Revista con la A

26 de septiembre de 2017
Número coordinado por:
Rosario Segura Graiño
53

Los estudios feministas, de las mujeres y de género en el estado español

Hasta la guerra que viene

“¡No soporta usted la injusticia! Tiene razón, pero, ¿por cuánto tiempo? ¿Por cuánto tiempo no soporta usted la injusticia? ¿Una hora o dos? Vea, eso no se lo ha preguntado usted, y eso es lo más importante. Como que, en el cepo, resulta muy triste descubrir que, de pronto, se soporta la injusticia”

“Si uno oye hablar a los grandes señores, parecería que sólo hacen las guerras por temor de Dios y por todo lo que es bueno y hermoso. Pero si te fijas bien, resulta que no son tan necios, y que hacen la guerra por el beneficio propio. Y la gente pequeña como yo tampoco se movería, si no fuese por eso.

Decid lo que queráis: para mí no hay como la guerra. Dicen que extermina a los débiles; pero ésos también perecen en la paz. Con unos años más que dure ésta, hasta que se hayan metido todos los países, hago mis buenos negocios.

¡La paz me rompe la crisma! No me diga que estalló la paz ahora que compré mercaderías nuevas. Si la guerra termina las puedo arrojar a la calle; ahora se dispersarán todos y yo me quedo con mis petates estancados.”

Helene Weigel en Madre Coraje

Helene Weigel en Madre Coraje

Durante la Guerra de los Treinta Años Anne Fierling saca partido de la miseria de los soldados y campesinos, se mueve con astucia en el frente de guerra, cambalachea con armas, municiones, vituallas o pertrechos arrebatados a los muertos, cambia de bandera y de credo, engaña a católicos y protestantes, pelea su supervivencia y todos la conocen como la Coraje.

Los pobres necesitan coraje. El mero hecho de que echan hijos al mundo demuestra su coraje, puesto que no tienen ningún futuro. El uno será verdugo del otro, se van a matar mutuamente, y si entonces quieren mirarse a las caras necesitan coraje, ¡y cuánto! El que toleren a un Emperador o a un Papa demuestra un coraje espantoso, como que eso les cuesta la vida.

Es una guerra en que se extorsiona, se saquea y se acuchilla -amén de violar un poquillo-: pero se distingue de otras guerras por ser una guerra de Religión. Y por eso es grata a Dios. Eso es claro.

Ella quiere engordar con la guerra sin tener que rendirle tributo. Antepone el negocio a cualquier cosa.

Se muestra insensible al desolado paisaje que la rodea, (¿no os suena eso? ¿esa apatía con la que vemos continuamente imágenes de la destrucción humana?)

Saca partido de la guerra. Pero la guerra siempre gana. El que quiera almorzar con el diablo debe tener cuchara larga.

El primer hijo se lo arrebatan mientras ella se distrae cicateando el precio de un cinturón a los mismos soldados con los que peleaba para que no le reclutaran. Por no perder unos céntimos en la venta, pierde a un hijo.

Al segundo lo fusilan mientras regatea con el dinero que podría salvarlo. Piensa que no lo van a matar pues todo es negociable: “Creo que van a soltarle. A Dios gracias, son venales. Después de todo, no son lobos: son humanos y corren tras el dinero. La venalidad en los hombres es lo mismo que la misericordia en Dios. La venalidad es nuestra última probabilidad. Mientras exista, habrá sentencias benignas, y hasta los inocentes podrán salvarse en el Tribunal”. Pero alarga demasiado el regateo, y lo matan. Queda sola con la hija, muda desde que, siendo una niña, un soldado “le metió algo en la boca”. (Ay!)

Al revés que su madre, Catalina sufre con el dolor ajeno: “Tiene miedo a la guerra. No la soporta. ¡Los ensueños que imagino debe tener!… De noche la oigo gemir. Sobre todo, después de las batallas. Las cosas que ha de ver en sus pesadillas. Es de las que sufren de compasión”.

Esa compasión la empuja a exponer su vida en un acto heroico que evita la muerte de muchos civiles, y es asesinada por el ejército.

Madre Coraje roza la locura, acunando a su hija muerta… “Ahora duerme. Estoy contenta de que se haya dormido”.

Deja a unos campesinos el cuerpo de su hija para que lo entierren. Se unce al carro y sigue su negocio, sola.

Madre Coraje y sus hijos es una de las grandes obras de Bertolt Brecht. Escrita en 1939 y estrenada en Zurich el 19 de abril de 1941. Brecht la revisó y dirigió para el Berliner Ensemble en Berlín, en 1949, con música de Paul Dessau. La ambienta en la Guerra de los 30 años, que se desarrolló en el mismo paisaje en que se desplegaba, en ese momento, la Segunda Guerra Mundial. Se inspiró en la novela del siglo XVII “La pícara coraje”, de Hans Jacob Christoph von Grimmelshausen.

La obra ha sido muchas veces representada en todo el mundo.

Si queréis ver un documento impresionante, existe la película dirigida por Peter Palitzsch en 1961, con el Berliner Ensenble, película protagonizada por Helene Weigel, segunda mujer de Brecht.

Ha dado lugar a varias películas más, hay una producción cubana, dirigida por Kiki Álvarez. Y otra protagonizada por Sofía Loren de los años 80.

El texto es accesible gratis en PDF, en internet.

Pero recomiendo la estupenda versión de Buero Vallejo, editada en 1967 por Alfil, y posteriormente por el Ministerio de Cultura. Puede adquirirse, muy económica, en la red.

“Enfrentémonos con Ana Fierling y con sus hijos. Con sus hijos, que mueren, como podrían morir los nuestros, en una guerra, y con ella, que nos enseñe a todos la terrible mezcla de humanidad y de egoísmo a que pueden llegar las personas que no mueren en la guerra y han de sufrir las más penosas deformaciones bajo la presión implacable de un mundo injusto y torpe”. (Antonio Buero Vallejo)

 

REFERENCIA CURRICULAR:

isarequena

Isabel Requena es actriz. Estudió Arte Dramático en el Conservatorio de Valencia y en la Universidad Internacional de Teatro, en Lugano, Suiza; en Le Circ Divers, en Lieja, Bélgica y durante su larga vida profesional se ha ido formando en Técnicas de Voz, Expresión Corporal, Interpretación, Técnica de Clown, Técnica Alexandre, etc. con las y los mejores profesionales: Rafa García, Maria José Peris, TEC de Cali, Colombia, Cristina Castrillo, Libre Teatro Libre (Argentina), J.P. Michel, Rafa Calatayud, J. Mac Callion, Michel López, Konrad Sziedrich, José Luis Cuerda,… En el ámbito de las Artes Escénicas ha “tocado” todos los palillos: ha hecho cine, televisión, ha sido actriz de doblaje, realizado cortometrajes, dirigido distintas obras y es autora de las obras “La última cena”, “Letra gorda”, “Llamar” y “Un sopar de compromía” (estas dos últimas como coautora). Isabel es, en definitiva, una mujer de teatro comprometida con la Cultura en general y con las Artes Escénicas en particular.

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