Revista con la A

25 de septiembre de 2020
Número coordinado por:
Bethsabé Huamán y R. E. Toledo
71

Hispanas en Estados Unidos

Los monstruos no existen

Sarah Abitbol

La patinadora Sarah Abitbol

“Los monstruos no existen. Son nuestra sociedad, nosotros, nuestros amigos, nuestros padres”.

Con esta frase, Adèle Haenel, actriz francesa que denunció hace poco a un director de cine de acoso sexual mientras ella era menor de edad, quería recordar que los violadores son personas que frecuentamos a diario y no monstruos imaginarios.

Si empiezo mi artículo de hoy con esta frase es porque comparto sus palabras y porque tuvieron también una resonancia muy particular en el ámbito del deporte después de la publicación del libro de una ex patinadora.

En este libro, la deportista Sarah Abitbol denuncia las violaciones y agresiones sexuales de su ex entrenador (Gilles Beyer) mientras tenía ella 15 años, entre 1990 y 1992. Y Gilles Beyer no es un monstruo. Sólo un hombre como tantos otros: un hijo, un marido, un padre, un vecino, un amigo, un entrenador…

Esta denuncia provocó un seísmo en el mundo del patinaje y, gracias a este primer testimonio, otras patinadoras denunciaron al mismo entrenador. Las primeras preguntas fueron intentar saber si la federación francesa de patinaje tenía conocimiento de estos hechos… La realidad es glacial porque se reveló que, en el año 2000, el presidente de la federación, Didier Gailhaguet, había pedido a la inspección general del ministerio de los deportes un informe sobre este entrenador.  A pesar de resultar un informe muy desfavorable, el presidente no lo descartó y guardó silencio. Cuando salieron a la luz estas declaraciones, Didier Gailhaguet se defendió y se negó a reconocer que estaba al tanto de tales acusaciones. Pero bajo la presión mediática y, sobre todo, la del ministerio de los deportes, tuvo que dimitir de sus funciones en el seno de la federación, el pasado 8 de febrero. En cuanto al entrenador acusado reconoció que tuvo “relaciones inapropiadas” con la atleta pero el delito prescribió.

Las acusaciones de Sarah Abitbol y luego de Hélène Godard, que tenía entre 13 y 14 años cuando Gilles Beyer abusó sexualmente de ella, permitieron una liberación de la palabra y otras patinadoras e incluso entrenadores declararon en contra de él. Pudimos ver cómo existían muchas personas que tenían sospechas, que notaban actitudes raras, pero que al final nunca se atrevieron a hablar. También, quiero mencionar aquí al testimonio de un ex-entrenador, que trabajó junto a Gilles Beyer, y que tuvo también a Sarah Abitbol como alumna. En esa época, escuchaba “rumores” pero nunca vio nada concreto como para atreverse a denunciarle. Incluso una noche escuchó ruidos en el dormitorio de las chicas y vio a una sombra masculina, bastante alta, salir de un dormitorio a toda velocidad. Corrió detrás de él pero se escapó y a la mañana siguiente se lo comentó al entrenador… Gilles Beyer. Hoy en día, saliendo a la luz las acusaciones de las ex-patinadoras, todavía se pregunta sobre la identidad de aquel hombre…

Este triste ejemplo es una muestra muy fuerte del síntoma que sufre nuestra sociedad:  miedo a hablar, miedo a denunciar. Y eso, ¿por qué? Porque los culpables siguen beneficiándose de impunidad. “¿Cómo lo vamos a denunciar si no estamos seguros? Es imposible, es un buen entrenador, buen esposo y buen padre. Las chicas no saben qué inventar para que hablemos de ellas, etc.” Estas frases son todas típicas excusas que se pueden escuchar por parte de quienes sabían pero preferían hacer como si nada. “Si no es cierto, le vamos a destrozar su vida…” Pero nadie piensa en las vidas destruidas de esas chicas y de las que se encontrarán a este agresor en su camino.

Más allá del patinaje, estos testimonios han permitido también romper con unos silencios en otras prácticas deportivas. Y, como siempre, había sospechas pero nadie hablaba. Las víctimas son chicas (y chicos también) menores de edad, no entienden cómo les pudo pasar aquello por parte de un hombre al que tenían mucho respeto y admiración. Por supuesto, este hombre no es un monstruo pues es un hijo, un marido, un padre, un vecino, un amigo, … No hace falta obviar que, en la mayoría de los casos de agresiones sexuales, los agresores son familiares de las víctimas. En comparación, las agresiones por parte de desconocidos son minorías.

Las víctimas tienen miedo. Y ¿cómo no podrían tener miedo si, además del trauma que han sufrido, la sociedad y la justicia no están de su lado ? Las mujeres sufren ataques, humillaciones y se desacreditan sus palabras ¡No se las cree ! Vivimos en una sociedad patriarcal que prefiere proteger a los culpables en lugar de escuchar y proteger a las víctimas.

Pancarta

© Balle de sexisme Foto sacada en una manifestación del 8 de marzo en Francia.

Para ilustrar otra vez más mi propósito de denunciar la impunidad hacia los violadores, me alejaré del tema del deporte para terminar con el ejemplo de lo que pasó en Francia en la ceremonia de los César 2020, cuando se entregó el César del mejor director de película a Roman Polanski. En vez de dejar a este violador caer en el olvido, la academia del cine lo promueve y lo recompensa. Y muchas personas (hombres y mujeres) lo siguen defendiendo y preconizan la presunción de inocencia. Al ser un hombre mayor, blanco, rico y famoso, parece beneficiarse de una impunidad total y se culpan a las víctimas acusándolas de difamación con la única meta de obtener dinero. Al escuchar que se entregaba al premio a Roman Polanski, varias personalidades se levantaron y se fueron de la ceremonia antes del final (Adèle Haenel, Noémie Merlant, Céline Sciamma, Florence Foresti, Leïla Slimani…). La nominación de Polanski era ya muy indecente pero que obtuviera una recompensa personal (la de mejor director) fue, y sigue siendo, una vergüenza total y un insulto a todas las víctimas.

En respuesta a todo lo que pasó, la escritora Virginie Despentes publicó una tribuna donde terminó con estas palabras (¡que ya se han convertido en un grito feminista!) :

“Nos levantamos y nos vamos. Se acabó. Nos levantamos. Nos vamos. Gritamos. Al diablo.”

 

NOTAS :

[1] Para recordar los hechos, hace cuarenta años, Roman Polanski fue condenado por la justicia americana por haber drogado y violado a una adolescente de 13 años. Huyó de Estados-Unidos y nunca cumplió su pena. Desde entonces, doce mujeres lo acusaron también de agresiones sexuales.
[2] La actriz Charlotte Lewis que sufrió una violación y que acusó a Roman Polanski se arrepiente ahora de su denuncia porque todo lo que pasó después le arruinó su vida. Pasó de ser víctima a culpable por querer destruir la carrera de Roman Polanski.
[3] Integralidad de la tribuna : http://www.mujeresenred.net/spip.php?article2362

 

REFERENCIA CURRICULAR

Agathe Ripoche es titular de un máster de Estudios Hispánicos en Francia (Clermont-Ferrand) y de un máster de Igualdad de género en la universidad Complutense de Madrid. Le interesa mucho el deporte femenino. Convencida de que el deporte debe ser tanto femenino como masculino, está involucrada en este tema para que poco a poco cambien las mentalidades. Ha creado un blog, titulado Balle de sexisme, para informar y denunciar el sexismo y las discriminaciones que sufren las mujeres.

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