Revista con la A

25 de septiembre de 2019
Número coordinado por:
Violeta Doval
65

Mujeres mauritanas. Feministas en un país profundamente patriarcal

Educación sexual en las familias

Las formas de ver que se tiene en las familias sobre la sexualidad tienen una gran importancia a la hora de vivir tanto la sexualidad propia como de posicionarse respecto a los demás. Se trata de reflexionar sobre cuáles son sus opiniones, de favorecer actitudes de respeto y comprensión tanto hacia la pareja misma y lo que sienten como hacia las de sus hijos e hijas.

Las sexualidades son diversas, las formas de ver también. La sexualidad está relacionada con los afectos, las emociones, los sentimientos, las conductas y las vivencias. Y no se refiere exclusivamente a los genitales ni a determinadas conductas sexuales. Las vivencias y las expectativas sobre la sexualidad cambian a lo largo de la vida, según el momento y la propia biografía.

La sexualidad no está centrada en lo genital exclusivamente ni en que es una fuente de peligros y problemas, sino que es un aspecto que forma parte de las personas, importante para encontrarnos bien, para relacionarnos con las y los demás, y para sentirnos personas deseadas, aceptadas y queridas.

La sexualidad, por lo tanto, tiene que ver con el hecho de ser y sentirse hombres y mujeres, de relacionarse, de entenderse, aceptarse y quererse. Tiene que ver con las actitudes, las creencias, la influencia social, las ideas sobre la pareja, el amor y las relaciones. Tiene que ver con los cuerpos y los cambios que ocurren a lo largo de la vida, con los deseos, las fantasías, la erótica, las conductas, las habilidades y la comunicación.

Las familias ya hacemos educación sexual al transmitir modelos, ideas y valores sobre la sexualidad, aunque no seamos muy consciente de que lo estamos haciendo. La educación sexual forma parte de las formas de comunicación y educación que se dan en la familia.

Hacemos educación sexual cuando nuestros hijos e hijas ven las expresiones de afecto en casa, o cuando no hay expresiones de afecto, cuando hacemos valoraciones de determinadas conductas sexuales, cuando respondemos o no a preguntas, cuando respetamos las diversidades y las diferencias a la hora de vivir la sexualidad; en definitiva, muchas cosas en casa hablan de sexualidad.

Tenemos miedo a abordar este tema porque pensamos, a veces, que la educación sexual puede ser una puerta a la promiscuidad o a que las y los jóvenes se inicien antes en la sexualidad. Sin embargo, comprobamos que un abordaje de la sexualidad desde la infancia, adaptada a la edad y las inquietudes de la persona, le aporta tranquilidad y seguridad a la hora de abordar las situaciones relacionadas con las conductas sexuales y a evitar situaciones que no se desean.

Todos, padres y madres, están capacitados para hacer educación sexual, pero estar dispuestos a hacer educación sexual es tal vez lo más importante. No es preciso responder como personas expertas, sino abordar con tranquilidad, decir lo que se sabe o lo que no se sabe, responder con honestidad y claridad. Se puede buscar ayuda, en otras personas, en películas, y en profesionales que nos ayuden a abordar estas cuestiones.

Las preguntas son oportunidades para abordar temas que inquietan o que generan curiosidad sobre la sexualidad en nuestras hijas e hijos en cada momento. Estar receptivos a sus preguntas es importante y esto suele ocurrir en la vida cotidiana.

Las inquietudes van a ser diferentes en cada momento de la vida (infancia, adolescencia, juventud…) y también van a ser diferentes en cada chico y chica. Se trata de ir más allá de la pregunta y tener en cuenta quién nos la hace y en qué momento está.

Los temores presentes en las familias por los peligros que piensan que sus hijas e hijos pueden correr también cambiarán. Comunicación, una educación sexual clara y cercana desde la infancia, una visión positiva de la sexualidad, una adecuada autoestima y habilidades de relación ayudarán a que las urgencias sean menores y se puedan prevenir conductas y situaciones no deseadas.

Crear un buen clima de comunicación, sin imponer el diálogo, cultivar la confianza, establecer un clima que no sea interrogatorio, trabajar la proximidad: saber escuchar, que las y los adolescentes perciban que lo que nos cuentan nos interesa, nos importa, sin juzgarles.

 

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA:

García Ruiz M. Programa de Educación Sexual con las familias desde Atención Primaria.   https://www.asturias.es/Astursalud/Ficheros/AS_Salud%20Publica/AS_Promocion%20de%20la%20Salud/Programas%20de%20Educaci%C3%B3n/Educaci%C3%B3n%20afectivo%20sexual/EDUCACION%20SEXUAL%20PRIMARIA%201%20web.pdf

 

REFERENCIA CURRICULAR

Mercedes García Ruiz es Sexóloga. Doctora en Psicología. Educadora Social. Especialidad en Psicología Clínica. Máster -Experto en Drogodependencias y SIDA-. Formación en Arteterapia. Experta en Cooperación. Autora de programas de educación sexual con diversos colectivos: jóvenes, menores en protección, personas con discapacidad intelectual y diferentes asociaciones y ONGs. También ha colaborado en el diseño e implantación de programas de educación sexual en Nicaragua y en los campamentos de refugiados saharauis. Docente e investigadora sobre aspectos relacionados con la sexualidad, la educación sexual y la prevención del VIH. Autora de diversas publicaciones sobre esta temática.

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