Revista con la A

25 de julio de 2017
Número coordinado por:
Bethsabé Huamán
52

Presidentas: Las mujeres en el poder

Performanceras y Dadaístas

teatreras

Emmy Hennings

El performance y el teatro tienen en común que ambos ocurren en un espacio tiempo concreto, ante los ojos de las y los espectadores, dejando solo resto en la memoria de quienes lo presenciaron.

Josefina Alcázar (feminista mexicana, investigadora del Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli -CITRU-), en su artículo “Mujeres y performance: el cuerpo como soporte” señala:

“El cuerpo de la artista de performance es el soporte de la obra, su cuerpo se convierte en la materia prima con que experimenta, explora, cuestiona y transforma. El cuerpo es tanto herramienta como producto. El performance es un género que permite a las artistas buscar una definición de su cuerpo y su sexualidad sin tener que pasar por el tamiz de la mirada masculina. Al tomar elementos de la vida cotidiana como material de su trabajo, el performance permite que las performanceras exploren su problemática personal, política, económica y social (…) En el performance las artistas se presentan a sí mismas, es la acción en tiempo real, convirtiendo su cuerpo en significado y significante, en objeto y sujeto de la acción. El performance permite la experiencia del momento, del instante, es un arte donde la inmediatez adquiere   significado”. Prosigue Josefina Alcázar: “La performancera Lorena Wolffer comenta: ‘Mi elección por el performance por transformarme en objeto y sujeto de la obra artística conllevaba un deseo de una inmediatez y de una confrontación directa con mi público; implicaba pues la relación no mediada entre artista y espectador que yo buscaba.’”

Lorena Wolffer

Lorena Wolffer

Pero ¿Cuál es el antecedente del performance? La respuesta está en el Dadaísmo, movimiento cultural y artístico que, en 1916, se pergeñó en el Cabaret Voltaire, en Zúrich, Suiza, de la mano de Emmy Hennings y su marido, Hugo Ball.

Las principales características del teatro Dadá -y por ende del Dadaísmo- son su rebelión contra las convenciones artísticas, su ruptura del lenguaje y las convenciones teatrales, su burla del teatro burgués… Decir Dadá es decir provocación, es negar los cánones establecidos dentro de todas las facetas del arte, de ahí su deriva en los performances de hoy.

Si bien los representantes del movimiento Dadá que recogen los anales del arte son varones -en esto el Dadadísmo no se ha diferenciado del resto de expresiones artísticas-, ha habido mujeres que participaron en su creación y en su puesta en escena.

Además de la mencionada Emmy Hennings, bailarina y performer de marionetas, también cantante y escritora, queremos recordar a otra precursora del Dadá, Sophie Taeuber, bailarina del Cabaret Voltaire quien, en 1918, diseñó marionetas y sets para un evento de König Hirsch, de Carlo Gozzi…

Por más que se empeñe la crítica sexista que oculta las aportaciones de las mujeres en cualquier faceta de la vida, las mujeres hemos estado y seguimos estando en todas las manifestaciones humanas, no en vano somos más de la mitad de la humanidad…

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