Revista con la A

25 de noviembre de 2020
Número coordinado por:
Lucía Melgar y Alicia Gil
72

La pandemia de las violencias contra las mujeres

¿Aprenderemos algo de todo esto?: la “nueva normalidad” poscoronavirus

Un alto número de “expertos” no dejan de vaticinar lo que será la “nueva normalidad” que trae de la mano la pandemia provocada por el coronavirus. La mayoría recuerda que tras las hecatombes suceden cambios económicos y sociales que transforman el mundo conocido, relacionándolos casi siempre con el estallido de las crisis profundas que suelen originarse tras las guerras. Sin duda tienen razón y quizás por ello hablen de esta crisis sanitaria en términos bélicos.

En esta crisis en la que todos y todas estamos inmersas, la mayoría del personal experto apunta a cambios estructurales relacionados con:

  • El uso del dinero de papel, que dicen desaparecerá (ya están en ello, buena excusa para controlar a la población a través de las tarjetas de crédito u otras fórmulas de pago, buena cosa, eso sí, para quienes evaden y manejan fondos B en cantidades, no así para quienes se ven forzadas y forzados a tener trabajos precarios en negro)
  • El concepto de trabajo/empleo presencial, que se sustituirá en la mayor parte de los sectores por el teletrabajo, en casa, asumiendo los costes de los insumos, de los locales, incluso de las tecnologías, las trabajadoras y los trabajadores… (Imagino que las empresas encantadas de la vida, no sé si tanto las amas de casa)
  • Cambios en el sistema económico: destrucción definitiva de la clase media y polarización de los sectores sociales: unos pocos muy ricos y las y los demás empobrecidos…
  • Robotización y digitalización en todos los ámbitos de la vida, entre los que destacan la sanidad, el comercio electrónico, las relaciones virtuales, la educación, … incluso la participación política (televoto)… (¿Se podrá manipular más como se sospecha sucedió en la elecciones USA que dieron ganador a Trump?)
  • Interacción Corporaciones empresariales-Estados… (Casi mejor que se nacionalicen algunas empresas, pero siempre dependiendo del carácter democrático de los gobiernos)
  • Transformación del transporte internacional… (Buena cosa, si se acaba con las emisiones de CO2)
  • Vehículos eléctricos y transportes no contaminantes en las ciudades (bicicletas, patines… esperemos que piensen en las y los peatones)
  • Consumo de productos de proximidad: alimentación, turismo…
  • Otros…

Coinciden, igualmente, en que los modelos económicos, si no quieren que se desaten crisis sociales de envergadura, deberán atender los ámbitos de la salud, el medioambiente y el bienestar, para afrontar las nuevas pandemias que aseguran están por llegar (y de paso mejorar los sitemas de salud para el resto de enfermedades, que en algunos casos hace mucha falta ¿pongamos que hablo de Madrid?)

Todos estos cambios, de producirse, tienen una vertiente positiva a la par que negativa, sobre todo en lo que afecta a las mujeres, porque, por ejemplo, el teletrabajo, si no se desarrollan políticas de corresponsabilidad en las tareas domésticas y en los cuidados, nuevamente serán ellas quienes sufrirán la sobrecarga de trabajo. Además, el hogar siempre ha sido uno de los lugares más peligrosos para las mujeres por cuanto es el espacio donde sufren las agresiones más graves: malos tratos, abusos sexuales, incluso asesinatos. Así mismo, será fundamental acabar con la brecha salarial por razón de sexo/género…

Lo positivo de todo esto, si se cumplen los vaticinios, está en relación con el medioambiente, que sin duda mejorará al reducirse los vuelos y los transportes marítimos, al racionalizarse el turismo y al minimizar el uso de los carburantes fósiles. Es posible que los sistemas de salud también mejoren, y que incluso la alimentación sea más saludable al consumir productos de proximidad y de temporada…

Lo que llama mi atención es que ningún experto recurra a las propuestas del feminismo en lo que a los cuidados hace referencia, porque si construimos una sociedad post-covid-19 vertebrada en torno a los cuidados, en un sentido integral y amplio, incorporando materias de igualdad y respeto en el trato “hacia lo otro” en todos los ámbitos educativos, que impregnen los medios de comunicación, que ocupen los lugares preferentes de las agendas políticas, equiparando a hombres y mujeres, a unas culturas con otras, respetando las diferencias, y con el apoyo de las tecnologías, no solo mejoraremos el clima sino también el ecosistema en su conjunto del que los seres humanos somos una parte.

Redacción

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