Revista con la A

25 de septiembre de 2021
Número coordinado por:
Violeta Doval
77

Conquistas y retos de los derechos de las mujeres en los países musulmanes

Sexismo y homofobia

Estamos en 2021 y si podemos notar ciertos avances (más vale tarde que nunca…) en materia de igualdad entre mujeres y hombres, también podemos ver cómo algunas mentalidades no evolucionan.

Quiero compartir aquí lo que acaba de ocurrir en un club de rugby de mi ciudad en Francia (pero sé muy bien que no se trata de un caso aislado y veo aquí la oportunidad de denunciar lo que pasa en otros clubes y lo que sufren las jugadoras). Este ejemplo ilustra muy bien la homofobia existente en nuestras sociedades y el peso de los estereotipos de género en cuanto a los términos “feminidad” y “masculinidad”.

Vivo en una tierra de rugby, como se dice. Con la frase “tierra de rugby” hay que entender tierra de rugby masculino con el equipo de la ASM que evoluciona al mejor nivel. Al lado de este gigante del rugby, intenta sobrevivir el otro equipo de la ASM, el equipo femenino, que no tiene la misma fama que su homólogo masculino. Es importante también recordar, por ejemplo, que las jugadoras no se benefician de un estatuto de jugadoras profesionales y tienen que compaginar

una actividad profesional con el rugby, mientras los hombres practican el rugby a tiempo completo, con un estatuto de profesionales y con salarios muy ventajosos.

Hace poco, el equipo femenino sufrió varios casos de Covid-19 y esta situación desencadenó una serie de insultos sobreentendidos y escabrosos. Hubo gente preguntando a jugadoras qué pasaba en el vestuario, insultos sexistas y homófobos a través de las redes sociales en las cuentas personales de las jugadoras e incluso en la cuenta de la Federación francesa de rugby. ¿Recordamos que otros deportistas masculinos dieron también positivo a la Covid-19, y no tuvieron que hacer frente a la misma reacción…?

Desafortunadamente, no son hechos aislados que ocurren únicamente en las redes sociales. Algunas jugadoras testimonian que lo sufren incluso en su entorno amistoso, hasta tal punto que ya no se atreven a evocar su pasión en público y muchas de ellas esconden el hecho de que practiquen este deporte cuando conocen a nuevas personas. Una de ellas declaró: “muchas veces, cuando digo que practico el rugby, las personas me preguntan si soy homosexual o si ocurren cosas en las duchas. Ahora cuando conozco a una nueva persona, escondo mi práctica de este deporte para que no me cataloguen como un animal. Sólo para ser simplemente una mujer y no tener una etiqueta puesta.”

Alusiones sexuales, referencias a una supuesta homosexualidad o insultos son el cotidiano de estas mujeres y estos estereotipos o insultos engendran muchos sufrimientos. Una vez más se pone en tela de juicio el cuerpo de las mujeres y su sexualidad. Los estereotipos de género deciden lo que es la feminidad, cómo deben ser las mujeres y cómo deben comportarse para quedarse en este modelo soñado de la feminidad.

Me gustaría insistir sobre esta creencia de que al practicar un deporte colectivo y al estar todos los días juntas, las deportistas acabarían siendo lesbianas. Me planteo por qué razón no se imagina lo mismo de los hombres. ¿Por qué no se imagina ni un segundo que los jugadores de rugby podrían ser homosexuales? Al fin y al cabo, ellos también están todos los días juntos, en el terreno y en el vestuario. Y si esto es una razón suficiente para que las jugadoras sean homosexuales, debería pasar lo mismo con los hombres, ¿no?

Ilustración de un par de chicas jugando al rugby — Foto de lenmdp

Creo que la respuesta se encuentra en el hecho de que en un imaginario colectivo sexista el deporte es una práctica masculina reservada a los hombres, y con la palabra hombres, hay que entender “hombre de verdad”. Y para esta misma gente los “hombres de verdad” no pueden ser homosexuales ya que, según los estereotipos, a los homosexuales no les gusta el deporte. En cuanto a las chicas, como se considera que el deporte es algo masculino, parece lógico que las mujeres que se interesan por su práctica, se acercan entonces al género masculino y se alejan de la feminidad y de lo que se espera de ellas como mujeres. Y por eso, parece una evidencia que ellas sean lesbianas.

Jugar al rugby, posar el oval en la línea de ensayo o efectuar una transformación se hace de la misma manera seamos hombres o mujeres. Estoy convencida que para acabar con tanta homofobia y sexismo se debería romper primero con estos estereotipos de género que ponen etiquetas a las mujeres y a los hombres y que causan mucho daño cuando uno o una se aleja de la definición estereotipada que le corresponde. Y eso empieza desde la infancia dejando de burlarse de los niños que no actúan como se espera del género masculino y dejar de llamar marimachos a las niñas a quien les gusta practicar deporte.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Agathe Ripoche es titular de un máster de Estudios Hispánicos en Francia (Clermont-Ferrand) y de un máster de Igualdad de género en la universidad Complutense de Madrid. Le interesa mucho el deporte femenino. Convencida de que el deporte debe ser tanto femenino como masculino, está involucrada en este tema para que poco a poco cambien las mentalidades. Ha creado un blog, titulado Balle de sexisme, para informar y denunciar el sexismo y las discriminaciones que sufren las mujeres.

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