Revista con la A

25 de noviembre de 2022
Número coordinado por:
Laura Alonso
84

Mujeres por la paz en tiempos de guerras

¿Qué implica pensar tecnológicamente la cuestión de los cuidados?

Francisco Barrón

Francisco Barrón

Mucho del trabajo para pensar y enunciar adecuadamente la cuestión de los cuidados en las luchas de las mujeres y el pensamiento feminista, se centra en hacer valer su sentido político

Exordio

Lo que aquí se presenta es un desarrollo, por una parte, de mi participación en la sesión “Cuerpos en resistencia y tecnologías de la solidaridad” del Taller Perspectivas Críticas sobre Ciudadanía, Género, Derechos Humanos y Desarrollo Sostenible, llevado a cabo el 18 de julio de 2020, en el Museo de la mujer; y por otra parte, de mi participación en las sesiones conjuntas del Seminario Alteridad y exclusiones y del Seminario Tecnologías filosóficas llamada “La incapacidad de las narrativas filosóficas que responden a la situación del Covid”. Igualmente, esto es una muestra del trabajo que desde hace siete años realiza el Seminario Tecnologías filosóficas de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, sobre el vocabulario y concepto de tecnología.

La vida buena se juega en el mantenimiento de la vida

Quizás mucho del trabajo para pensar y enunciar adecuadamente la cuestión de los cuidados en las luchas de las mujeres y el pensamiento feminista, se centra en hacer valer su sentido político. Esta valorización política de la cuestión de los cuidados buscaría evitar la disociación de sus prácticas y sus discursos bien oportunos y eficaces en las luchas singulares de su potencial político. Esta disociación es producida ya sea amaestrando su vocabulario al volverlo tan amplio que perdería su singularidad de lucha, ya sea disolviendo su fortaleza práctica determinada hasta hacerla indistinguible de cualquier otra práctica -por ello Ana María Martínez de la Escalera ha preferido usar el término “acompañamiento”, para evitar estos efectos despolitizantes que se juegan en las prácticas y los vocabularios que pelean por los cuidados-. Eso que Walter Benjamin llamó, en su texto La obra de arte en la época de su reproducibilidad técnica,  “aplicación incontrolada”. Se desactiva su potencial político de tal modo y hasta tal punto que el término “cuidados” acaba articulándose en dispositivos que reconducen los discursos y los cuerpos de las mujeres en resistencia a funciones contra las que se luchaba -la madre que cuida a los otros, la amiga que cuida de las cercanas…-. Aquí se sostiene que esta valorización de su sentido político sólo es posible llevarla a cabo mostrando el carácter tecnológico de los cuidados. Por otro lado, lo cierto es que dar valor tecnológico a las prácticas de reproducción de los vivientes modificaría los discursos y conceptos con los que se dice y con los que se practica lo político.

Valdría la pena someter a discusión que un ejercicio político preocupado por enarbolar la protección y defensa de aquello que permite reproducir la vida

Es ya incuestionable que es una ganancia mayor, para la lucha y el pensamiento políticos, el tópico introducido por los feminismos en la forma de una discusión y valoración del trabajo de los cuidados, entendidos a grandes rasgos como todas aquellas actividades y prácticas llevadas a cabo para sustentar las condiciones de reproducción, mantenimiento y fortalecimiento de la vida, de los individuos, de la colectividad, de lo humano y de lo viviente mismo. Deriva y avatar del énfasis hecho, en las luchas de las mujeres, en lo que se ha debatido como trabajo doméstico, en lo afectivo, en lo corporal. Aquí valdría la pena someter a discusión que un ejercicio político preocupado por enarbolar la protección y defensa de aquello que permite reproducir la vida, quizás no debería centrar su atención sobre el valor económico de las labores de cuidado. Quizás le valdría discutir lo que podríamos llamar lo tecnológico como algo que constituiría la labor misma de los cuidados. Mucho más que lo económico. Se fortalecería, sostengo, de cierta manera el alcance político del tópico.

Lo que aquí se nombra como lo tecnológico se trata de una potencia de invención que configura y reconfigura los procedimientos, mecanismos, operaciones, prácticas, que articulan y rearticulan los cuerpos, las cosas y las máquinas que conforman las experiencias, las instituciones, las comunidades, los acontecimientos. Así se podría usar un vocabulario tecnológico cuando se busque describir un sistema de desigualdades y violencia, formas singulares de explotación, regímenes de sometimiento, pero también comunidades de resistencia, colectividades en lucha, determinar el sentido político de eso que parece no tenerlo, de una práctica cotidiana que se articula a una máquina de desujetación o de liberación. Atender lo tecnológico en la cuestión de los cuidados, tal como han aparecido en las luchas de las mujeres y en las discusiones feministas, permite poner en cuestión y acabar con una oposición que los enfrenta, jerarquiza y atribuye cierta valoración en relación con la acción política. Esta oposición tradicional se puede enunciar como la distinción entre la supervivencia y la vida buena. Las labores domésticas, que incluirían cuidados físicos y apoyos afectivos, alimentación, embellecimiento, limpieza y mantenimiento de la vivienda, trabajos voluntarios y creación de redes afectivas, administración de la economía del núcleo de convivencia, compras, preparación y cuidado de la ropa y el calzado, son considerados tradicionalmente como no políticos. Esta caracterización se basa en una valoración en la que se supondrían como esfuerzos irrelevantes, inútiles, rutinarios, repetitivos, naturales. Y por ello entrarían en lo que tradicionalmente se llamaría supervivencia. 

Considerar lo tecnológico de los trabajos domésticos es que anulan esa distinción entre la supervivencia y la vida buena

Superiores a estas actividades estarían, de acuerdo a esta jerarquía al uso, las políticas, cuyo sentido estaría marcado por la búsqueda de una vida mejor, una vida buena, una vida digna de ser vivida. La caracterización de esta vida buena se alejaría de las actividades repetitivas y los esfuerzos inútiles, estaría constituida por esas acciones que conformarían a los individuos y configurarían las relaciones de la colectividad -barrer la calle no supondría una actividad política, acompañar afectivamente a una vecina no reportaría un carácter de acontecimiento-. Así, se trataría de una actividad relevante políticamente un discurso o una acción que determinará el juicio o el hábito de las comunidades. Se trata de un poder de invención y de acontecimiento que se concebiría alejado y ajeno a las labores domésticas. Lo interesante de considerar lo tecnológico de los trabajos domésticos es que anulan esa distinción entre la supervivencia y la vida buena. Las luchas políticas de las mujeres muestran que en la supervivencia se juega la vida buena, que es posible concebir como político las labores de mantenimiento de los cuerpos. Esto puede enunciarse de mejor manera concibiendo lo tecnológico en la labor de cuidado. El pensamiento interesado por lo tecnológico, al desarticular la distinción jerárquica entre lo productivo y lo reproductivo, sostendría que todo acontecimiento y toda acción políticos se configuran de manera repetitiva.

Esto es ostensible en el discurso que la filósofa alemana Hannah Arendt pone en operación en su obra La condición humana. El libro emprende una genealogía y tipología de las prácticas humanas en la modernidad. Arendt las caracteriza como labor, trabajo y acción. La labor es el ámbito de toda práctica determinada por la supervivencia corporal, la actividad correspondiente al proceso biológico del cuerpo humano, cuyo espontáneo crecimiento, metabolismo y decadencia final están ligados a las necesidades vitales producidas y alimentadas por la labor en el proceso de la vida.(p. 50) El trabajo se trata de las prácticas de construcción de un mundo de cosas en el que perdura lo humano. La acción se puede concebir como el ejercicio de la vida política: prácticas nuevas, singulares y azarosas que producen relaciones entre los seres humanos. Pero lo que le interesa realmente a Arendt es que la aparición de la tecnología moderna sería un acontecimiento mayor en la historia de la humanidad pues alteraría y modificaría los ámbitos de la labor, el trabajo y la acción. Una de las consecuencias es que, para Arendt, la tecnología haría que la reproducción de la vida se constituyera como una cuestión política de primera importancia.

El pensamiento interesado por la potencia de lo tecnológico fortalecería las luchas de las mujeres interesadas en hacer valer el cuidado de las condiciones de reproducción de la vida. En este sentido, los cuidados no se tratan de acciones aisladas y deshilavanadas sin ton ni son que ayudarían a preservar apenas a los vivientes con vida. Se trata de procedimientos, mecanismos, operaciones, prácticas, que articulan y rearticulan los cuerpos, las cosas y las máquinas. Configuran una articulación de cuerpos, cosas y máquinas que funciona manteniendo a los vivientes con vida. Esa es su potencia política.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Francisco Barrón es Filósofo de la Tecnología. Humanista digital. Profesor de asignatura en la UNAM. Desde hace más de 20 años participa en el Seminario Alteridades y exclusiones (http://ae.filos.unam.mx/, http://vae.filos.unam.mx/). Coordina el proyecto de Investigación Seminario Tecnologías Filosóficas (http://stf.filos.unam.mx/). Sus líneas de trabajo son las relaciones entre tecnología, cuerpo y política, y los problemas especulativos de la filosofía de la tecnología, del lenguaje y la estética.

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