Revista con la A

25 de septiembre de 2019
Número coordinado por:
Violeta Doval
65

Mujeres mauritanas. Feministas en un país profundamente patriarcal

Colectivo de las Mujeres de Boston: Nuestros cuerpos, Nuestras vidas

“Como feministas sentimos un vínculo entrañable con todas las mujeres(….)”.

Así empieza la obra titulada “Nuestros cuerpos, Nuestras vidas

del Colectivo de Mujeres de Boston para la salud de las mujeres.

(Loli Pastor Mulero. Mujeres en Red. http://www.mujeresenred.net/spip.php?article107)

En este número, dedicado a la Psicoterapia de Equidad Feminista, no podíamos por menos que recordar al Colectivo de Mujeres de Boston que, en 1971, editaron el libro “Nuestros cuerpos, Nuestras vidas”, siendo el primero en exponer, desde una perspectiva feminista, cómo las mujeres debíamos hacernos cargo de nuestra salud y nuestra sexualidad, o lo que es lo mismo, de nuestros cuerpos, señalando el maltrato sufrido por las mujeres de mano de los organismos sanitarios que trataban (y lamentablemente siguen tratando en demasiados casos) la salud de las ésta desatendiendo sus necesidades y patologizando sus características biológicas (menstruación, menopausia, etc.). De tal manera, todas aquellas manifestaciones psicológicas y/o biológicas que no se ajustaran a la “normalidad” de un cuerpo de hombre eran (son) consideradas síntomas de patologías o anomalías susceptibles de ser tratadas como enfermedades y sometidas, por tanto, a medicalización, como por ejemplo la menopausia, la menstruación e incluso enfermedades cardiacas que, hasta la emergencia de la medicina de género, se consideraba que sólo las padecían los varones pues al aparecer con una sintomatología diferente en las mujeres no eran tratadas como tales, lo que suponía la muerte de muchas de las pacientes aquejadas de tales dolencias a causa de diagnósticos erróneos…  Es decir, que al atenderlas médicamente tomando como referente la biología masculina todos aquellos aspectos o síntomas “extraños” al modelo de salud tradicional (masculino) eran (son) medicalizados o desatendidos, obviando, así mismo, las causas psicosociales que hacían (hacen) enfermar a las mujeres de manera específica. Así pues, el Colectivo de Mujeres para la Salud de Boston, con la edición de este libro, abrió la puerta a la salud y la medicina de género que hoy incorporan las y los profesionales de este ámbito más responsables y avanzados.

Respecto al Colectivo de Mujeres de Boston, en 1969, Nancy Miriam Hawley organizó un seminario para analizar la salud de las mujeres, en el Boston’s Emmanuel College, porque “No tener voz sobre nuestra propia salud nos frustró y nos enfureció, no teníamos la información que necesitábamos, así que decidimos encontrarla por nuestra cuenta”. Como resultado de este encuentro escribieron la obra “Nuestros cuerpos, Nuestras vidas“, en cuya introducción puede leerse: “Todas las mujeres soñamos con controlar nuestra vida pero por causas personales, sociales, políticas y demás no lo conseguimos. He aquí una reflexión: Teniendo el control de nuestros cuerpos tendremos el control de nuestra vida.”

Nuestros cuerpos, Nuestras vidas, es una obra escrita, desde una perspectiva feminista, por distintas mujeres del Colectivo que abordaron la salud y la sexualidad de todas las etapas vitales de la vida de las mujeres. En el libro rechazan la medicalización y el maltrato que las instituciones de salud infringen a las mujeres… “aportando información destinada a guiar a las mujeres en “cómo gestionar el sistema de atención de salud estadounidense”, con secciones tituladas “El Poder y el Papel de los Doctores Masculinos”, “El Motivo del Beneficio en el Cuidado de la Salud”, entre otros.

Para concluir, señalaremos la importancia que tiene, a la hora de identificar los malestares que padecen las mujeres, que prestemos atención no sólo a lo que las mujeres dicen, sino cómo, cuándo y en qué contexto lo dicen, como nos recuerda el Colectivo de Mujeres de Boston en su libro, por lo que quienes trabajan en el ámbito de la salud deben prestarles una escucha activa que, además, debe interpretar los silencios, los gestos, las actitudes y las emociones a las que no pueden poner palabras porque el lenguaje está construido para dar expresión a un mundo, a una sociedad que no está estructurada para atender nuestras necesidades, las de las mujeres, las de nosotras mismas, recordando, siempre, que “Lo que no se puede expresar genera síntomas” y “Lo que vivimos como ruptura con la normalidad nos genera malestar”.

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