nos recuerda Carmen Magallón, “cuando reflexionamos sobre cómo en medio de catástrofes y problemas de todo tipo, la humanidad ha podido salir adelante, nos damos cuenta del papel jugado por la cooperación y el cuidado. Estamos en este mundo y somos lo que somos a través de la relación y el cuidado mutuo”.

Entonces ¿Cuánto tiempo más necesitaremos para abolir las guerras?

No lo sabemos, tanto como sea preciso reunir una gran mayoría, gentes que detesten y deslegitimen las violencias, cada día, todos los días.

Apunta Sonia Herrera Sánchez que “hemos perdido el consenso social sobre la paz” y que, tras sucesivas crisis globales, sufrimos un “desgaste flagrante del relato utópico, frente a una fascinación creciente por las distopías que limita nuestra disposición para imaginar futuros más habitables”.

¿Continuaremos destruyendo todo lo que nos sustenta o cambiaremos?

Actualmente se hace difícil imaginar futuros más habitables cuando nuestro mundo se encuentra en una encrucijada.  Mientras nos acercamos al punto de no retorno en la Emergencia Climática ¿continuaremos destruyendo todo lo que nos sustenta o cambiaremos?

Es un hecho que el militarismo, la industria militar y la necropolítica de las fronteras cuentan con el apoyo del sistema financiero mundial para mantener el statu quo. El concepto seguridad es sinónimo de fuerza militar para los Gobiernos y los presupuestos en defensa crecen imparables ante una opinión pública que pareciera anestesiada. Sin embargo, la pandemia de la COVID-19 ha puesto de manifiesto que la seguridad humana está más relacionada con los niveles de inversión en salud pública, derechos sociales y económicos y protección ambiental que con otras consideraciones. Como advierte Nora Miralles, “los retos que enfrentamos desde el feminismo pacifista pasan por seguir conteniendo la expansión del militarismo social, denunciando las operaciones discursivas para justificar el aumento del gasto militar en nuestros países y el envío de armas a territorios en conflicto. Pasan por confrontar a la industria de seguridad y defensa, por seguir exigiendo la reorientación del presupuesto público hacia el sostenimiento de la vida”.

Y también es preciso reconocer los avances en la buena dirección. En 2017, el Tratado de Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN) trajo un viento de esperanza cuando la gran mayoría de los estados no-nucleares del mundo, los países del Sur Global junto con el apoyo de algunos estados del Norte, optaron por apoyar la prohibición de estas armas inhumanas. Tal y como valora Maribel Hernández, “fue un logro importante tras décadas de activismo civil en pro de la abolición nuclear”. Ahora, inmersos en una amenaza nuclear creciente ¿queremos un mundo desnuclearizado? ¿Qué nos impide como pueblo ejercer nuestro derecho a lograr un planeta libre de armas nucleares? ¿por qué aún el Gobierno español no ha firmado el TPAN? ¿a qué esperamos?

Es preciso seguir imaginando contracorriente, soñando futuros más habitables inspirados también en el saber que emana de la vida y la experiencia de las mujeres

No será fácil si colectivamente no logramos un compromiso global por la paz que construyen las mujeres. Vemos instrumentos valiosos como las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Mujeres, Paz y Seguridad convertidas en estructuras patriarcales cooptadas, en lugar de ser utilizados como motores para el cambio: “en materia de paz y seguridad se han roto muchos de los consensos internacionales que fueron forjándose durante años y las normas en materias clave como los derechos humanos, la democracia, la justicia y la igualdad de género, entre otras, se están viendo cuestionadas por algunos gobiernos y actores políticos ultraconservadores”, como señala Manuela Mesa.

Como en 1915, a pesar de todo, es preciso seguir imaginando contracorriente, soñando futuros más habitables inspirados también en el saber que emana de la vida y la experiencia de las mujeres, desde la racionalidad civilizatoria del cuidado, para despertarnos siendo miles ocupando las calles y exigiendo el fin de todas las violencias y las guerras.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Laura Alonso Cano es presidenta de WILPF España. Licenciada en Ciencias Económicas. Coordinadora de proyectos en organizaciones de educación e investigación para la paz. Coautora y coordinadora de la publicación “1325 mujeres tejiendo la paz” (Icaria, 2009). Artista multidisciplinar.

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