Revista con la A

25 de noviembre de 2017
Número coordinado por:
Lucía Melgar
54

Refugiadas, desplazadas, inmigrantes: urgencia y solidaridad

Merlí: educar y olvidar el género

Merlí (2015) es una serie de televisión catalana, producida por la cadena TV3, creada por Héctor Lozano y dirigida por Eduard Cortés. Su primera temporada se ha difundido para un amplio público en Netflix y es la que pasaré a comentar.

La serie trata de un profesor de filosofía del mismo nombre, Merlí (Francesc Orella), que llega de sustituto a un instituto de enseñanza para jóvenes entre quince y dieciocho años. Merlí se propone enseñar a su alumnado a pensar, utilizando para ello los grandes nombres de la filosofía occidental y aplicando sus postulados a la vida diaria de las y los jóvenes. Su metodología no ortodoxa de enseñanza le trae a Merlí muchos problemas en una institución más bien tradicional y hasta cierto punto conservadora. Sin duda, lo mejor de la serie se centra por un lado en encontrar una aplicación concreta a la filosofía, que no está exenta de enfatizar sus limitaciones, y la propuesta de una educación no tradicional, que no se reduzca a verter un contenido para ser recibido acríticamente. Sin embargo, si analizamos con lentes de género la serie, las decepciones son múltiples, señalaré sólo algunas de ellas.

Los hombres

Además de los dramas del propio Merlí, la serie se centra en los devenires de cinco personajes principales. Bruno Bergeron (David Solans), el hijo de Merlí, que debe aprender a relacionarse con su padre y además aceptar su identidad homosexual. Pol Rubio (Carlos Cuevas) que es el típico chico guapo y mujeriego, el alter ego de Bruno por marcar una identidad masculina centrada en su éxito sexual con las mujeres, pero que en lo personal afronta muchas carencias afectivas y económicas que muestran la cara oculta de su figura pública. Gerard Piguillem (Marcos Franz) que afronta el divorcio de sus padres, su apego a la madre y está inseguro de su performance con las chicas. Iván Blasco (Pau Poch) que ha abandonado la escuela por una neurosis social que le impide relacionarse con las y los demás e incluso salir de casa. Joan Capdevila (Albert Baró) está luchando por tener el derecho de vivir su propia vida y no la vida del flamante abogado que su padre espera que sea.

Si bien hay otros personajes, son personajes menores frente al protagonismo que cobran estas seis historias, que de un modo u otro se reducen a la masculinidad, la lucha entre diferentes formas de entender lo que es ser hombre y los sufrimientos y conflictos que ello conlleva. O en otros casos, las disputas entre ellos por imponer o hacer predominar un modo de ser hombre. Varios de estos jóvenes, especialmente Pol y Joan, ven en Merlí el padre que no tienen o el que querrían tener. Gerard y Bruno, en cambio, están en disputa con lo que Merlí representa, con sus contradicciones como figura tutelar y con los vínculos afectivos que Merlí tiene con la madre de Bruno, su ex-esposa, y con la madre de Gerard, que se convertirá en su nueva pareja, en claros patrones edípicos.

Las mujeres

Si esperamos que los personajes femeninos sean tratados con el mismo interés y podamos también ver representados los dilemas de las mujeres, es inútil buscar eso entre Berta Prats (Candela Anton), Tània Illa (Elisabet Casanovas), Mònica de Villamore (Júlia Creus) y Laia (Mar del Hoyo). Dicho sea de paso, encontraremos solamente estereotipos y frivolidades que no hacen justicia a todos los problemas que las jóvenes enfrentan, especialmente durante su adolescencia. Y en muchos casos, el desarrollo de las masculinidades en disputa va a presentarse en relación directa con el sometimiento de las mujeres.

El “problema” de Berta es que es una joven vacía, nada le interesa, nada le apasiona, al punto de inventarse problemas para llamar la atención. Como es bonita, la sexualidad es uno de los caminos de sus búsquedas, lo que lleva a presentarla, en el primer capítulo, como vengativa y mentirosa al hacer creer que está embarazada para mantener a Pol con ella. Es posible que la banalidad sea un problema para algunas adolescentes, ¿pero es tan generalizado como para protagonizar el dilema de uno de los personajes femeninos de la serie? En cambio, el embarazo adolescente sí es un problema que ha ido en aumento en los últimos años en todos los países latinoamericanos, con repercusiones graves para las jóvenes -demasiado inmaduras para ser madres-, para las criaturas que tendrán -pues usualmente son madres solteras-, para las familias y la sociedad en su conjunto. Pero aquí el embarazo más que un problema se sugiere como un arma de las mujeres contra los (pobres) hombres.

Laia es la profesora de inglés, joven y guapa, que en el primer capítulo Merlí (dos minutos después de entrar al instituto) intenta seducir. Ella es pareja del profesor de educación física, Albert (Rubén de Eguía), y le dice claramente a Merlí que no está interesada en él cuando éste intenta propasarse, sin conocerla y aún después de saber que Albert es su pareja. Laia no sólo le dice a Merlí que No, se lo grita en la cara con indignación. Dos minutos después, al día siguiente en el tiempo de la historia, Merlí le trae un cachorrito y ella termina invitándolo a su casa y follando con él en su propia sala. ¿Cuál es el mensaje? Las mujeres dicen no, pero en realidad quieren decir que sí, ¿han oído eso antes?

Tania está en busca de un chico que no encuentra y se siente gorda. Ella es amiga de todas y todos los demás y por tanto tiene mucho protagonismo en ese sentido, pero ella no desarrolla una trama específica. A su vez, en algún momento han mostrado disputas entre Tania y Berta por un chico que le interesa a Tania, Marc Vilaseca (Adrian Grösser). Aunque el problema se resuelve, la representación de la amistad entre mujeres se muestra dependiente de los chicos, en vez de promover lazos solidarios.

Estos ejemplos creo que son lo suficientemente ilustrativos para dejar establecido que el tratamiento de los personajes femeninos no sólo es superficial, sino que está poblado de los estereotipos más ridículos y peligrosos, porque parten del supuesto de que las mujeres no son de fiar, ni se debe creer en lo que dicen, justamente los pilares que subyacen a la concepción de la mujer como un objeto y a la violencia ejercida sobre ella. Dicho sea de paso, la violencia es otro de los problemas endémicos que nuestra sociedad sufre, con cifras de feminicidio en aumento y formas de matar cada vez más cruentas y emblemáticas, que la serie antes de combatir, promueve con una visión sexualizada de la mujer.

La sexualidad femenina

Lo más chocante es quizá el inicio de la serie. Merlí, como buen macho alfa, al llegar al instituto, un nuevo territorio para él, lleno de otros machos a los que debe imponerles su superioridad, decide dejar ésta establecida por medio de la sexualidad. Es así como se desarrollan los hechos que ya comenté en relación con Laia, que él conquista (de la manera más burda e inverosímil), pero que una vez conquistada abandona, marcando así la típica visión de la mujer como una presa, que una vez obtenida pierde todo valor.

Debemos suponer, como algo bueno, que Laia se interesa por Merlí por su inteligencia, dado que es mayor, medio calvo y en poca forma, lo que contrasta especialmente con la pareja de Laia, profesor de educación física, que es joven y esbelto. En todo caso, se sugiere que la inteligencia es más importante que el físico, que lo corporal debe someterse a la mente, la filosofía representada en su profesor Merlí. Este mismo esquema deberá servirnos para entender que Merlí conquiste a dos mujeres más en la primera temporada, mujeres guapas e inteligentes que tienen un urgente deseo por él. Es especialmente sintomático que estas mujeres sean las madres de sus alumnos y especialmente sintomático en el caso de Miriam, la mamá de Iván, a quien Merlí cura de su neurosis social, por lo que Miriam le paga aparte las visitas que hace a su casa. Sin embargo, el abrupto encuentro sexual entre ellos parece sugerir que no sólo con dinero ella paga estos favores, sino también con su cuerpo, aunque lo haga voluntaria y alegremente, hay una peligrosa sugerencia de que todas las mujeres que pueblan el universo de Merlí son posibles objetos sexuales suyos. Y también la discrepancia entre Merlí y ellas deja claro que la mente importa en los hombres, pero en las mujeres lo que importa es el físico: jóvenes, guapas, delgadas.

Pero lo más lamentable es el capítulo en el que se difunde un vídeo de Mónica en pleno acto sexual. Aunque la indignación embarga a algunos pocos, el vídeo es visto por todo el instituto. Toni (Pau Durà), el director del instituto, habla en cada clase para invocar la solidaridad y camaradería del alumnado con su compañera Mónica y para pedirles que no vean ni difundan el vídeo. Evidentemente su pedido es inútil. La serie aborda un tema muy complejo que resuelve tachando a Mónica de ingenua y haciendo de esa una lección de vida. Pero nadie dirige la atención al verdadero culpable, el ex-novio de Mónica que la viene acosando sexualmente y que difunde un vídeo privado, traicionando no sólo su confianza, sino su privacidad. Considerando, además, que él es mayor que ella y que Mónica es menor de edad, estamos hablando de un delito que puede ser judicializable. Nadie levanta voces sobre la inmoralidad ni la violencia de ese acto, dejando descansar la culpa en Mónica quien ejerció su sexualidad como cualquier otra persona. Así, es la sexualidad de Mónica lo que se cuestiona y se deja libre de todo reproche al verdadero culpable de los hechos.

En resumen, si bien me parece Merlí una serie muy interesante que quiere proponer formas de enseñanza nuevas y estimulantes, ésta nos muestra también los riesgos de olvidar una perspectiva de género, que terminan en consolidar una visión de la mujer misógina. Ojalá que con el mismo interés con que han planificado los tópicos se preocuparan por promover formas de ver a las mujeres nuevas y alentadoras.

 

Bethsabé Huamán

REFERENCIA CURRICULAR

Bethsabé Huamán Andía es Crítica de cine y crítica literaria. Escritora y Feminista. Licenciada en literatura, magister en estudios de género y estudiante del programa de doctorado en español y portugués en la Universidad de Tulane, Nueva Orleans.

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