Revista con la A

25 de marzo de 2021
Número coordinado por:
Bethsabé Huamán y Danilo Assis Clímaco
74

Laberintos de la masculinidad

¿La intimidad, nuevo horizonte del feminismo para el siglo XXI?

Jose Luis Gómez Llanos

Desde sus orígenes, el feminismo se ha situado en la izquierda, del lado del movimiento obrero, la transformación social, la reforma y la revolución, enfrentándose a corrientes de derecha conservadoras y reaccionarias

Mi contribución a esta primera colaboración en la revista CON LA A tenía como objeto presentar unos breves apuntes sobre la evolución de las relaciones de la izquierda con los movimientos feministas y, como tal, así lo había anunciado a la directora de esta publicación cuando se arriesgó pedirme un artículo para la sección CON ELLOS.

Desde sus orígenes, el feminismo se ha situado en la izquierda, del lado del movimiento obrero, la transformación social, la reforma y la revolución, enfrentándose a corrientes de derecha conservadoras y reaccionarias. Además, el compromiso feminista se combinó muy a menudo con compromisos asociativos, políticos y sindicales en favor de la igualdad, la justicia social, la defensa de los derechos humanos, las minorías, etc. y, a pesar de ello, la izquierda puede ser antifeminista y hay feministas de derecha. Sin embargo, para la izquierda, el feminismo es, en esencia, una idea de izquierdas y cuando se manifiesta en la derecha es solo una recuperación táctica, a menudo acompañada de un serio malentendido de lo que el feminismo es realmente.

Llegados a este punto de mi escrito, me invadió la duda al comprobar que estaba adentrando miméticamente mi análisis por la senda de los tópicos de la ideología bastante alejados de lo que está ocurriendo en realidad en el mundo de las mujeres, mucho más importante de analizar, por lo que decidí regresar de ese derrotero y adentrarme por el que se ha convertido en el tema que traslado aquí a las y los lectores.

¿Qué es lo que está ocurriendo?

El feminismo, sus problemas, luchas y logros han permitido trasformar el lugar de la intimidad en lo que respecta a la sexualidad, los derechos de la mujer sobre su cuerpo y la integridad física y moral de su ser, dentro del marco legal, lo que va acompañado de la creación de infraestructuras en forma de servicios sociales, centros de asesoramiento y refugios. Mediante este enfoque de política de la dimensión personal de la vida de las mujeres, su papel de madres y esposas, las mujeres, especialmente las más vulnerables en Occidente, están protegidas en el espacio privado donde se despliega la opresión. Para seguir con esa dinámica y desarrollar todo su potencial y su capacidad de acción, nos corresponde a todos y todas, a nivel individual, trabajar por el respeto y la autoestima de las mujeres, que en la intimidad de la persona debe ser la contrapartida del estatus igualitario, que ahora es suyo, sin crear la ilusión de que la lucha ha terminado y las metas alcanzadas son inmutables.

A través de la historia, las mujeres se han hecho partícipes de los grandes cambios sociales

A través de la historia, las mujeres se han hecho partícipes de los grandes cambios sociales y, en la presente etapa del desarrollo de la humanidad, es la primera vez que las mujeres trabajadoras, al igual que los productores directos en general, pueden pretender en principio a su liberación de una manera clara, precisa, sabiendo cómo y para dónde van, trazando los surcos de los grandes avances de la tecnología, obligando la participación de las mujeres en los distintos campos de la producción, la ciencia y la política y, por ende, contribuyeron enormemente a su desarrollo moral y espiritual, al punto que la moderna sociedad ha declarado la Igualdad entre sexos.

Hablar de la intimidad en tiempos de pandemia puede llevarnos a enfocar esta temática desde la perspectiva de la práctica de los cuidados y el acompañamiento en el cual los actores se ven confrontados regularmente a la cuestión de la intimidad, que concierne tanto a las y los profesionales como a las personas que están siendo atendidas o acompañadas al ser afectadas por la pandemia o con riesgo de serlo. Pero la intimidad de la que quiero tratar abarca cuestiones más amplias y estructurantes. Veamos.

La dimensión política de la intimidad parece situarnos en una especie de contradicción; la política, en efecto, se refiere a la gestión de los asuntos públicos, a la esfera de lo común, a la que, precisamente, se escapa la intimidad. Pese a ello, en el futuro más inmediato, la intimidad debería de ser un tema candente para el feminismo porque gran parte de los problemas sociales provienen de esta esfera aún caótica, llena de demasiada violencia, conflictos y contradicciones, pero a condición que estas sean expuestas en la vía publica en clave política con la aparición gradual de una esfera de intimidad, convertida, en el territorio donde se concentran gran parte de los principales problemas sociales y, por lo tanto, en una cuestión política. 

Pero hoy día, y a pesar de las múltiples variantes que presenta nuestra vida privada, nos hemos dado cuenta de que el matrimonio (espacio intimo por excelencia, pero no el único) sigue sin ser el lugar donde se emancipan los individuos, sino una institución social cuyo propósito sigue siendo aplicar las normas, códigos, valores y expectativas de la sociedad. Centrándonos en el matrimonio, en él puede haber afecto, los hombres y las mujeres desempeñan papeles, se diferencian, cada uno confinado a su esfera de acción -aunque en los hogares rurales, hombres y mujeres pueden trabajar juntos. Todo el mundo conoce su lugar y sabe cómo permanecer en él porque refleja las jerarquías sociales e incluso se basa en una especie de apartheid doméstico: al casarse, las mujeres se ven de facto privadas a menudo de sus derechos.

La otra razón por la que lo íntimo debería ocupar un lugar cada vez más preeminente en la lucha feminista es de carácter demográfico: los nacimientos, que son fundamentales para la economía, siguen dependiendo de lo que se suele llamar intimidad organizada (especialmente por la pareja). Sin embargo, la natividad tiende a disminuir en occidente, pese a que es más fácil tener criaturas que en el pasado. Cuando la intimidad se ve desorganizada, como ocurre hoy en día, la reproducción de la sociedad queda en entredicho convirtiendo lo íntimo, por lo tanto, en la célula elemental del organismo social donde se dirime este envite poblacional.

El feminismo sigue considerado únicamente como un movimiento social o un movimiento reivindicativo y eso es un grave error

El feminismo sigue considerado únicamente como un movimiento social o un movimiento reivindicativo y eso es un grave error. El feminismo no es un “movimiento” al uso, sino nada menos que la segunda gran etapa del proceso de democratización de las sociedades europeas, que comenzó en el siglo XVIII mientras las mujeres estaban excluidas de ella con una democracia que había permanecido como un proyecto inacabado, incoherente y truncado, creado por hombres para hombres que ni siquiera se habían dado cuenta de que habían excluido a la mitad de la humanidad.

España, país estereotipado como machista, es al mismo tiempo donde se presta cada vez más una atención especial a la palabra feminista y donde las y los votantes han elegido el congreso de los diputados más igualitario del mundo con un 47,4% de mujeres en su seno, un hecho que deconstruye las ideas preconcebidas y convirtiendo a sus instituciones públicas en un pivote de transformación sobre las que debería apoyarse el feminismo. El cuerpo de las mujeres ha sido un tema fundamental en la lucha feminista desde sus orígenes y su revigorización parece garantizada tras del movimiento #metoo, que reafirmó el principio de que lo privado es político (impulsado por las feministas de los años 60), pese a que en España este movimiento no ha conseguido desenmascarar los abusos a mujeres en círculos del espectáculo y la cultura entre otros.

La intimidad es política, en suma, el feminismo debería suponer entonces, de ahora en adelante, politizar lo íntimo.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Jose Luís Gómez Llanos es Licenciado en Derecho y Ciencias políticas. Doctor en Sociología. Abogado internacional: Madrid, París y América Latina. Ex director de la UNED de París. Alto funcionario de la Asamblee Nationale (Francia). Sociólogo especialista en evaluación de políticas públicas. Articulista de opinión en Le Monde, El País, Le Correo, Deia y Liberation.

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