Revista con la A

26 de septiembre de 2017
Número coordinado por:
Rosario Segura Graiño
53

Los estudios feministas, de las mujeres y de género en el estado español

Editorial

Como a estas alturas la mayor parte de lectoras y lectores de con la A seguro que tienen claro, el género es un constructo cultural y social que asigna a mujeres y hombres diferentes características (sociales, culturales, políticas, psicológicas, jurídicas, económicas, etc.) desde el momento de nacer, sin que las personas puedan decidir respecto a ellas, y en torno a las cuales se organiza el entramado social, que varía, como podemos observar a través de la historia, en función de los intereses de la clase dominante, en el poder, atribuyendo a unos y otras determinados rasgos psicológicos, sociales y culturales diferenciados y designados como “masculino” o “femenino” en función del sexo de las personas, mediante la educación, el uso del lenguaje, la familia, las instituciones, la religión, los Mass Media, etc. Pero, además, el género es una categoría de análisis que nos permite estudiar distintos aspectos de la realidad, cualquiera que esta sea, desde perspectivas diferentes y encontrar distintas soluciones a los problemas, ya que debido a la división sexual del trabajo impuesta por el patriarcado, que ha determinado a las mujeres como cuidadoras universales, unas y otros hemos desarrollado distintas maneras de enfocar determinadas situaciones y de relacionarnos con nuestro entorno. La situación de las mujeres sabemos que está marcada por la opresión y los límites impuestos por una sociedad sexista. Sin embargo, dentro de los límites impuestos, el hecho de haber tenido (y tener) la responsabilidad de cuidar, en particular a las personas de nuestro entorno, nos permite elevar la mirada y limitar el afán depredador que parece ser constitutivo del ser humano, mayormente del ser humano varón, porque mujeres depredadoras sin duda las hay, pero los porcentajes son tan pequeños e insignificantes que nos cuesta encontrar modelos de referencia. Es probable que esto suceda porque carecemos de poder y que las mujeres depredadoras que nos vengan a la mente sean aquellas que han realizado la metamorfosis de masculinización para alcanzar el poder y así ser considerada “uno -y digo uno- de los suyos”. De la misma manera encontramos hombres -pocos aunque cada vez van incorporándose más a las filas de los cuidados- que han hecho el camino inverso, deconstruyendo lo peor de su modelo de referencia, androcéntrico y patriarcal. Por todo ello, podemos observar que temas como el cambio climático, que vertebra este número de con la A, también está afectado por la perspectiva de género y que mientras no se aborde desde la mirada de los cuidados, tal y como señalan las articulistas de este número, no habrá solución posible.

Alicia Gil Gómez

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