Amelia Sofía Ganem

Los trabajos domésticos y de cuidado-trabajo reproductivo se encuentran invisibilizados y subestimados, lo que acentúa su desvalorización tanto económica como simbólica

Sin lugar a duda sostener la vida humana conlleva tiempo y esfuerzo. Los trabajos domésticos y de cuidado-trabajo reproductivo se encuentran invisibilizados y subestimados, lo que acentúa su desvalorización tanto económica como simbólica.

Señala Cristina Carrasco que las necesidades humanas son de bienes y servicios, pero también de afectos y relaciones, ya que también necesitamos cariños y cuidados. Estos cuidados son brindados fundamentalmente por mujeres.

La CEPAL define a los cuidados como las actividades que regeneran diaria y generacionalmente el bienestar físico y emocional de las personas. Señala que resultan un trabajo esencial para el sostenimiento de la vida, la reproducción de la fuerza de trabajo y de las sociedades, y que generan una contribución fundamental para la producción económica, el desarrollo y el bienestar.

En Argentina, la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo (INDEC, 2013) da cuenta de que las mujeres dedican al trabajo no remunerado en promedio una cantidad de horas muy superior que sus pares varones, aun cuando se encuentran participando activamente en el mercado laboral. Las mujeres destinan más del doble del tiempo (5,7 horas diarias) que los varones (2 horas) al trabajo reproductivo.

La mayor brecha se encuentra en el tiempo dedicado al cuidado de personas. Esta problemática no es ajena a lo que ocurre en otros países de Latinoamérica y el Caribe y plantea el desafío de diseñar políticas específicas de cuidado que permitan conciliar la vida laboral con la familiar.

La actual distribución de las responsabilidades de los cuidados es sumamente desproporcional, recae principalmente en los hogares y es realizada mayoritariamente por mujeres. Esto implica la reproducción de desigualdades laborales, económicas y de participación que pone en desventaja constante a las mujeres.

Una reorganización social de los cuidados, más justa, democrática y equitativa solo puede proponerse mediante un proceso de construcción colectiva entre estado, sociedad civil, sindicatos, empresas y espacios barriales y comunitarios de cuidado.

En Argentina, solo uno de cada dos trabajadores y trabajadoras tiene acceso a licencias por maternidad y paternidad. El aumento en la participación de las mujeres en el mercado laboral no fue acompañado por el desarrollo de un sistema público de cuidados de calidad.

Según la “Encuesta de actividades de niñas, niños y adolescentes” (EANNA), en el segmento etario de 5 a 15 años la principal actividad desarrollada son las tareas domésticas y son las niñas y adolescentes mujeres quienes participan en mayor medida de estas.

¿Y qué pasa con el tiempo?

La mayor incorporación de las mujeres al mercado laboral ha tenido como contrapartida una menor cantidad de tiempo disponible: mientras incrementan su tiempo de trabajo remunerado, la carga de cuidados en sus hogares no disminuye. En ausencia de prácticas de corresponsabilidad, se mantiene la brecha en el tiempo que mujeres y hombres dedican al trabajo doméstico y de cuidados.

La mayor incorporación de las mujeres al mercado laboral ha tenido como contrapartida una menor cantidad de tiempo disponible

La división sexual del trabajo redunda en una injusta organización social del cuidado.

El Informe sobre los desafíos de las políticas públicas en materia de cuidados en contexto de pandemia, elaborado por la Dirección de Economía y Género del Ministerio de Economía de Argentina junto a Unicef, señala que “las mujeres a cargo de hogares con niñas, niños y adolescentes son las más afectadas por la crisis”.

El mismo informe refiere que el 51% de las mujeres se ha sentido mas sobrecargada con las tareas del hogar durante la cuarentena.

Las crisis recaen de manera diferencial sobre quienes están encargadas del cuidado de niñas y niños, personas adultas mayores y personas con discapacidad y la actual crisis sanitaria no ha sido la excepción.

Los hogares, pero fundamentalmente las mujeres, no sólo han tenido que responder a la carga de trabajo de cuidado cotidiano, sino que también han tenido que generar alternativas de esparcimiento sobre todo para niños y niñas en tiempos de confinamiento.

El acto de cuidar se considera un trabajo porque implica tiempo, conocimientos, recursos y desgaste de energía y porque genera valor para quienes se benefician de él en forma directa y también para la sociedad (CEPAL, 2010; Ravazi y Staab, 2010).

Para empezar a revalorizar las tareas de cuidado es fundamental vincularlas con la cantidad de tiempo que insumen. Estas tareas restan oportunidades para estudiar, para hacer ejercicio físico y quitan tiempo libre para el ocio, el disfrute, la recreación y el placer.

En conclusión, aunque en los últimos tiempos el diseño de políticas públicas sobre la organización social del cuidado ha ganado terreno, los estereotipos de género sobre los que se asientan se mantienen plenamente vigentes.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Carrasco Cristina (2003). La sostenibilidad de la vida humana, ¿un asunto de mujeres? CLACSO.

ONU MUJERES (2018). Reconocer, redistribuir y reducir el trabajo de cuidados. Prácticas inspiradoras en América Latina y el Caribe https://lac.unwomen.org/es/digiteca/publicaciones/2018/11/estudio-reconocer-redistribuir-y-reducir-el-trabajo-de-cuidados

OIT (2019). Panorama Temático Laboral, N°5. Mujeres en el mundo del Trabajo. https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/americas/rolima/documents/publication/wcms_715183.pdf

La romantización del “quédate en casa”: ¿Cómo impacta el confinamiento en la vida cotidiana de las mujeres? – Grupo de investigación de sociología de género. Facultad de Ciencias Sociales -Universidad de la República, Uruguay. https://cienciassociales.edu.uy/wp-content/ uploads/2020/04/GISG Reflexionesparadifusi%C3%B3n.docx-1.pdf

 

REFERENCIA CURRICULAR

Amelia Sofía Ganem es Feminista. Docente en AASES-Asociación Argentina de Sexología y Educación Sexual. Miembra de CLADEM-Comité de LAC para la Defensa de los Derechos de las Mujeres.