Revista con la A

25 de septiembre de 2019
Número coordinado por:
Violeta Doval
65

Mujeres mauritanas. Feministas en un país profundamente patriarcal

Casta Esteban, la Romántica olvidada

Desde hace años, los monasterios de Veruela, en la provincia de Zaragoza, a los pies del Moncayo, se ha convertido en destino turístico, no solo por la belleza del lugar y el interés histórico y artístico del monasterio, sino porque allí pasó una temporada Gustavo Adolfo Becquer y escribió parte de sus Leyendas.

Real Monasterio de Sta. Mª de Veruela

La ruta que hoy proponemos incluye el monasterio de Veruela, pero también Torrubia que guardan relación con el matrimonio del poeta y con la vida de su esposa, Casta Esteban y Navarro.

La personalidad de Casta Esteban ha sido, hasta hace poco tiempo, olvidada o calumniada, según el grado de culpabilidad que se le haya querido atribuir en las desdichas de su esposo. En cuanto a su obra literaria, escasa pero existente, no ocupa lugar alguno en los estudios literarios de la época.

El Moncayo visto desde Torrubia

Casta Esteban y Navarro nació en Torrubia del Campo en 1841, hija de un médico respetable especializado, según algunos autores, en enfermedades venéreas. Precisamente a causa de uno de esos males, acudió Gustavo Adolfo Becquer a su consulta y conoció a Casta, con quien contrajo matrimonio en Madrid en 1861. Aquel pudo ser un matrimonio entre personas decepcionadas: Becquer había roto con su misteriosa enamorada de Valladolid y Casta, al parecer, había roto también el compromiso con su novio. Ni a Valeriano Becquer ni a los amigos del poeta en Madrid, les parecía Casta una compañera digna para él. Sin embargo, el único argumento que se utiliza para justificar esa aversión es que no podía seguir a su esposo en sus actividades artísticas porque estaba ocupada en la crianza de sus hijos. Y es que el ideal romántico de mujer incluía la delicadeza, la coquetería, los salones donde tocar el piano y algún desmayo oportuno, pero no las tareas del hogar que ocupaban a las esposas de poetas poco adinerados.

Finalmente, durante una de las estancias del matrimonio en Noviercas, Casta se vio envuelta en un escándalo que la relacionó con un vecino apodado “El Rubio” y Gustavo Adolfo abandonó a su esposa llevándose consigo a sus dos hijos, Gregorio Gustavo y Jorge. A finales de ese mismo año, 1868, nació en Noviercas el tercer hijo del matrimonio, Emilio Eusebio. Aunque la paternidad de Becquer fue puesta en duda, tras la muerte de Valeriano en 1870, Casta y Gustavo Adolfo volvieron a vivir juntos hasta la muerte de éste pocos meses después.

El éxito póstumo de la obra becqueriana no alivió la penuria en que quedó la familia. En 1872, Casta se casó por segunda vez con Manuel Rodríguez Bernardo, recaudador de impuestos, quien, como en una de las novelas de moda en época, moría asesinado un año más tarde, con lo que ella y sus hijos volvían a enfrentarse a la miseria. A partir de ese momento, la vida de Casta se convirtió en una constante petición de ayuda que la llevó a París y de nuevo a Madrid. En 1884 consiguió publicar Mi primer ensayo, colección de cuentos con pretensiones de artículos que fue maltratado por la crítica contemporánea y olvidado por la posterior. Sin embargo, los doce relatos y la introducción que componen el volumen son tan dignos como muchos de los relatos y artículos costumbristas de escritores de la misma época. Tal vez, los radicales ataques de la autora al matrimonio como tumba del amor y la reivindicación de la unión de las mujeres frente a la dictadura de los hombres, tenga algo que ver con aquel rechazo. Casta Esteban murió en Madrid, 1885, víctima de una encefalitis y, según los moralistas, de la vida disipada de sus últimos años.

En Torrubia, la casa natal de Casta Esteban fue donada al ayuntamiento por sus propietarios y ha sido convertida en un museo donde se puede contemplar cómo era una residencia del siglo XIX. Lástima que, incluso en ese homenaje, se obvie el nombre de la mujer protagonista pues el nombre de la entidad es “Casa Museo Mujer de Becquer”.

Nuestra ruta comienza en Tarazona, una villa con un riquísimo patrimonio histórico y artístico reconocido por la UNESCO, donde merece especial atención el friso de la Casa Consistorial que representa la cabalgata de la coronación de Carlos V en Bolonia. Continúa por la N-122 hasta Vera de Moncayo y el monasterio de Veruela para visitar el Parque Natural del Moncayo, hasta llegar, a través de varias carreteras secundarias, a Torrubia y finalizar en Soria, siguiendo la N-234. Los bellísimos paisajes del Moncayo nos sugerirán misterio y nostalgia, dos sentimientos muy propios del romanticismo.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Montserrat Cano Guitarte es escritora. Además ha sido Coordinadora del Comité de Escritoras del Club PEN de España; Jefa de Prensa de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles; Codirectora del Aula de Cine de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles; Colaboradora del Departamento de Comunicación de las Editoriales Espasa Calpe y Ediciones B y Profesora de Creación Literaria en distintas entidades públicas y privadas. En 2006, dirigió y organizó el I Congreso Internacional de Escritoras del Club PEN de España “La mujer, artífice y Tema literario”, celebrado en Las Palmas de Gran Canaria. Ha realizado numerosas colaboraciones con la Secretaría de Igualdad de UGT Madrid y ha dictado conferencias sobre temas literarios y cinematográficos, siendo Jurado en certámenes literarios y de teatro. Asiduamente ha colaborado con la Dirección General de Cooperación y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias. También fue responsable de la Candidatura ante la UNESCO para la inclusión en la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial del Silbo Gomero. Literariamente, es autora de numerosas publicaciones por las que ha sido premiada tanto en el ámbito nacional como internacional.

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