Revista con la A

25 de julio de 2018
Número coordinado por:
Violeta Doval Hernández
58

Mujeres de Túnez en primera línea de la revolución árabe

De la invisibilidad a la igualdad

Zohra Bouguerra

Túnez está recibiendo también mujeres migrantes, principalmente de Costa de Marfil. Estas mujeres a menudo trabajan en el sector doméstico y no conocen el idioma, la forma de vida o la legislación del país, por lo que se encuentran en una situación de gran vulnerabilidad a todo tipo de abuso y explotación por parte del empleador

Zohra Bouguerra nació en Túnez capital hace 43 años. Socióloga y periodista, estudió ambas carreras en Túnez y colabora desde muy joven en la organización feminista AFTURD (Asociación de Mujeres Tunecinas para la Investigación y el Desarrollo). Ha trabajado para el Ministerio de Agricultura de Túnez y la Oficina de Estudios sobre la Mujer, CREDIF [1]. Ha realizado formaciones en género y desarrollo rural en diferentes regiones del país, principalmente en la frontera con Argelia. Fue representante en Túnez de la cooperación japonesa, JIKA. Recientemente ha publicado el estudio, del que es autora, “Remu-limpieza en Túnez. La condición de las trabajadoras domésticas en cuestión” [2] con  ActionAid France.

 

V.D.- Zohra, felicidades por vuestro estudio, ¿podrías contarnos un poco sobre este trabajo?

Portada del estudio realizado por Zohra Bouguerra

Z.B.- Este es un estudio que se basa en entrevistas en profundidad con las trabajadoras domésticas en el área metropolitana de Túnez. Hicimos este estudio porque el trabajo doméstico ocupa hoy en nuestro país a unas 40.000 mujeres y prácticamente no está regulado por la legislación laboral tunecina. Por lo tanto sigue siendo informal y precario. Incluso emplea a menores, niñas de 10 años, que vienen de  áreas rurales del noroeste del país. Estas niñas en la mayoría de los casos se ven obligadas por la pobreza de sus familias a  abandonar la escuela y empezar a trabajar. Se trata de un estudio cualitativo que forma parte de una campaña  de Action “De la invisibilidad a la igualdad: defensa de los derechos de las mujeres en el trabajo” de la organización   ActionAid France, Pueblos Solidarios.

V.D.- ¿Es consciente la sociedad tunecina de esta problemática?

Z.B.- Poco a poco este tema se está conociendo en mayor medida gracias al trabajo de organizaciones como Afturd que hizo diferentes estudios y actos de protesta y visibilización en Túnez capital. El verano pasado, en julio 2017, hubo movilizaciones en la ciudad de Fernana, en Jendouba, por  el caso de varias menores empleadas en el servicio doméstico [3]. Gracias a todo esto, hoy en día, contamos con una nueva ley que permite que aquellos que emplean a menores en sus casas incurrán en prisión y tengan que pagar una multa (artículo 20 de la nueva Ley contra toda forma de Violencia contra la mujer).

V.D.- ¿Se trata en su mayoría de mujeres tunecinas?

Trabajadoras domésticas en Túnez

Z.B.- La muestra está compuesta por diecisiete mujeres que trabajan en la zona del Gran Túnez, de las cuales once son mujeres tunecinas y seis mujeres subsaharianas. Esto se explica porque, en los últimos años, Túnez está recibiendo también mujeres migrantes, principalmente de Costa de Marfil. Estas mujeres a menudo trabajan en el sector doméstico y no conocen el idioma, la forma de vida o la legislación del país, por lo que se encuentran en una situación de gran vulnerabilidad a todo tipo de abuso y explotación por parte del empleador. Muchas llegan en tramas de  trata de personas, y sufren todo tipo de abusos en el camino, desde violaciones, embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, etc.

V.D.- ¿Cuál era su nivel de estudios?

Z.B.- En la muestra, de las mujeres tunecinas 8 habían asistido a la escuela primaria, dos habían recibido formación profesional y 2 tenían estudios superiores. Parecida distribución entre las trabajadoras subsaharianas: 1 tenía educación superior, 2 habían hecho estudios secundarios y 1 era analfabeta. Dos tenían formación profesional en el sector de servicios. 

V.D.- ¿Qué destacarías de la situación que viven las trabajadoras domésticas?

Z.B.- Casi todas las entrevistadas no contaban con contrato ni con cobertura social. Las trabajadoras subsaharianas en situación irregular no están ni afiliadas a la Caja Nacional de Seguridad Social ni tienen seguro médico. Por ejemplo, una trabajadora de Costa de Marfil, que llevaba 3 años en una misma casa, cuando se quedó embarazada la despidieron. Para las tunecinas, muchas desconocían la obligación de la afiliación o los empleadores se negaban a hacer los trámites.

V.D.- En la publicación colabora también la Presidente de Afturd, Salwa Kennou, ¿cómo empezaste e trabajar y colaborar con la organización AFTURD?

Taller  de Género impartido por Zohra en Kibili, Túnez

Z.B.- Cuando estudiaba sociología, yo admiraba profundamente a algunas de mis profesoras de la Universidad, como la socióloga tunecina Dorra Mahfoudh, y ella me introdujo a Afturd. Para mí, las mujeres que integraban Afturd eran mi referente, mi ideal de mujer, no las mujeres de la moda, sino estas intelectuales que luchaban por la igualdad. Asistía a formaciones sobre la perspectiva de género, iba a sus reuniones, y me fui implicando cada vez más.

V.D.- Sabemos que trabajas en zonas rurales con tus talleres, ¿cómo es tu trabajo en esas áreas?

Z.B.- Cuando voy a terreno me comporto como una socióloga y trato a todo el mundo de la misma manera. Entro en los cafés dónde sólo hay hombres, me da igual, y ellos me tratan bien también. A veces dicen: tú eres Mohamed, como uno de nosotros. Actúo con todo el mundo igual, sin importarme lo que esperen. A veces veo en los ojos de las personas que me reciben atención o curiosidad sobre esta mujer con pelo rojo que viene de la capital, ¿cómo va a comportarse? Fui también candidata a las elecciones con listas independientes, y hablé con mucha gente. Fue muy interesante.

V.D.- ¿Cómo viviste la Revolución de 2011?

Z.B.- Yo estaba dentro de la Revolución, totalmente. Recuerdo que uno de los primeros días tuve una conversación con una amiga francesa de una organización internacional. Yo estaba entusiasmada y ella me ha dicho: “Sólo acaba de comenzar… no te ilusiones.” Y yo pensé, ¿qué pasa, por qué me apaga? Pero luego me di cuenta de que ella tenía razón.  Es verdad que hay logros, pero hay complejos que salen… como el ejemplo de mi hermano que elige una mujer con velo y con apenas educación… hay cosas que van hacia atrás. Además se ha instrumentalizado la imagen de la mujer, y Túnez no es eso, son nuevas imágenes falsas.

V.D.- ¿Qué crees que está pasando dentro de la sociedad tunecina?

Z.B.- Ahora la ciudadanía tunecina se siente como si estuviera desposeída porque antes Ben Ali era como el padre, no hacía falta pensar, sino que era un régimen paternalista. Ahora la ciudadanía tunecina se encuentra sola, se busca o se huye. Está desposeída, como sin ese apoyo y teniendo que valernos por nosotras y nosotros mismos y ahí surgen las cuestiones de identidad… El conflicto entre dos modelos religiosos diferentes: un modelo más conservador y otro más moderado.

En ese marco, creo que las mujeres están más evolucionadas y percibo a los hombres como si se sintieran desposeídos de su poder. Por ejemplo, cada vez que nosotras planteamos propuestas de mejora desde el Gobierno nos dicen: “Aún no es el momento…hay que esperar a que la sociedad esté más preparada”.  Y el tema de la herencia, por ejemplo el sindicato UGTT no estuvo en la marcha por la igualdad, no nos apoyó a las organizaciones feministas. Es como si hubiera  habido un conflicto entre el gobierno y la sociedad civil. Un momento en el que la sociedad civil no sabía cómo posicionarse, si dentro o en contra… en ese momento han crecido muchísimas organizaciones.

V.D.- ¿Crees que en medio de esas tensiones, están ganando los avances hacia mayores derechos?

Z.B.- Sí, ha habido logros importantes. Por ejemplo si hablo con amigas marroquíes sobre el proyecto de ley contra la violencia de Marruecos, aprobado recientemente ¡que es catastrófico! ¡Está contra la mujer! Por ejemplo, considera la violencia contra la mujer casi normal, porque los islamistas son la mayoría en el gobierno, y en casos de conflicto la ley obliga a la mujer ¡a volver a su casa! Es decir, que la mujer tunecina ha logrado cosas.

Pero también hay grupos de hombres, e incluso de mujeres, que salen a reivindicar la poligamia, diciendo que es mejor que sus maridos tengan una mujer mejor que una amante… y eso hace daño, porque tú eres una mujer y oír eso duele… o que vuelven a avalar el matrimonio religioso en lugar del civil…

Por otra parte, nuestro Presidente hizo su campaña diciendo que jamás se uniría al partido islamista Nahda, y en cuanto llegó al poder creó una alianza. Y otras hipocresías, como por ejemplo en las relaciones de nuestro país con Arabia Saudí ¿por qué hoy nadie habla de que Ben Ali está en Arabia Saudí, allí está también nuestra dignidad… cómo se ha ido? ¿Por qué las autoridades no nos lo han traído y explicado qué ha pasado?

Hay también hay un problema relacional social, la tasa de soltería que aumenta. Hay mujeres que dicen: lo esencial que es que mi marido duerma conmigo en mi casa, lo que haga durante el día da igual… sólo importa el matrimonio de cara a la sociedad… Yo estoy por las libertades… Necesitamos hacer una ruptura.

V.D.-  Cuéntanos un poco de tus orígenes, de tu infancia…

Z.B.- Viví la infancia en el centro de Túnez. Mi padre y mi madre eran de clase media. Mi padre tolerante, bastante cultivado, muy avanzado en sus pensamientos, mi hermano y yo tuvimos una educación casi igualitaria. Íbamos a una escuela francesa con las religiosas. Vivíamos en un apartamento con otra familia italiana abajo y eso me ha ayudado a tener una apertura de espíritu, porque bajábamos a menudo a su casa, veíamos otras costumbres… el alcohol, el hecho de que comían cerdo, etc. 

Mi madre era secretaria del Ministerio del Interior y mi padre ingeniero del Ministerio de Agricultura. Yo veía que mi padre con mi madre era poco autoritario. A veces mi madre vestía minifaldas y mi abuelo con el bastón se le acercaba y le decía ¡cúbrete! A mí me sorprendía lo libre que se vestía mi madre. En las fiestas comíamos todos juntos, no hombres y mujeres separadas.

Yo era muy disciplinada. Por ejemplo los domingos me iba a la biblioteca. A veces el guardián me decía que mi padre iba a controlar lo que yo hacía. Yo quería estar a la altura. Mi padre me decía siempre: “cuando pases por una calle con un café donde haya hombres, tú sigue, no te cambies de acera… sigue andando” Y siempre me llevaba a los cafés de hombres a tomar algo. MI padre tenía un espíritu crítico sobre la religión y sobre otras cosas que me aportó mucho. En nuestra casa siempre había debates… había una relación diferente que en otras casas. Era un libre pensador… me dejaba salir… Yo llevaba el pelo corto… cuando discutía me dejaba hablar…a veces me daba más dinero que a mi hermano…Tenía la sensibilidad de género.

Yo vivía en un medio cerrado entre la escuela, mi casa y un círculo pequeño de amigas, entonces yo creía que el mundo era así…Yo era amiga de todo el mundo… escuchaba y decía lo que pensaba…

V.D.-  ¿Qué destacarías de tus estudios de Sociología y Periodismo?

Z.B.- Yo quería hacer periodismo o sociología. Y finalmente me dieron la sociología. Pasé, los años universitarios, dedicada a cultivarme. No era por pasar los exámenes, lo esencial para mí era aprender. Mis amigas se preocupaban por conseguir un marido. Yo pensaba: “eso no es difícil, lo desafiante es aprender”. A mí no me interesaban los estudiantes. Me gustaban los escritores, los artistas…los profesores. Me interesaban los autores de los libros que leía, ese era el modelo de los hombres que me interesaban y pensaba “eso en Túnez no voy a encontrarlo”. Mientras abrieron la escuela de Periodismo, que estudié, ya con la especialidad Social, así que me he pasado y he realizado mi sueño de inicio. Además, periodismo aquí no da mucha base y de esta forma he visto una forma de complementariedad.

V.D.-  ¿Cómo fueron tus primeros trabajos?

Z.B.- Como mi padre trabajaba como ingeniero en el Ministerio de Agricultura, había un programa de agua y me contrataron. Pero cada día me sentía encerrada porque era muy administrativo… la gente no era nada interesante… todo era burocrático y era muy vertical… Pero si fue una oportunidad de perder un poco mi timidez, subirme al vehículo del Ministerio y viajar por ciertas zonas del país. Pero no pude aguantar ni un año. Cada día levantándome a la misma hora… como un robot, no podía.

En ese momento empecé a dar clases de francés, pero el bajo interés de las y los estudiantes me hizo entender que no era lo mío. Un día iba a coger el autobús, había una línea que me llevaba al Ministerio de Agricultura y otro que me llevará a la Facultad. Pensé: la primera línea que venga, elige mi destino. Y así fue que dejé el Ministerio y empecé a trabajar para el Centro de Investigación sobre la Mujer (CREDIF). Luego, con la Oficina de Estudios, empecé a trabajar en diferentes regiones, sobre todo en la frontera con Argelia, en Kessrine, haciendo formaciones con las comunidades. Allí encontré mi vocación: trabajar en las zonas rurales para apoyar a la mujer rural.

Entrevista realizada por Violeta Doval. Junio de 2018, en Túnez.

 

NOTAS:

[1] http://www.credif.org.tn/

[2] http://www.peuples-solidaires.org/sites/files/actionaid/etude-travailleuses-domestiques-tunisie.pdf

[3] La nueva Ley contra las Violencias hechas a las Mujeres, se adopta en Túnez en julio y entra en vigor el pasado 1 de febrero 2018. La nueva legislación extiende considerablemente la definición de la violencia hecha a la mujer, reconoce además de la violencia física, la violencia moral, sexual y la de la explotación económica. Penaliza el trabajo doméstico  de menores así como el salario desigual.

 

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