Revista con la A

26 de septiembre de 2017
Número coordinado por:
Rosario Segura Graiño
53

Los estudios feministas, de las mujeres y de género en el estado español

Violencia y juventudes en el país de las fosas

Irma Saucedo

Irma Saucedo González

Para un país lleno de violaciones de Derechos Humanos, es bueno que el mundo esté atento

Solamente hay una vibración
Tupida de lágrimas
Un largo grito
Donde nos hemos confundido
Los vivos y los muertos
(David Huerta)

Es imposible escribir sobre las y los jóvenes mexicanos sin tener como escenario los recientes acontecimientos en Ayotzinapa. El informe del Procurador General de la República el viernes 7 de noviembre ha sido la noticia central en todos los diarios:

“Normalistas fueron asesinados y calcinados…”

El país entero se ha conmocionado por esta noticia y el mundo está atento. Para un país lleno de violaciones de Derechos Humanos, es bueno que el mundo esté atento.

Y sin embargo, existen muchas preguntas que habrá que hacer-nos sobre cómo y por qué puede suceder un horror como éste en el país donde, aparentemente, se está avanzando con medidas importantes para el desarrollo económico y para lo que se ha dado en llamar “democracia”.

Vale la pena recordar dos o tres cosas del proceso de desarrollo mundial para situarnos aunque sea a riesgo de simplificar procesos más complejos: estamos en un cambio definitivo de modo de producción. En el mundo, la mano de obra ya no es tan necesaria como lo fue en la etapa anterior y, por tanto, ningún país en el orbe podrá crecer lo suficiente como para proveer espacios asalariados para las nuevas generaciones. Eso es un hecho. La diferencia de este impacto en países como México (mal llamado emergente [1]) tiene que ver con la pirámide de edad de su población.

El país no ha logrado resolver los retos centrales de este momento histórico: generar condiciones para el desarrollo incluyente de todas las juventudes

En México, hace aproximadamente 20 años los demógrafos mexicanos hablaban del “bono demográfico” para referirse a la entrada de millones de jóvenes a la etapa productiva que, bajo otras circunstancias, habría contribuido al crecimiento y productividad del país. Pero, desde hace una década, el “bono” se ha convertido en carga, en problema para el Estado Mexicano. México cuenta actualmente con una amplia y diversa población juvenil que representa la mayoría de la población. No obstante, el bono demográfico2 se ha transformado más bien en un costo generacional, en tanto el país no ha logrado resolver los retos centrales de este momento histórico: generar condiciones para el desarrollo incluyente de todas las juventudes y abrir espacios para que, las y los jóvenes, se desarrollen sin violencia y contribuyan a la consolidación de la democracia, el desarrollo equitativo y la paz.

El Estado Mexicano [2] no tiene capacidad o deseo de diseñar políticas públicas para el futuro; no ha contado con especialistas que muestren cómo aprovechar de la mejor manera el cambio poblacional o para enfrentar la violencia que asola a las comunidades de la mayor parte del país. Esto es así porque quienes manejan las principales instituciones son políticos que, ante la ciudadanía, simulan acciones y manejan las instituciones sobre la base de un discurso político que garantice la permanencia de su partido en el poder.

El Estado mexicano se ha movido al lugar más peligroso: el lugar de la etiquetación y criminalización de la juventud. Esto ha sido posible gracias al miedo creado con un discurso de seguridad y lucha contra el narcotráfico iniciado con el ex presidente Felipe Calderón y continuado por el hoy presidente Enrique Peña Nieto.

La razón es, quizá, más simple de lo que imaginamos: prepararse para aprovechar el bono generacional significaba crear escuelas básicas, media y superior por todo el país para preparar a las y los jóvenes para el espacio asalariado y, por supuesto, diseñar las alternativas técnicas de salida para poder contener la presión que una población desempleada representa. En vez de hacer esto, el Estado Mexicano decidió usar el dinero de las y los contribuyentes en proyectos mal diseñados, corrupción, y el aparato de elección más costoso de la historia. Lo paradójico es que no se ha avanzado en la democracia y sí en la ampliación de la cultura política del PRI que ahora permea a todos los partidos que contenderán en el 2015 en las elecciones.

Ayotzinapa ha develado la realidad del país a su ciudadanía y al mundo.

En este contexto, los temas relacionados con la juventud no sólo se analizan de manera sesgada sino que construyen estereotipos que estigmatizan, marginalizan y criminalizan a las y los jóvenes. Dos ejemplos son los temas relacionados con el acceso a la educación y la exposición a la violencia. En cuanto al acceso a la educación, se ha popularizado el término NINIS para etiquetar a jóvenes que no estudian, ni trabajan. El término utilizado, en principio, hace recaer el problema sobre los sujetos marginados al sugerir que “no quieren ni estudiar, ni trabajar”. La evidencia muestra, cuando menos, que el cambio demográfico de nuestra población ha tenido como resultado un grupo enorme de jóvenes que no tienen acceso a la educación y/o al trabajo porque no existe oferta ni espacios para absorberlos.

En cuanto a la violencia, los hombres jóvenes son las principales víctimas, pero también los principales victimarios. Sin embargo, en el caso de las mujeres la tendencia no es tan clara. Las jóvenes experimentan un incremento de victimización debido a los asesinatos y violaciones y al mismo tiempo tienden a un mayor involucramiento en algunas actividades relacionadas con el narcotráfico. Las causas de estos fenómenos, aparentemente contradictorios, son multifactoriales e incluyen tanto la persistencia de la pobreza y la falta de empleos, como la captación de jóvenes que el crimen organizado realiza en comunidades empobrecidas y/o marginales.

En México, como manifiestan algunos especialistas en el tema, un importante número de jóvenes mexicanos vive con desesperanza, lo que se traduce en desvalorización y en una suerte de anomia social. Expertos, como González Casanova, sostienen que las demandas más importantes de este sector son educación y empleo, frente a una situación económica de crisis que paulatinamente limita sus expectativas de cara al futuro y considera que la violencia de la sociedad en que vivimos tiene que ver, en buena medida, con todo lo que no se ha hecho por los jóvenes [3].

Las juventudes mexicanas se encuentran en un punto crítico para el que es necesaria una visión adecuada acerca de su rol protagónico en la consecución del bienestar y el desarrollo. Sin embargo, las condiciones económicas, políticas y culturales bloquean las oportunidades para las y los jóvenes y se requiere construir un conocimiento más completo sobre cómo actuar frente a esta problemática.

Sin duda, el presente es una época de incertidumbre para la población joven de México. Pero también debe ser un momento de reflexión ciudadana sobre lo que estamos haciendo para salvar a nuestras y nuestros hijos del país que les heredamos.

A los y los jóvenes les toca construir su futuro.

NOTAS

[1] Antes eran denominados “subdesarrollados”. El nombre cambia, pero la realidad no. Estos países tendrán un largo camino; o, un camino inexistente al desarrollo de países capitalistas como Estados Unidos o la Gran Bretaña.

[2] El Estado Mexicano ahora está en manos de tres partidos: el PRI, el PAN y el PRD. El PAN controló la presidencia por 12 años primero con Vicente Fox y después con Felipe Calderón. Actualmente el PRI controla la presidencia.

[3] Jóvenes mexicanos viven en la desesperanza alerta especialista. Periódico El Universal, miércoles 12 de agosto de 2009.

http://www.el-universal.com.mx/notas/618936.html

 

REFERENCIA CURRICULAR

Irma Saucedo González es feminista y Socióloga. Ha sido profesora en El Colegio de México, la Universidad Jaume I de Castellón, El Instituto Nacional de Psiquiatría en México y la Universidad Autónoma Metropolitana- Xochimilco. Actualmente es Directora de Corpórea, S.C.

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