Revista con la A

22 de septiembre de 2022
Número coordinado por:
Lucía Melgar
83

Exiliadas españolas en América Latina

Urbanismo Feminista: transformando los espacios de vida radicalmente

COL·LECTIU PUNT 6, SSCL. Hace ya unos años que decidimos posicionarnos políticamente y decir las cosas por su nombre. Lo que hacemos es urbanismo feminista. Y tenemos que agradecer a Teresa del Valle su contribución directa a esta definición

En 2019 publicamos el libro titulado Urbanismo Feminista. Por una transformación radical de nuestros espacios de vida, en Virus Editorial. A lo largo de más de 15 años de recorrido hemos escrito diferentes textos, en formato guía o articulo académico, compartiendo conocimientos aprendidos a través de nuestra práctica, porque consideramos que el conocimiento es colectivo y acumulativo y hay que compartirlo y democratizarlo.

Hace ya unos años que decidimos posicionarnos políticamente y decir las cosas por su nombre. Lo que hacemos es urbanismo feminista. Y tenemos que agradecer a Teresa del Valle su contribución directa a esta definición, ya que cuando nos escuchó hablar de nuestro trabajo en un seminario en Barcelona, en 2011, nos dijo que nosotras estábamos haciendo feminismo y que deberíamos nombrarlo como tal sin tener miedo de hacerlo. Hacer urbanismo feminista no es sentido común, es visibilizar que han sido las feministas, desde los movimientos sociales y desde la academia, las que han trabajado para poner en el centro de las decisiones urbanas la vida de las personas y no el capital. Y también las que han visibilizado que las mujeres son las grandes expertas de nuestros pueblos y ciudades, porque continuamos siendo mayoritariamente las que sostenemos las vidas de muchas y muchos.

Las feministas, desde los movimientos sociales y desde la academia, han trabajado para poner en el centro de las decisiones urbanas la vida de las personas y no el capital

Utilizamos el género como una categoría de análisis para estudiar las desigualda­des sociales vinculadas con la construcción social del género. Sin embargo, la proliferación del uso del término «género», promovido después de la Conferencia de las Mujeres en Beijing, en 2005, por parte de diferentes instituciones y poderes públi­cos, no visibiliza la genealogía feminista que se encuentra de­trás de todos los avances y derechos ganados por las mujeres, además de que se ha utilizado para moderar el discurso, obvian­do el componente más reivindicativo que cuestiona el orden social y económico establecido, para evitar, de esta manera, re­chazos institucionales e individuales de sectores que conside­ran que el feminismo es un movimiento demasiado radical.

El urbanismo fe­minista es un posicionamiento y una herramienta política, ya que creemos que la configuración física y social de los espa­cios determina la realidad cotidiana de las personas en la ciu­dad, y que un enfoque feminista puede contribuir a una transformación social y física, rompiendo jerarquías y cam­biando realidades.

¿Para quiénes están pensadas nuestras ciudades y territorios?

La estructura y diseño de nuestras ciudades no son neutras, se conforman a partir de los valores hegemónicos en una sociedad que es capitalista, patriarcal y colonial, y en la que estos sistemas de retroalimentan entre sí.

La dominación patriarcal ha llevado a que las ciudades modernas se hayan pensado a partir de la división sexual del trabajo. Esta construcción cultural se consolida a partir de la Revolución Industrial en Europa y EEUU, y sitúa a los hombres y las actividades productivas en el espacio público, y a las mujeres y las actividades reproductivas y de cuidados, en el espacio doméstico. Muchas historiadoras, geógrafas y urbanistas feministas han demostrado que esta dicotomía es una falacia, puesto que las mujeres siempre han tenido presencia en el espacio público, la ubicación de tareas es mucho más compleja y diversa que esta segregación dualista y que, además, es una noción profundamente eurocéntrica y clasista.

La imposición de valores patriarcales ha llevado a que determinadas actividades sean consideradas socialmente más importantes, y esto está estrechamente vinculado con cuáles son las actividades a las que se les ha dado un valor económico y a cuáles no. Esto se materializa en ciudades que jerarquizan unas actividades y usos frente a otros, dedicándoles más espacio, mejores localizaciones y conectividad. Se priorizan las actividades vinculadas con lo productivo, adaptando espacios y tiempos para servir al capital, y el resto de actividades que hacemos en nuestro día a día (de cuidados y afectivas, personales, comunitarias) quedan relegadas a un segundo plano. Simultáneamente, las políticas neoliberales y los recortes en gasto y servicios públicos provocan grandes desequilibrios sociales que se concretan territorialmente en fenómenos como la mercantilización del espacio público, la especulación, la gentrificación y/o la turistificación.

En esta ciudad social y económicamente injusta, las características sociales como el género, la clase social, el ser una persona racializada, la identidad sexual, la diversidad funcional o la edad, entre otras, determinan los privilegios y las opresiones que experimentamos en nuestro día a día en el espacio urbano. La homogenización de sujetos genera injusticias cotidianas en el acceso a la vivienda, la falta de espacios públicos para la socialización o los cuidados, la restricción en los desplazamientos por percepción de inseguridad o el dominio del vehículo privado frente a la movilidad de las personas viandantes. Diversidad de necesidades que no son tenidas en cuenta porque se estandarizan las subjetividades a partir de la experiencia de un hombre blanco, de edad y clase media y sin diversidad funcional.

Contribuciones des del urbanismo feminista

Los espacios urbanos en los que desarrollamos nuestras vidas reproducen, legitiman y perpe­túan desigualdades y relaciones de poder que son estructurales. Por ello es necesario una aproximación des de una perspectiva de género interseccional que analice estas desigualdades y proponga transformaciones de nuestros entornos para garantizar el derecho a la ciudad para todas las personas, y en particular de las mujeres y disidencias que han sido históricamente excluidas e invisibilizadas.

El urbanis­mo feminista propone un cambio de prioridades en la sociedad actual, situando la vida cotidiana de las personas en el centro de las decisiones urbanas

El urbanis­mo feminista propone un cambio de prioridades en la sociedad actual, situando la vida cotidiana de las personas en el centro de las decisiones urbanas, para transformar así las desigualdades que el sistema capitalista, patriarcal y colonial ha reproducido. La aproximación a la ciudad desde la vida cotidiana pone en valor todas las necesidades derivadas de las actividades del día a día, visibilizando y reconociendo la im­portancia de las tareas reproductivas y de cuidados realizadas mayoritariamente, hoy en día, por mujeres, y reivindicando la correspon­sabilidad social y colectiva en el desarrollo de dichas activi­dades.

Para utilizar la vida cotidiana como la fuente de análisis y transformación de nuestros espacios de vida es necesario que esté basada en dos pilares clave: la inte­gración de la perspectiva interseccional y la participación ac­tiva y transformadora de la comunidad y, en particular, de las mujeres. Ya que la mirada neutral del urbanismo androcéntrico, que sitúa al hombre y la masculinidad hegemónica como el centro de todas las cosas, ha excluido a la mayoría de población: mujeres, personas lgtbi, racializadas, migradas, indígenas, con diversi­dad funcional, etc.

En respuesta a esta exclusión, y con el objetivo de romper con la elitización y masculinización de la disciplina, el urbanismo feminista aplica una perspectiva de género in­terseccional, para tener en consideración la diversidad más allá del sexo e incorporar otras características identitarias que intervienen en las diferentes maneras en que las personas habitan los espacios. Por lo tanto, el enfoque interseccional vi­sibiliza que mujeres, hombres y sujetos no binarios, hacen un uso diferente de los espacios, con base a los roles de género en confluencia con otras variables de identidad (edad, raza, diversidad funcional, …).

Desde esta perspectiva definimos cuatro ejes para conseguir un cambio de paradigma que contribuya a una transformación de los entornos urbanos. En primer lugar, cambiar las prioridades poniendo la vida cotidiana y los cuidados en el centro de las decisiones urbanas, desjerarquizando y despatriarcalizando los espacios y el urbanismo actual. En segundo lugar, construir espacios y ciudades seguras para todas y todos, libres de violencias machistas hacia las mujeres y niñas, así como otras violencias de odio y discriminatorias (racismo, homofobia, capacitismo, etc.). En tercer lugar, trabajar en los territorios incorporando el conocimiento generado desde la experiencia cotidiana de las mujeres, reconociendo y visibilizando sus vivencias y conocimientos. Y, por último, introducir diferentes miradas y un abordaje integral, garantizando la transversalidad de la perspectiva de género interseccional en la gestión, la transformación y la evaluación de los espacios de vida.

Transversalidad de la perspectiva feminista

La popularización del feminismo ha contribuido a que el urbanismo feminista aparezca en la agenda política de numerosos municipios que elaboran algún proyecto urbano incorporando su punto de vista, pero que, en la mayo­ría de casos, no son más que experiencias anecdóticas en comparación con el resto de acciones y proyectos llevados a cabo desde las áreas de urbanismo. Aún son muy pocas las instituciones que aplican la perspecti­va feminista como algo integral y transversal en sus políticas públicas.

Para la transformación feminista de nuestros espacios de vida proponemos tres estrategias: Desjerarquizar, Despatriarcalizar y Territorializar

Para que la transformación feminista de nuestros espacios de vida sea integral y transversal proponemos tres estrategias para romper con las dinámicas establecidas: Desjerarquizar, poniendo en valor el conocimiento que tienen las personas vecinas de sus territorios y quebrando las fronteras del urbanismo como disciplina hermética; por lo tanto, hay que romper con la jerarquía entre personas políticas, personas técnicas y personas vecinas; Despatriarcalizar el urbanismo como profesión, así como las luchas sociales, reconociendo el papel de las mujeres en la construcción de las ciudades, incorporando las reivindicaciones feministas a las luchas de manera transversal, visibilizando a las mujeres y sujetos no normativos como agentes políticos protagonistas para la transformación social, y valorando la re­producción social y la sostenibilidad de la vida; y Territorializar, integrando el componente espacial y territo­rial en las luchas feministas e incorporado las diferentes escalas y contextos (la urbana-rural, la de centro-periferia).

Para una transformación radical de nuestras ciudades, gra­cias a la cual las personas pasen a ser las protagonistas en la toma de decisiones urbanas, no es suficiente la vía institucio­nal. Es muy importante el papel de las luchas sociales y los movimientos de base en muchas ciudades y territorios del mundo, ya que muchos de los logros en movilidad, equipamientos, espacios públicos o vivienda se han conseguido no gracias a las voluntades políti­cas, sino a golpe de manifestaciones, protestas, okupaciones o encierros, de las diferentes olas de movimientos sociales y ve­cinales. En estas luchas, el papel de las mujeres ha sido y es fundamental. Si se deja la construcción de la ciudad solo en manos de las administraciones, se acaba dependiendo de las volátiles volun­tades políticas que, en la mayoría de ocasiones, anteponen los intereses partidistas a equilibrar las desigualdades.

Porque solo construyendo otro tipo de territorios más justos, sostenibles y equilibrados, en los que las personas y sus diversida­des sean la prioridad, podremos pensar otros mundos. Porque hay que cambiar la ciudad para transformarlo todo.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Col·lectiu Punt 6, integrado por: Roser Casanovas, Adriana Ciocoletto, Marta Fonseca, Blanca Valdivia Gutiérrez y Sara Ortiz Escalante, es una cooperativa feminista de arquitectas, sociólogas y urbanistas de procedencias diversas con más de 15 años de experiencia local, estatal e internacional. Trabajamos repensando los espacios domésticos, comunitarios y públicos para que promuevan la diversidad social sin discriminaciones ni jerarquías. Abordamos los diferentes proyectos desde la perspectiva de género interseccional, a través de la participación y la acción comunitaria y fomentando la sostenibilidad y la economía social, solidaria y feminista. Hemos realizado proyectos en el ámbito de la planificación urbana, la movilidad, la seguridad, la vivienda, los equipamientos y servicios, el espacio público, entre otros. en el ámbito municipal, catalán, estatal e internacional. Además, la cooperativa es miembro del Hub Gender – Iniciativa de la Red Universitaria de Hábitat (UNI) – ONU-Hábitat, habiendo sido galardonada con el Premio a la Mejor Práctica General 2013 de Mujeres Transformando Ciudades. 

Facebook, Twitter, Instagram: @CollectiuPunt6

http://www.punt6.org/

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