Revista con la A

25 de septiembre de 2020
Número coordinado por:
Bethsabé Huamán y R. E. Toledo
71

Hispanas en Estados Unidos

La nueva normalidad mira hacia las zonas rurales

Ante el temor de que el coronavirus siga dando dentelladas a nuestras vidas, son muchas las personas, sobre todo núcleos familiares, que se plantean vivir en zonas rurales. La idea es buena: viviendas más asequibles y espaciosas, ausencia de contaminación (siempre que no haya alguna fábrica cercana que contamine las aguas, o criaderos de cerdos, o pesticidas e insecticidas, o basureros incontrolados… me refiero a los tristemente famosos purines descontrolados) plazas en escuelas públicas, ambiente saludable y respirable, ausencia de contaminación acústica, cercanía con la flora y la fauna, espacios para que las criaturas jueguen en libertad… Lo más probable es que este deseo manifiesto se desinfle cuando las cosas vuelvan a su cauce o cuando quienes, desde las urbes, vayan buscando su paraíso terrenal y se encuentren con que no tienen conexión a internet, ni a veces telefónica, con que eso de trabajar en el campo es más duro y menos rentable que hacerlo en una fábrica, que hay que idear otros modelos de diversión, que el servicio médico es intermitente y el transporte público a veces también cuando no inexistente, que no siempre se pueden elegir los alimentos y hay que esperar a ver qué llega en el camión semanal… En definitiva: que hay que cambiar de mentalidad y que de migrar hacia las zonas rurales hay que hacerlo con la convicción y la certeza de desear cambiar de vida, porque se corre el riesgo de que se traten de reproducir los usos y costumbres urbanitas, que tanto afectan al medioambiente o que la frustración aumente al comprobar que el paraíso se lo tiene que crear cada quién.

Lo primero que aconsejaríamos, para quienes estén pensando en emigrar de la ciudad al campo es hacer cursos de formación sobre cuidados medioambientales básicos, así como informarse sobre el uso de energías limpias y renovables, sobre todo la solar, la biomasa, el biogás…, el tratamiento y reciclaje de las aguas grises y pluviales, para incorporarlas en sus nuevos hogares. También deben entender que el campo no está para hacer barbacoas libremente porque pueden provocar incendios, por ejemplo… Si deciden dedicarse a la agricultura, aunque sea para el autoconsumo, deben indagar sobre el impacto del uso de los fertilizantes con urea (que en el sector agrícola europeo provocan más del 70% de las emisiones de NH3), buscar alternativas a los productos fitosanitarios químicos, que las hay, y mentalizarse para no destrozar el entorno y cuidarlo, reciclar la basura y limpiar el bosque cercano, si lo hubiera… No es fácil cambiar de vida, no es fácil cambiar la vida urbana por la vida rural, sin embargo, animamos a quienes estén pensando en “llenar” la España vaciada porque los cambios pueden ser muy positivos pero como en casi todo la formación es indispensable para desarrollar una vida saludable, una buena vida personal y comunitaria: tu vida te lo agradecerá y el medioambiente también.

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