Revista con la A

25 de julio de 2017
Número coordinado por:
Bethsabé Huamán
52

Presidentas: Las mujeres en el poder

Recordando a Elena Urrutia

El viernes 30 de octubre, por la noche, abrí mi correo y me encontré con la noticia del fallecimiento de Elena Urrutia. Estaba en Morelia para asistir a algunas funciones del festival de cine de este año, 2015. Lo primero que vino a mi mente fue la imagen de Elena recibiéndome en su casa en el verano de 1981

El viernes 30 de octubre, por la noche, abrí mi correo y me encontré con la noticia del fallecimiento de Elena Urrutia. Estaba en Morelia para asistir a algunas funciones del festival de cine de este año, 2015. Lo primero que vino a mi mente fue la imagen de Elena recibiéndome en su casa en el verano de 1981. Yo había ayudado a organizar un curso de actualización para estudiantes del Programa de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Illinois y tenía como proyecto personal entrevistar a feministas mexicanas para publicar algo sobre ellas en Chicago. Una de las primeras mujeres que quería entrevistar era a Elena porque ella había tomado la dirección de la Revista Fem y a mí me interesaba saber sobre ella, el movimiento feminista y sus publicaciones.

La recuerdo sonriente y dispuesta a conversar, pero no a ser grabada en una entrevista formal. Para mí fue una sorpresa y un grato momento porque además de saber más sobre Elena y la revista me encontré conversando sobre mí: la vida, la migración, el estatus de minoría en los Estados Unidos y, sobre todo, mi mirada sobre el papel de las mujeres mexicanas en Chicago. Curiosamente, la entrevista giró a un lugar que no esperaba, el interés de Elena por el mundo de las chicanas y la experiencia de un movimiento que, en ese momento, mezclaba demandas de igualdad para el ingreso a la universidad de Illinois con el trabajo con mujeres maltratadas en el barrio de Pilsen [1].

El sábado 31 le comenté a mi hermano sobre su muerte. Rafael la había conocido en Chicago y desde entonces cada vez que me encontraba con Elena me preguntaba por él y le mandaba saludos. Curiosamente ya había comprado boletos para ver la película “Suffragette”, que se presentó en el festival. Entre bromas, mis hermanos dijeron que los “obligaba” a ver una película de “viejas revoltosas”. Cuando los vi llorar en la película, me sorprendí y, satisfecha, les dije: “Como vieron, la historia es importante”. Más allá del valor mismo de la película, me sorprendió gratamente ver que el film había logrado transmitir el valor y la importancia de las sufragistas inglesas para ganar el derecho al voto.    

Elena seguía en mi recuerdo. Recordé que desarrollamos una amistad que continuó a través de mi “repatriación” a México y mi periodo como investigadora en el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer en El Colegio de México. Recuerdo muchas cosas, pero me vienen a la mente los recuerdos íntimos: después de nuestra entrevista, una invitación a visitar Chicago llevó a su conocimiento de las mujeres chicanas en el barrio de la calle 18 (la recuerdo sentada en Casa Aztlán escuchando las experiencias de mexicanas y chicanas); la recuerdo visitando la Universidad de Illinois, reconociendo el trabajo que habíamos hecho para instalar un programa de estudios en la universidad de Illinois; la recuerdo conversando en mi departamento de la calle Whipple. De ese encuentro surgió la idea de hacer un número de Fem sobre chicanas y ayudé a preparar la convocatoria y mandar los artículos propuestos. Cada vez que nos encontrábamos, inevitablemente la conversación terminaba con temas sobre el feminismo… nuestras pequeñas y grandes luchas.

Elena Urrutia

Elena Urrutia

Cuando regresé a México, en 1986, me encontré con Elena y un feminismo activo y partícipe del movimiento de reconstrucción de la ciudad después del terremoto de 1985. Y, por supuesto, los debates y conflictos ente los feminismos con diferentes “apellidos”. Había feministas de la diferencia, independientes, trabajadoras, burguesas, populares, etc. etc.

A Elena y el PIEM se les veía desde la “trinchera popular” como burguesas y académicas, adjetivos que, para muchas feministas, eran sinónimos. Yo me identificaba como feminista “de color”, independiente, socialista. Seguramente estos términos no hagan mucho sentido ahora para las jóvenes feministas en el país, pero en esa época representaban tendencias, ideas, acciones, conflictos… odios y amores.

Cada quien tendrá una perspectiva particular de lo que quiera enfatizar en la trayectoria de una persona como Elena. Yo me quedo con aquélla con la que compartí muchos años de debates sobre lo que se tenía que hacer en México para mejorar la condición de las mujeres. Las diferencias siempre estuvieron presentes, pero también el respeto.

En este momento que la recuerdo, estoy convencida que hay que darle el reconocimiento que se merece por su contribución a la revolución más larga de la historia de la humanidad: el feminismo. Se dice fácil, pero Elena abrió un espacio fundamental de investigación y debate de la sociedad mexicana. Fundó, en 1983, el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (PIEM) en El Colegio de México, una verdadera innovación al introducir en la academia un campo de estudio dedicado a la mujer con la finalidad de formar investigadoras desde una perspectiva de género. Quienes hemos pasado por ese espacio sabemos de los largos y tediosos debates con los colegas de otras disciplinas y las autoridades de El Colegio para aprobar la formación de una maestría, un doctorado.

Probablemente, en algunos años muchas personas se preguntarán el porqué de tanta resistencia en una institución como El Colegio de México para crear un espacio de calidad para investigar y construir conocimiento sobre los factores que siguen impidiendo la equidad e igualdad entre mujeres y hombres en nuestro país. ¡Pareciera tan obvio! Y, sin embargo, no lo es.

La diferencia sexual sigue siendo un marcador de desventaja para la biografía de las niñas en nuestro país y ya es tiempo que la sociedad en su conjunto lo reconozca.

Actualmente muchas personas ven como lejano el hecho de que las mujeres no tuviéramos derechos políticos y no pudiéramos votar o ser elegidas para cargos públicos. Nos olvidamos que tuvo que existir el movimiento sufragista para que ese derecho fuera reconocido y legitimado. La historia, memoria, y el reconocimiento de las mujeres específicas que han contribuido al cambio es importante.

Elena Urrutia se hizo acreedora a muchas distinciones. Las feministas mexicanas, y las interesadas en la historia de los avances de la mujer en México, tenemos que reconocer y recordar que Elena fue pionera del feminismo y fiel a su compromiso con el estudio y la investigación feminista.

Sabemos que siguen existiendo múltiples malestares por las limitaciones en el ejercicio de nuestras libertades y que la igualdad proclamada en las leyes, las constituciones y los acuerdos internacionales están lejos de ser parte de nuestras vidas cotidianas. Sabemos también que en México asesinan a mujeres impunemente, que el gobierno, las autoridades y la sociedad, desafortunadamente, naturalizan el fenómeno. Sabemos que somos parte de la revolución más larga y compleja de la humanidad que sigue su curso y que, en ese proceso, hay que recordar siempre a quienes, como Elena, contribuyeron con su pasión y trabajo a nuestro convencimiento de que otro mundo es posible.

NOTAS:

[1] Pilsen es el barrio mexicano más antiguo de la ciudad de Chicago y tiene su centro en la calle 18 que, en el año 2015, representa un espacio culturalmente atractivo para toda la ciudad.

Irma Saucedo

REFERENCIA CURRICULAR

Irma Saucedo González es feminista y Socióloga. Ha sido profesora en El Colegio de México, la Universidad Jaume I de Castellón, El Instituto Nacional de Psiquiatría en México y la Universidad Autónoma Metropolitana – Xochimilco. Actualmente es Directora de Corpórea, S.C.

 

 

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