Revista con la A

25 de noviembre de 2020
Número coordinado por:
Lucía Melgar y Alicia Gil
72

La pandemia de las violencias contra las mujeres

Un cambio de rumbo inclusivo y sostenible

Marie Caraj

Un pequeño virus ha “parado” el mundo. Ha parado la economía global. Ha acabado con la vida de miles y con el sustento de millones de personas. ¿Qué nos dice el Coronavirus sobre nosotres mismes como especie humana, nuestros paradigmas económicos y tecnológicos dominantes, y la tierra?

(…)

Un pequeño virus puede ayudarnos a dar un salto cuántico y crear una civilización planetaria y ecológica basada en la armonía con la naturaleza. O podemos seguir viviendo en la ilusión de dominar la naturaleza y avanzar aceleradamente hacia la próxima pandemia. Y finalmente, a la extinción.

La Tierra seguirá evolucionando, con o sin nosotres

Vandana Shiva

Marie Caraj. La pandemia del Coronavirus está en fase descendente en China, Europa, Norte América, Australia, Nueva Zelanda, y en fase ascendente en África, Asia, América Latina que presentan un contexto estructural propicio a la propagación del virus

La pandemia del Coronavirus, COVID-19, y las distintas medidas para contenerla, tienen un impacto diferenciado en el mundo y los grupos sociales. El contagio está en fase descendente en China, Europa, Norte América, Australia, Nueva Zelandia y en fase ascendente en África, Asia, América Latina que presentan un contexto estructural propicio a la propagación del virus: pobreza, precariedad, alta densidad de población urbana, economía informal que implica la necesidad de trabajar todos los días para comer, falta de infraestructuras mínimas de higiene, alojamiento, sanidad, transporte, … Cabe preguntarse si el nivel de contagio, aun relativamente bajo en estas regiones, tiene algo que ver también con una insuficiente capacidad de recopilar y analizar datos y/o con la censura de los medios informativos, este último criterio podría también explicar el bajo numero de casos publicado en Rusia. Cuando un virus, pasado, presente o futuro, no se puede eliminar hay que reducir las vulnerabilidades que propician su difusión.

La mayoría de los 1,2 mil millones de personas en el mundo que, según la ONU, viven en suburbios informales, son de África, Asia, América Latina. Viven en zonas de alta densidad humana (en algunos suburbios la densidad roza las 800.000 personas por 2,5 km2, cuando en Nueva York el promedio es de 27.000 personas), en ‘viviendas’ micro-espacios insalubres, con acceso reducido al agua potable, a sanitarios, electricidad, sanidad, … y sin ayuda económica, pues sus gobiernos no tienen la capacidad, o política, presupuestaria para sostener la cuarentena de su ciudadanía, … Sin hablar de las condiciones de las personas refugiadas y desplazadas confinadas en campamentos precarios cuya ayuda humanitaria ha sido reducida…

¿Qué sentido tiene el cierre de la economía informal si provoca hambre? ¿Qué sentido tiene hablar de higiene si no hay agua? ¿Qué sentido tiene morir o no por el Coronavirus en vez de otras enfermedades?

¿Qué significa el Coronavirus para la gente desplazada y refugiada en Palestina o en los campamentos sirios?, ¿o para la gente de los tugurios en la India, de los townships en Sudáfrica, de las favelas en Brasil, al lado de vertederos?, ¿o para los y las presas aglutinadas en celdas congestionadas? ; ¿Qué sentido tiene que Philip Morris amenace con intentar un pleito contra los gobiernos de Sudáfrica y Botsuana por prohibir la venta de tabaco, considerado producto no esencial que debilita el sistema inmunitario en tiempos de pandemia?; ¿Qué sentido tiene el cierre de la economía informal si provoca hambre?… ¿Qué sentido tiene hablar de higiene si no hay agua?… ¿Qué sentido tiene morir o no por el Coronavirus en vez de otras enfermedades, hambre, bombas … cuando en Yemen faltan hospitales, en Venezuela falta personal médico y solo hay 84 unidades de camas para cuidados intensivos? ¿o en la Republica Centroafricana que solo tiene 3 ventiladores y el Sudan meridional, solo 4?… ¿Qué sentido tiene cuando el confinamiento agrava la trata de las y los migrantes con fines de explotación laboral en Libia o las condiciones laborales del personal domestico migrante, mayoritariamente femenino, en países productores de petróleo, obligado a quedarse dentro las casas de sus empleadores y trabajar más horas para desinfectar los hogares exponiéndose aún más a abusos físicos y sexuales?, ¿o para las mujeres embarazadas que viven en países donde el confinamiento implica el cierre total del transporte publico, como en Uganda, provocando el fallecimiento de mujeres embrazadas que no pueden acudir al hospital? ; ¿o para las mujeres y niñas en general, en el mundo, cuando  la violencia de género aumenta con el confinamiento, transformando todavía más los hogares en lugares de inseguridad?… Tristemente, son ejemplos no exhaustivos de lo que está pasando en el mundo, no por culpa del Coronavirus sino por falta de políticas inclusivas, con perspectiva de género.

El Banco Mundial (BM) mismo, no conocido por ser feminista, reconoce que el Coronavirus no es insensible al género y recomienda una serie de medidas, imprescindibles, basadas en la observación de que las mujeres son vectores esenciales tanto para la prevención como para la reacción a cualquier pandemia. Menciona explícitamente los riesgos relacionados con las sociedades patriarcales y recomienda, por ejemplo, que la información, la protección, los incentivos económicos, los paquetes de ayuda tomen en cuenta las necesidades de las mujeres; que queden abiertos los centros de acogida a las mujeres víctimas de violencia de género así como a sus hijos e hijas; que las niñas vuelvan cuanto antes al colegio sabiendo que el riesgo de matrimonio forzoso y de mutilación genital ha aumentado con el confinamiento; que las mujeres sean integradas en los procesos decisionales, no solo porque son ellas quienes se dedican mayoritariamente a los cuidados de los hogares, sino también porque constituyen el 70% del personal sanitario mundial y, por lo tanto, están en primera línea de la prevención y reacción, son una fuente inestimable de información sobre las necesidades vitales de las poblaciones.

Varios movimientos feministas globales, como The Rising Majority, no han dejado de analizar la situación actual, se han reunido virtualmente y han sacado unas conclusiones que deben de servir si el pequeño virus tiene que ayudarnos a dar un salto cuántico para toda la humanidad.

Para los movimientos feministas, el Coronavirus es la pandemia y el neoliberalismo la crisis

Para los movimientos feministas, el Coronavirus es la pandemia y el neoliberalismo la crisis. Es decir, que la situación actual es el resultado del sistema económico globalizado basado en la deslocalización de la producción en regiones ricas de materias primas y de mano de obra barata, donde no se respetan los derechos humanos universales ni los derechos laborales fundamentales, manteniendo una parte de la población mundial en condiciones vitales infrahumanas, idóneas para la propagación del virus en nombre del beneficio privado, donde la extracción y la producción tienen la precedencia sobre la reproducción, la calidad de vida, aun cuando la pandemia confirma claramente que el capitalismo salvaje y global es biológicamente instable y peligroso si hay que depender de otros países lejanos para el abastimiento de las necesidades vitales, como pueden ser, hoy, las mascarillas, por ejemplo.

La pandemia ha demostrado que lo que sí tiene sentido para el mantenimiento de la humanidad es la vida, su reproducción, sus cuidados, la sanidad, la solidaridad, la economía de proximidad, la educación, la soberanía alimentaria, el medio-ambiente, una moratoria, si no una cancelación, de la deuda de los países más pobres…El reto es actuar para evitar que el estatus quo, dictaminado por el confinamiento, sea sinónimo de normalización de las políticas e intereses económicos de un sistema deletéreo, sin visión estratégica de previsión y anticipación, como si el Coronavirus y su impacto fueran la excepción, un riesgo exógeno.

La pandemia ha demostrado que sí hay dinero para salvar a la gente allí donde se quiere salvarla

La pandemia ha demostrado que sí hay dinero para salvar a la gente allí donde se quiere salvarla, a pesar de haberlo negado durante la crisis financiera de la última década, salvando a los bancos e imponiendo medidas de reestructuración que han contribuido a fragilizar el sistema global sanitario, inmunitario, educativo, las condiciones laborales, … Los movimientos feministas denuncian la inversión en medidas de seguridad para controlar la propagación del virus en vez de medidas de sanidad.

Las medidas de seguridad ponen en peligro las democracias, y el estatus quo se ha vuelto una oportunidad para aquellos gobiernos que quieren acabar con las instituciones internacionales, regionales y la libertad de prensa. Hungría y Polonia constituyen dos ejemplos preocupantes en Europa. Hungría, limitando aún más los derechos de las personas transgénero; Polonia, manteniendo las elecciones presidenciales en mayo en nombre de la ‘estabilidad del poder en tiempos de crisis’.  Invocando a la pandemia, el PIS (Partido de la Ley y Justicia) insiste que la votación será por correo y que hay que evitar las campañas políticas, así que los partidos de la oposición tienen menos espacios de campaña pues el acceso a la opinión pública se restringe solo al partido en el gobierno, el PIS. La administración de Trump ha decidido suspender su contribución a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en plena pandemia pretextando su malfuncionamiento. Con su retórica anti-China, en realidad Trump está diciendo que no importa si los que mueren o son explotados son chinos o de otros lugares. La alerta feminista contra el estatus quo y la manipulación de la pandemia para intereses otros que la sanidad, la reproducción, el ecosistema y un sistema productivo y fiscal que garantice la existencia colectiva, implica que hay que reconocer que las mujeres somos acreedoras de la riqueza social porque la producimos, que hay que formar coaliciones con los demás movimientos sociales progresistas y sindicales para incidir en la política global y local, con el fin de garantizar un cambio de rumbo inclusivo y sostenible.

FUENTES

https://www.theguardian.com/world/unitednations

https://www.freedomunited.org

https://www.devex.com

https://gadnetwork.org/gadn-resources/feminist-responses-to-covid-19

http://documents.worldbank.org

https://therisingmajority.com

 

REFERENCIA CURRICULAR

Marie Caraj es Feminista. Intérprete y traductora internacional. Miembra del Grupo Consultivo España de la Asociación con la A. Experta en protección de defensores y defensoras de Derechos Humanos. Postgrado en Malestares de género -su prevención e impacto en la salud integral de las mujeres- de la Asociación de Mujeres para la Salud (Madrid).

 

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