Revista con la A

25 de noviembre de 2018
Número coordinado por:
Lucía Melgar y Alicia Gil
60

Acoso, abusos sexuales y violación

Máxima Acuña: por la tierra, por el agua, por la vida

Máxima Acuña

Máxima Acuña es hoy en día una de las defensoras ambientalistas más importantes del mundo, desde su sencilla rutina de pastar animales y labrar su tierra en las alturas, ella es una luchadora que no se amedrenta ante el enemigo por más que parezca invencible

En una sociedad con un profundo racismo como el Perú, heredero de siglos de colonialismo que confinaron a la marginación a las poblaciones indígenas, sus saberes ancestrales, sus lenguas, sus creencias, su respeto y convivencia armónica con la naturaleza, ¿hasta dónde se puede llegar sin saber leer o escribir, sin hablar el castellano?

Sí, en efecto, es limitado lo que siendo analfabeto se puede lograr en la ciudad letrada (1984), como bien la definió el pensador uruguayo Ángel Rama (1926-1983) para referirse a las repúblicas latinoamericanas que se formaron al término de la Colonia, marginando la oralidad que es el medio de expresión, comunicación y conocimiento utilizado por las culturas indígenas. En la ciudad, especialmente cuando se trata de demandar o solicitar algo, todo se hace mediante escritos, documentos, firmas y la asistencia de los hombres de letras: abogados, notarios, escribanos.

En múltiples ocasiones se ha demostrado el modo en que la sociedad peruana y especialmente la sociedad limeña capitalina, desprecia el habla “imperfecta”, el habla mestiza, mezcla de castellano y quechua, de las poblaciones indígenas que aprendieron a hablar la lengua del dominador por necesidad antes que por convicción. Las expresiones, “cholos”, “indios”, son formas peyorativas de nombrar a las poblaciones indígenas, que son en su mayoría campesinos y campesinas, quienes han conservado la fertilidad de nuestras tierras, el capital agroecológico heredado de las culturas prehispánicas, sus tecnologías para hacer producir las montañas, a diferentes alturas, en distintos pisos ecológicos. Producto de ese cuidado, de esa labor, de ese cariño, es que el Perú goza de una variedad de alimentos, rico en cereales, frutas, más de dos mil tipos de papas, maíces grandes, productos oriundos como el olluco, el zapallo, la lúcuma, la base de la culinaria que hoy es reconocida como una de las mejores del mundo. Y sin embargo, la labor de esos campesinos, de esas campesinas, es despreciada, abandonándoles a su suerte frente a desastres naturales como huaycos, terremotos, sequías, heladas, o desastres económicos como la inflación, la expropiación de tierras, la prepotencia del poder neoliberal.

De esa realidad racista y machista, surge una mujer que no busca la violencia, aunque ésta se ejerce sobre ella diariamente

En ese escenario realmente desalentador, que casi veinte años antes fue caldo de cultivo de la guerra interna (1980-2000), una de las guerras más devastadoras que ha vivido el Perú en su vida republicana; de esa realidad racista y machista, surge una mujer que no busca la violencia, aunque ésta se ejerce sobre ella diariamente; que no busca el enriquecimiento, aunque dicen que bajo sus tierras descansan yacimientos de oro; que no busca más que una vida tranquila en el silencio de los cerros y el canto de los lagos, en las alturas de Cajamarca, al noreste del Perú. Esta mujer en apariencia pequeña y frágil se ha enfrentado a dos monstruos colosales, la Newmont Mining Corporation y la Compañía de Minas Buenaventura, que con la complicidad del Estado peruano pretendían iniciar el proyecto Conga.

Estas empresas mineras hace varios años que explotan el yacimiento a cielo abierto Yanacocha, el más grande de América Latina, con tremendos y terribles impactos en la ecología de la región, pero considerada una de las minas más rentables del mundo. Me pregunto ¿han contabilizado el daño al medioambiente?, ¿han contabilizado a los miles de personas afectadas que ya no tienen agua para labrar sus tierras o que padecen enfermedades?, ¿han contabilizado la fauna y la flora que ha desaparecido?, ¿han contabilizado el paso de una tierra fértil a un árido desierto muerto? El neoliberalismo sigue imponiendo la idea de que la minería es rentable, pero lo que esos números esconden es el profundo desprecio que las élites con poder tienen de la naturaleza, de la población indígena, de la vida en general. No se trata que les paguen más, ¡no!, se trata de que entiendan que la vida es más importante que el dinero. La minería no es rentable, es asesina, es indiferente, es destructiva.

Los territorios concedidos para el proyecto Conga son especialmente problemáticos porque se encuentran en la cabeza de un entramado acuífero, de ríos y lagos, que alimenta a todo el departamento de Cajamarca y que afectaría no sólo a las familias campesinas, sino al abastecimiento del agua en la región y sin duda también en las regiones aledañas, y a la larga el país entero. Por defender su tierra, Máxima Acuña ha sido acusada de terrorista, como el gobierno nombra a cualquiera que se oponga a sus designios, para ganarse el rechazo de una población ignorante y desinformada por los medios de comunicación vendidos a los intereses de los grandes capitales. Máxima Acuña ha sido acusada de engañar a Yanacocha (como coloquialmente se le nombra al consorcio minero), habiéndole vendido un terreno que ahora niega haber dado. La realidad es que ese es el argumento que Yanacocha ha esgrimido contra Máxima Acuña, intentando usurpar las tierras que ella con tanto esfuerzo compró y cultivó por más de veinte años. Sin embargo, Yanacocha no ha podido demostrar con documentos que esa venta se realizó y que el terreno es suyo, a diferencia de Máxima Acuña que tiene el título de propiedad y que aún sin saber leer entiende perfectamente de la importancia de ese papel. Los territorios de Máxima son indispensables para el proyecto Conga porque ahí es donde deben construirse las pozas requeridas para iniciar la excavación, así que el proyecto ha tenido que cancelarse, esperamos que de manera definitiva. Esto ha sido posible por la labor de Máxima y por el apoyo de la población cajamarquina, con el triste saldo de algunas muertes, en defensa de la subsistencia, el futuro, bajo el lema: “oro no, agua sí”.

La población de Cajamarca, del Perú y hasta del mundo entero ha dado su respaldo a Máxima Acuña y a su familia, su esposo y sus hijas, quienes están imposibilitados de salir de sus tierras dado que la policía y la seguridad privada de la minera está al acecho, dispuestas a ingresar a sus terrenos a la menor oportunidad, ejerciendo la intimidación y la violencia, ya en varias oportunidades, aun cuando hay sentencias que le dan la razón a Máxima. La minera ha cercado sus terrenos, dejándola aislada, sin salida o entrada que no pase por lo que ya está en posesión del proyecto Conga, buscando cualquier escaramuza para hacer desistir a Máxima de su lucha. Con su sombrero de ala ancha, su camisa rosada, su chompa verde, su pollera roja, ella se acerca a recibir el Premio Medioambiental Goldman, en abril del 2016, y canta:

Yo defiendo la tierra, defiendo el agua, porque eso es vida

Yo soy una jalqueñita, que vivo en las cordilleras, pasteando mis ovejas, en neblina y aguacero, cuando mi perro ladraba, la policía llegaba, mis chocitas lo quemaron, mis cositas lo llevaron, comidita no comía, sólo agüita yo tomaba, camita yo no tenía, con pajita me abrigaba, por defender mis lagunas, la vida quisieron quitarme, ingenieros, seguridas, me robaron mis ovejas, caldo de cabeza tomaron, en el campamento de Conga, si con esto adiós adiós, hermosísimo laurel, tú te quedas en tu casa, yo me voy a padecer.

Su canción explica claramente las formas de violencia que se han ejercido contra ella, pero también su fortaleza, su valentía. Después de cantar añade: “Yo defiendo la tierra, defiendo el agua, porque eso es vida”. Su lógica es simple y es inapelable, no hay manera de sobrevivir sin agua y por eso, por el agua es indispensable ofrecer la vida.

Esta mujer de contextura pequeña, iletrada, le ha ganado una batalla inmensa a los poderes del mundo entero. Máxima Acuña es hoy en día una de las defensoras ambientalistas más importantes del mundo, desde su sencilla rutina de pastar animales y labrar su tierra en las alturas, ella es una luchadora que no se amedrenta ante el enemigo por más que parezca invencible. Máxima es motivo de orgullo para todos los peruanos y peruanas que creemos que la convivencia pacífica con la naturaleza es posible, para quienes otorgamos valor y saber al mundo natural que está a nuestro alrededor. No se me ocurre otro ejemplo de una mujer que ha logrado tanto, teniendo tan poco, que ha inspirado tanto, con sus palabras simples, que ha superado dificultades y obstáculos enormes, sólo con su determinación y su coraje; demostrado que la voluntad, la convicción y la entereza son suficientes para mover montañas o para evitar que las destruyan.

 

Enlaces:

– Máxima Acuña en Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Máxima_Acuña

– Entrega del Premio Medioambiental Goldman a Máxima Acuña, abril 2016. https://youtu.be/MSrzroFceh8

– Un resumen del caso Conga. https://youtu.be/t0Cf1WclOrk

– Hija de la laguna. http://hijadelalaguna.pe

– Las damas azules. https://youtu.be/REf3LIo7MvE

 

REFERENCIA CURRICULAR

Bethsabé Huamán Andía es Crítica de cine y crítica literaria. Escritora y Feminista. Licenciada en literatura, magister en estudios de género y estudiante del programa de doctorado en español y portugués en la Universidad de Tulane, Nueva Orleans.

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