Revista con la A

22 de septiembre de 2022
Número coordinado por:
Lucía Melgar
83

Exiliadas españolas en América Latina

No miren arriba


Se ha vuelto más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.

Frederic Jameson

Una de las recientes películas producidas y distribuidas por Netflix No miren arriba (Don’t Look Up), escrita y dirigida por Adam McKay sobre una historia de David Sirota, ha causado una ola de controvertidas opiniones, tanto a favor como en contra, respecto de esta nueva versión del fin del mundo.

No se preocupen que no encontrarán aquí ningún detalle que les impida ver y disfrutar la película. Ésta cuenta con un elenco de estrellas famosas de Hollywood. Encabezando la lista están Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence, Cate Blanchett, Timothée Chalamet, Meryl Streep, Ariana Grande, junto a varios otros nombres de figuras conocidas de la farándula. Sin duda que ese casting ha sido el primer gancho de atracción para una amplia población de espectadores.

Como otras ficciones similares, todo inicia con el descubrimiento de una fatalidad, en este caso un cometa que va directamente hacia el planeta Tierra. Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence) es una candidata a doctora en astronomía que está haciendo su investigación en un telescopio espacial bajo la supervisión del doctor Randall Mindy (Leonardo DiCaprio). Al descubrir el cometa, que es bautizado con el nombre de Dibiasky, las celebraciones dan pronto paso al pánico y la angustia cuando los cálculos confirman que el cometa está acercándose y que en poco más de seis meses y medio impactará directamente en el planeta Tierra. Es entonces que Dibiasky y Mindy buscan difundir la noticia entre los especialistas y el gobierno para buscar una solución, esa es la esperanza, a la inminente destrucción de toda la vida existente conocida. Es entonces que una serie de ocurrencias se sucederán transformando una catástrofe en excusa para que las grandes empresas aumenten sus ganancias, los gobiernos mediocres ganen más votantes y la ignorancia de la población sobre la verdad de los hechos y sus consecuencias se extienda a escala mundial.

Quienes parten de la premisa de que el descubrimiento del cometa es falso, proponen la película como una sátira ridícula, pero para quienes no hay duda de que las observaciones y cálculos son correctos, los cuales además son pronto corroborados por diferentes instituciones académicas y científicas, entonces, como dice el slogan de la película, “se trata de verdaderos posibles eventos”.

Lo que es diferente en No miren arriba es que no será Estados Unidos quien intente salvar al mundo, por el contrario, contribuirá a acentuar la catástrofe que en realidad no es vista como tal, ya que desde el primer momento la postura oficial es “aquí no pasa nada”, de ahí se deriva el título, el cual invita a no mirar hacia el cielo porque “no hay nada que ver”. Dicho esto, es claro que la ficcionalidad de un cometa acercándose a nuestro planeta es una metáfora de otros hechos científicamente comprobados que tampoco han recibido la atención debida del gobierno de la primera potencia mundial: el calentamiento global y la catástrofe climática. Inspirada en anteriores gobiernos mundialmente conocidos por sus exabruptos e insensatez frente a evidencias y problemas claros, la película se vuelve una suerte de proyección de lo que hubiera ocurrido con el planeta en caso de que una situación de emergencia se hubiera presentado años atrás, cuando se encontraba en el gobierno cierto presidente al que no es necesario nombrar.

Como lo dice el epígrafe incluido líneas arriba, la película muestra extensamente la postura más radical y absurda a la que el capitalismo puede llegar en aras de beneficiar a unos pocos a costa de sacrificar al mundo entero. La ignorancia y las situaciones kafkianas están a la orden del día en las dos horas y veinticinco minutos que dura la película. El director McKay juega precisamente con la conciencia del espectador de que eso que en la pantalla se ve absurdo e invita a la carcajada pudo haber sido realidad, lo que provoca escalofríos. De este modo, No miren arriba nos muestra una nueva faceta del gobierno de los Estados Unidos, no una coherente y ecuánime, heroica y solidaria, a la que nos tienen tan acostumbrados las producciones de Hollywood, sino una absurda, ridícula, patética y egoísta. Eso de por sí ya merece un alabo.

Tal vez lo más desconcertante es el hecho de que la situación de la pandemia del Covid-19 ya ha instalado una vivencia de fin de mundo en nuestra vida cotidiana, que se acentúa en la película ante la constatación de que no hay soluciones claras a un problema concreto y de que el tiempo simplemente pasa acercando la guillotina de la extinción sobre nuestro querido planeta azul.

Lo desalentador es que la breve e ineficiente resistencia al orden de cosas imperante se ve truncada por el hecho natural de la presencia del cometa, sin articular un verdadero discurso de oposición al capitalismo, que se consagra en su obstinación hasta el punto de la muerte.

Varios de los actores presentes en la película han venido destacándose por su activismo en favor de una transformación que garantice la continuación de la vida en el planeta. Por ejemplo, Leonardo DiCaprio se declara ecologista y ha producido películas que tienen como objetivo crear conciencia en la población y sus hábitos dañinos. Igualmente, otros actores del elenco son también activistas en favor de la vida salvaje, la ecología y sobre todo la necesidad de hacer cambios para evitar la catástrofe ambiental. Por ello, estoy llevada a pensar que este proyecto conjuga sus dotes actorales, así como su figura mediática con ese fin, el que la población tome conciencia, a través de esta ficción, que dejar la política en manos de quienes en aras de hacerse más ricos son capaces de condenar a la extinción a la población entera, no es una exageración sino una realidad que bien podría estar esperándonos a la vuelta de la esquina.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Bethsabé Huamán Andía es crítica de cine y crítica literaria. Escritora, Feminista y pescetariana. Licenciada en Literatura, magister en Estudios de Género y Doctora en Literatura.

 

 

 

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