Revista con la A

25 de julio de 2020
Número coordinado por:
Lucía Melgar y Alicia Gil
70

¿Nueva normalidad? Y feminismo

Adolescencia

Aunque nuestros ojos y nuestra piel perciban un mundo ahí afuera, la realidad nos muestra que todo es interno.

Esta fase comienza alrededor de los diez a doce años y dura aproximadamente hasta los diecinueve o veintiuno, aunque ya he explicado con anterioridad que las fases se suelen superponer, no tienen límites exactos y dependen, en gran medida, de cómo cada persona las interioriza, elabora y supera. Si la infancia se considera una etapa difícil, a esta podemos considerarla extremadamente difícil. Se llega a ella con la experiencia, el dolor y los traumas que dejaron los años anteriores que se unen a todas las dificultades que esta fase representa, siendo importante llegar a ella con un mínimo de formación en el campo del desarrollo personal y social, con acuerdos entre la familia y la escuela ya que es una fase muy complicada que presenta muchos retos.

La sociedad que hemos creado, llena de prisas y obligaciones, no facilita que la familia intervenga en la educación de su prole que se suele dejar en manos de la escuela, siendo la complicidad y los acuerdos entre ambos poco corrientes por no decir mayoritariamente ausentes. Sin embargo, tanto la familia como la escuela son las encargadas de “cultivar” personas facilitando que potencien sus capacidades al máximo, independientemente del nivel en que se parta, a las que deben inculcarse valores como la ética, la empatía, la equidad, la diversidad y la capacidad para la resiliencia, todo lo cual contribuirá al desarrollo de la autoestima que al final será la base y el eje principal del desarrollo integral de la persona. Pero es importante que desde la infancia se hayan ido instalando estos valores personales y sociales para que el periodo de la adolescencia esté preparado para asumirlos.

Esta etapa se considera la última oportunidad para enderezar los errores y traumas de la infancia ya que, cuanto más mayores somos, menos capacidad tenemos de lograr cambios sobre cuestiones muy instaladas en nuestra personalidad, algunas peligrosas para el comportamiento, el desarrollo personal y la vida. Podemos olvidar personas o situaciones de la infancia, pero los sentimientos y emociones que las personas o situaciones vividas grabaron en el inconsciente seguirán operativas a lo largo de toda nuestra vida manipulando nuestra conducta, en muchas ocasiones con dolor, y solo podemos debilitar su impacto desde la comprensión. El pasado puede influir en nuestra forma de vivir y ver la vida, pero el futuro va a depender de lo que hagamos con ella en cada uno de nuestros presentes.

La pubertad deja atrás la autoridad de los progenitores acomodándose en la rebeldía, se produce un rechazo a la familia que facilita la búsqueda de la propia identidad, y esa búsqueda es el principal objetivo de esta fase, teniendo en cuenta que los y las adolescentes se tienen que adaptar al mundo y la sociedad que les ha tocado vivir que no es la misma que les tocó vivir a sus padres y madres. Además, necesitan agarrarse a otro tipo de aprobación, esta vez entre sus iguales, compañeros y compañeras que ahora tienen que juzgarlos como valiosos y atractivos y con quienes aprenden a socializar buscando la seguridad que quizás no obtuvieron de la familia, lo que va a suponer para una identidad, aún no definida, que experimente con diferentes roles y conductas buscando, además de su identidad, la aceptación de sus pares.

Es una época de grandes cambios, físicos y psíquicos, el cuerpo empieza a desgarbarse con incipientes muestras de lo que, con el tiempo, será un cuerpo adulto desarrollado. Una de las cosas más importantes que sucede es que el sistema endocrino libera hormonas en gran cantidad que entran en el torrente sanguíneo. Las hormonas son los mensajeros químicos del organismo que transportan información e instrucciones de unas células a otras en otras partes del cuerpo, influyendo en todos los órganos y sus funciones. Ayudan a controlar el estado de ánimo, el crecimiento y desarrollo, así como la forma en que funcionan los órganos y el metabolismo. Permiten el desarrollo de la corteza prefrontal en el cerebro dotándolo de la capacidad de elaborar hipótesis, proyectarse en el futuro y poder, a partir de ahí, tomar decisiones, algo fundamental para cualquier ser humano de cualquier edad y muy importante en esta fase adolescente que se encuentra con este desarrollo potencial por primera vez. EL estrés, las infecciones y los cambios en el equilibrio de líquidos y minerales que hay en la sangre afectan a las concentraciones hormonales, de forma que debido a estas fluctuaciones el cuerpo y su desarrollo pueden verse afectados.

Son muchas las situaciones a las que se enfrentan los y las adolescentes que pueden desarmonizar su organismo y su psique, teniendo en cuenta que la sociedad materialista, muy competitiva e individualista, ha ido gravando conductas, necesidades y valores que no suelen ser aceptables para un buen desarrollo personal, por lo que es necesario contrarrestar inculcando el beneficio de la colaboración frente a la competitividad, así como valores colectivos frente al individualismo.

Muchos y muchas de nuestras jóvenes han presenciado o sufrido acoso escolar o bullying, en la infancia y la adolescencia, comportamientos de carácter machista muy instalados en la sociedad, difíciles de erradicar, presentes en muchas escuelas, que suponen distintos tipos de violencia, física y psicológica que graban secuelas para el resto de la vida.

Por otro lado, están los cánones de belleza inculcados por la sociedad heteropatriarcal, lo que deriva en el desprecio hacia aquellas personas que no los cumplen, algo que hace especial mella en la adolescencia, afectando principalmente a las mujeres, lo que puede derivar en enfermedades como la bulimia o la anorexia.

Cuando las hormonas sexuales descargan en el torrente sanguíneo se empieza a sentir interés por el otro sexo y es cuando más se necesita la aprobación del grupo, así como una buena educación sexual, sin tabús, con prudencia y conocimiento de su diversidad.

Con todo esto, y mucho más, es fácil comprender la tormenta que supone esta fase de desarrollo personal y la necesidad de que, previamente, se hayan inculcados valores que ahora puedan asumirse aportando la fuerza para mantener, en lo posible, armonía entre el desarrollo físico y el psíquico.

Estudiar el carácter de una persona y comprenderlo desde el punto de vista astrológico requiere el estudio completo de su carta natal. Sin embargo, sí se puede prestar atención a diferentes puntos dependiendo de lo que busquemos. Como suele decirse: “cada maestrillo tiene su librillo” que en mi caso consiste en comenzar, de forma manual y lentamente, a calcular mayorías, tránsitos y progresiones. Saber si me voy a encontrar una personalidad de aire o de tierra lo considero importante para entenderla. Al calcular los tránsitos y las progresiones voy observando el ambiente en el que se encuentra el o la adolescente, así como los acontecimientos que le están sucediendo, información que consigo con los tránsitos, y de forma muy especial observo las progresiones porque me informan de su estado interior y de la fuerza con la que va a soportar el dolor, si lo hay, o aprovechará la fortuna, si la encuentra. En esta fase hay tres tránsitos a los que presto especial atención: la posición de Saturno que sobre los catorce o quince años hace su primera oposición a sí mismo. Se suele decir que es fácil resumir la situación de una carta estudiando el tránsito de Saturno, su posición en la carta y sus aspectos, porque nos informa del mayor de los obstáculos y las dificultades que la carta tenga, si las tiene, en ese momento. Mientras la Luna progresada muestra el estado de los sentimientos y la familia a la que la adolescencia se opone.

El segundo tránsito que observo se refiere a la posición de Urano, el planeta de la amistad, la libertad y el inconformismo, porque se está preparando para su primer aspecto importante, la cuadratura a su posición natal que sucede sobre los 21 años, justo cuando acaba esta fase, así que puedo ver hasta qué punto la amistad y la rebeldía se muestran al final de esta etapa.

Y por último Plutón, presente en todas las muertes, incluidas las psicológicas. Esta etapa representa la muerte de la niñez y la infancia, así que si Plutón está activando aspectos difíciles es posible que se vivencie arrojándote a la edad adulta con todas sus dificultades y responsabilidades demasiado pronto, provocando vivencias tan duras que, en ocasiones, la persona se niega a avanzar y cambiar de fase. Si son los tres los que muestran aspectos por tránsito o progresión es posible sentir que la infancia acabó demasiado bruscamente.

Después me detengo en el Sol, que representa la identidad tan buscada en esta fase, para hacerla consciente ya que la consciencia aún no está desarrollada suficientemente, nunca lo está, pero me sirve para conocer mejor la personalidad que estudio. La casa tercera porque representa las relaciones con compañeros de escuela un poco antes de comenzar las relaciones adultas, la casa once que me informa de las amistades y los proyectos, así como la casa octava, los planetas presentes, sus aspectos y el signo en que se encuentran, para estudiar la sexualidad y los posibles problemas que puedan existir.

No acostumbro, sin que me importe la edad, a estudiar una carta parcialmente, pero entiendo que se aprenda de esta forma, por eso y a estas alturas, si en una clase he empezado a enseñar el estudio parcial de esta fase probablemente me encuentre estudiando la carta en toda su complejidad.

Os hago una confidencia, después de este artículo entiendo mejor y me preocupa más mi nieto quinceañero.

 

REFERENCIA CURRICULAR

María Garrido Bens es astróloga, con una experiencia profesional de 45 años como docente y consultora en el campo de la Astrología tanto personal como mundial. Experta en Lenguaje Simbólico y Mitología aplicada a la Psicología. Profesora de Evolución Mental, Sanación y Meditación. En la actualidad ocupa el cargo de Tesorera de la Asociación con la A.

 

 

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