Revista con la A

25 de marzo de 2022
Número coordinado por:
Lucía Melgar, Bethsabé Huamán y Alicia Gil
80

Con la A cumple 10 años: reflexiones en torno a una década feminista

Los cambios políticos en el Perú: la elección de Pedro Castillo y cómo ésta afecta a las mujeres

Bethsabé Andía

En el Bicentenario de nuestra Independencia, reivindicamos los aportes de las mujeres a la independencia y a la defensa de la nación, por lo que no podemos retroceder en los espacios que tanto nos costó conquistar

El pasado domingo 4 de abril 2021, se realizaron las elecciones presidenciales en el Perú. En dicha ocasión fueron 18 los candidatos, generando -como era de suponer, una alta dispersión del voto (ver foto).

Seis fueron los candidatos con posibilidades de pasar a la segunda vuelta. Yonhy Lescano, por el partido Acción Popular -partido de larga data, uno de los pocos que aún mantiene su inscripción-, candidato a quien podríamos ubicar políticamente en el centro. Los otros cuatro candidatos estaban en representación de las diversas caras del fujimorismo; el economista neoliberal Hernando de Soto, el exfutbolista de centroderecha George Forsyth, el ultraderechista Rafael López Aliaga y  la procesada por delitos de corrupción -pese a ello logró inscribir su candidatura- Keiko Fujimori, hija del dictador Alberto Fujimori, quien cumple una condena de 25 años de prisión por los delitos de corrupción y graves violaciones a los derechos humanos, entre ellos, homicidio calificado, desaparición forzada, tortura y secuestro agravado. La sexta candidata, Verónika Mendoza, del partido Juntos por el Perú, representaba la izquierda peruana.

Ningún candidato pudo acercarse siquiera al 25% de los votos válidos, por lo que los dos candidatos más votados pasaron a la segunda vuelta. Sorprendió a todo el mundo que quien obtuvo el mayor porcentaje de votación, en la primera vuelta, fuera el profesor rural Pedro Castillo, con el 19,1 % de los votos, en representación, de la hasta ese momento desconocida agrupación política, Perú Libre (PL); en segundo lugar quedó Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, con el 13,3 % de los votos. Como se aprecia, Pedro Castillo no estaba entre los seis candidatos que, según las encuestas y la opinión pública, tenían opciones de avanzar en la contienda electoral.

Pedro Castillo y Keiko Fujimori son políticamente opuestos, pese a ello comparten puntos de coincidencia. Castillo es un maestro rural, sindicalista, de izquierda, que aboga por un Estado fuerte, y el fin de los monopolios empresariales. Castillo además plantea una nueva Constitución, mediante la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Por otro lado, Fujimori representa la herencia de las políticas de su padre, reivindica el modelo económico neoliberal y la Constitución de 1993, redactada bajo el mandato de su padre, luego del autogolpe del 5 de abril del año 1992, constitución que además permitió su reelección presidencial. Sin embargo, cabe mencionar que, pese a las opuestas posiciones políticas, ambos coinciden en rechazar las políticas con perspectiva de género, las políticas proderechos reproductivos, y ambos desconocen los derechos de la comunidad LGTBI. 

Pese a las opuestas posiciones políticas, Castillo y Fujimori coinciden en rechazar las políticas con perspectiva de género, las políticas proderechos reproductivos, y ambos desconocen los derechos de la comunidad LGTBI

A pesar de que ninguno de los candidatos las representaba, el movimiento de mujeres supo distinguir entre lo vivido en la década del fujimorismo 1990-2000 (esterilizaciones forzadas, leyes de flexibilización laboral, desaparición de las salas cuna, disminución de las condiciones para el ejercicio de derechos), y lo que podría darse en un posible gobierno de Castillo. Pese a su conservadurismo, con Castillo cabía la posibilidad de crear las condiciones para la defensa de sus derechos pues tenía aliados que apostaban por el respeto a los derechos de las mujeres y la población LGTBI. Por lo tanto, ambos grupos decidieron otorgar su apoyo crítico al candidato Castillo.

En ese contexto, la campaña electoral de la segunda vuelta fue evidentemente polarizada, Castillo tuvo el apoyo mayoritario del centro y el sur del país, donde están la mayoría de poblaciones indígenas -históricamente olvidadas-, aglutinando también el voto antifujimorista. Por su parte Fujimori, obtuvo el apoyo de su filón electoral en Lima, es decir los votos cautivos que provienen de ciertas zonas que siempre votan por ella, y ciudades de la costa del país típicamente de derecha. La campaña de Fujimori recurrió al viejo eslogan de «comunismo o libertad», apelando al terruqueo [1] y la ya repetida estrategia de la extrema derecha de homologar toda opción cercana a la izquierda con la situación de Venezuela, difundiendo en carteles, banners y anuncios televisivos que la victoria de Castillo convertiría al Perú en una nueva Venezuela.

El domingo 6 de junio, en la segunda vuelta electoral, los resultados fueron muy ajustados, ganando finalmente el profesor Pedro Castillo, con una ventaja de apenas 44.263 votos, es decir 8.836.380 votos contra los 8.792.117 obtenidos por Keiko Fujimori. La victoria de Castillo, aunque mínima es significativa si se considera la millonaria campaña mediática de su contrincante, que incluía a medios de prensa, a los líderes de opinión, incluso a dirigentes de la oposición venezolana, que con el apoyo del partido aprista peruano (APRA), hicieron una descarada campaña en favor de la candidata de la derecha. Fue así como Keiko Fujimori sumó su tercera derrota electoral.

Fujimori acusó a los partidarios de Castillo de alterar las actas en todo el país. La disputa llevó a las calles -en diversas regiones- a miles de simpatizantes de ambos candidatos, en un duelo de protestas. Cerca de las instalaciones del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), muchos de los partidarios del profesor Castillo, provenientes de las diversas regiones rurales, acamparon en las calles, esperando su proclamación oficial como ganador del proceso electoral, y su reconocimiento como el nuevo presidente del Perú, el primer presidente izquierdista del Perú.

Luego de varias semanas de impugnaciones y de batallas legales, el 19 de julio, el JNE declaró ganador a Pedro Castillo como el legítimo presidente electo del Perú. La victoria de Castillo, pese a haberse producido por un margen tan estrecho y sin mayores recursos económicos, logró enfrentar a la maquinaria fujimorista, que contó con los más “importantes” estudios de abogados de Lima, vinculados a las grandes empresas y a los medios de comunicación al servicio de los intereses privados.

El primer gabinete del presidente Pedro Castillo, solo incluyó a dos mujeres (11%) de un total de dieciocho ministros, lo cual marca el punto más bajo de representación de mujeres en el Ejecutivo en dos décadas. A diferencia de su antecesor, el expresidente Francisco Sagasti, que contó con el 42 % de mujeres, es decir ocho ministras. Cabe aclarar que Sagasti llegó a la presidencia por sucesión constitucional y no por elecciones.

Las dos únicas ministras que conforman el primer gabinete de Castillo pertenecen al Ministerio de la Mujer y al Ministerio de Inclusión Social

Las dos únicas ministras que conforman el primer gabinete de Castillo pertenecen al Ministerio de la Mujer y al Ministerio de Inclusión Social, ambas carteras relacionadas con el cuidado de poblaciones vulnerables, sectores asociados a los roles tradicionales asignados a las mujeres. Resulta extremadamente preocupante que en el mismo primer gabinete algunos ministros hayan sido denunciados por violencia familiar. 

Si bien puede ser contradictorio que un gobierno de izquierda, que pretende hacer cambios en favor de la población, retroceda en espacios ya ganados, esto guarda relación con la forma de entender la lucha por los derechos de las mujeres, lo que se manifiesta en el programa e ideario del partido del gobierno. En Perú Libre, se cuestiona la cultura machista de nuestra sociedad partiendo de la idea de que “el problema de la libertad de la mujer no radica en la diferencia sexual, sino en el modelo social al que pertenece” [2]. Se trata de conceptos superados por feministas como Silvia Federici, quien va más allá de la tradición de izquierda, la cual se queda en la transformación de la producción de mercancías y bienes. A este respecto, dice Raquel Contreras en su presentación del libro de Federici, que la reproducción social se refiere a los múltiples espacios donde se producen y reproducen los alimentos, donde se cuida, se capta y se usa el agua, donde se genera y se gestiona la vida cotidiana, se crían las nuevas generaciones y se dota de sentido a la existencia [3].

Pensar que lo opuesto al machismo es el feminismo, implica un preocupante nivel de ignorancia, al no ser términos equiparables

Asimismo, en el ideario de Perú Libre, se plantea que no se puede lograr la igualdad de la mujer sin transformar el modo de producción de una sociedad [4]. Y se añade como elemento vital de la transformación social (…) iniciar un proceso de despatriarcalización (…) desterrando el machismo, sin que esto signifique instalar su extremo contrario, el feminismo[5].  Pensar que lo opuesto al machismo es el feminismo, implica un preocupante nivel de ignorancia, al no ser términos equiparables (el feminismo busca la igualdad entre hombres y mujeres y el machismo es la opresión y subordinación de la mujer al varón). Esto evidencia que tanto Pedro Castillo como su partido Perú Libre no entienden que el feminismo radicaliza y da sostenibilidad al cambio, dado que plantea la construcción de una sociedad alternativa, basada en la reapropiación-regeneración de las condiciones materiales y simbólicas que garanticen la reproducción social [6].

En el Bicentenario de nuestra Independencia, reivindicamos los aportes de las mujeres a la independencia y a la defensa de la nación, por lo que no podemos retroceder en los espacios que tanto nos costó conquistar. Por ello, si bien los movimientos de mujeres apoyaron a Castillo, le toca ahora a Castillo devolver ese gesto de confianza con un radical cambio de postura, que se abra a los derechos de las mujeres, porque los cambios se harán con las mujeres o no habrá revolución.

 

NOTAS

[1] Consiste en acusar a alguien de «terruco» insinuando que simpatiza con los grupos armados que operaron en Perú, como Sendero Luminoso. Se utiliza como estigmatización política, para demonizar a aquellos que tienen ideas afines a la izquierda o progresistas, o a cualquiera que cuestione de alguna manera el statu quo.

[2] Cerrón, Vladimir, (2020). Ideario y Programa Perú Libre. Huancayo: Perú Libre. p.55

[3] Federici, Silvia, (2013). La revolución feminista inacabada. Mujeres, reproducción social y lucha por lo común. Primera edición. México: Escuela Calpulli. p.10

[4] Cerrón, Vladimir, (2020). Ideario y Programa Perú Libre. Huancayo: Perú Libre. p.55

[5] Idem.

[6] Federici, Silvia, (2013). La revolución feminista inacabada. Mujeres, reproducción social y lucha por lo común. Primera edición. México: Escuela Calpulli. p.9

 

REFERENCIA CURRICULAR

Bethsabé Andía Pérez es economista graduada de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos – UNMSM, con Maestría en Administración por la Escuela de Administración de Negocios para Graduados – ESAN y egresada de la Maestría en Políticas Sociales con mención en género, población y desarrollo de la UNMSM. Tiene una larga trayectoria como activista feminista y más de 20 años de experiencia en instituciones sin fines de lucro, impulsando los derechos de la mujer. Fundadora de la Asociación Aurora Vivar y del Instituto Runa de Desarrollo y Estudios de Género. Ha sido Coordinadora de Programas de ONU Mujeres en el Perú y consultora a nivel nacional e internacional en temas de presupuestos públicos sensibles al  género y políticas de transversalización del enfoque de género.

 

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