Revista con la A

25 de septiembre de 2019
Número coordinado por:
Violeta Doval
65

Mujeres mauritanas. Feministas en un país profundamente patriarcal

Ser y/o estar: El cruce entre identidad y diagnóstico

Loreto Ares

Salir del armario es darle palabras al silencio, un silencio que está compuesto de las palabras de otros. Nadie nace siendo un lienzo en blanco

    2003. Dieciséis años. Estoy en la cocina. He pensado mucho la frase. La suelto de golpe. Le digo a mamá que me gustan las chicas. No digas tonterías.

    2004. Diecisiete años. Estoy en el coche de camino a casa. He pensado mucho la frase. La suelto de golpe. Le digo a mamá que hace tiempo que no miro a los lados cuando cruzo la calle porque me quiero morir. No digas tonterías.

Salir del armario es un acto performativo, es decir, supone hacer cosas con palabras (Austin, 1982 [1962]). Porque salir del armario no son solo palabras.

Salir del armario es darle palabras al silencio, un silencio que está compuesto de las palabras de otros (Sedwick, 1990: 3). Nadie nace siendo un lienzo en blanco.

Salir del armario es un acto de resistencia que nos libera de un estado de opresión, no porque nos haga escapar de las redes del poder, sino porque altera la dinámica (Halperin, 2007 [1955]: 49).

Existimos solo cuando tenemos un lenguaje que nos habla: solo así somos inteligibles y reconocibles para las otras (Butler, 2006 [2004]). Nuestras vidas están hechas de palabras, pero las palabras se pueden tocar, se pueden oler, nos pueden matar.

Existimos solo cuando tenemos un lenguaje que nos habla

“[Que sea una construcción social] no quiere decir que […] sea irreal. Por el contrario, las construcciones son muy reales. Las personas viven por ellas, después de todo, y hoy en día, cada vez más, mueren por ellas. No se puede pedir nada más real que eso” (Halperin, 2007 [1995]: 66).

    1996. Nueve años. E. era una compañera de mi equipo de baloncesto. Fantaseaba con que un día llegara a clase y me confesara que en realidad era un niño, que siempre había sido un niño. Acto seguido, bailábamos abrazados. Yo no sabía lo que era una lesbiana.

    2019. Treinta y un años. Leo (me leo) en mis diarios de hace dos décadas las mismas palabras que estoy descubriendo en terapia por primera vez, las mismas revelaciones que siento nuevas y que la niña de once años ya sabía. La soledad. La tristeza. Todas las necesidades que se convirtieron más adelante en la necesidad de un diagnóstico. El diagnóstico me salvó la vida al tiempo que me la borraba. Sobrevivimos de la única manera que podemos.

“‘Salir del armario’ es una forma de muerte, pero una forma de muerte fabulosamente afirmativa. Para renacer tienes que destruir a la persona errónea que existió anteriormente. De tal forma que la persona que está ahora fuera del armario se replantea que sabía que era gay desde su más temprana edad, antes de la pubertad, antes de que pudiese caminar, antes de que la placenta se hubiese enfriado, etc., etc.” (Simpson, 1996: 6).

    2004. Diecisiete años. Digo soy lesbiana al mismo tiempo que me dicen que soy loca. Las dos palabras se mezclan la primera vez que salgo del armario. Hay mucha gente a la que le costará separarlas.

    2005. Veinte años. Contarlo para escuchar siempre lo mismo: tu diagnóstico es un invento del mercado farmacéutico. Prueba con porros, con setas, con Platón, con lavanda, con estar bien. Prueba con estar bien. Por si no se te había ocurrido.

Saber citar de memoria El nacimiento de la clínica y El poder psiquiátrico de Foucault es menos efectivo que un Lorazepam debajo de la lengua. Créeme. Lo he intentado.

Un dolor surgido en el marco del capitalismo no duele menos por serlo. Las ficciones políticas son ficciones dolorosamente vivas.

“Decir que el capitalismo (o el colonialismo o el racismo) es el problema no me ayuda a levantarme por las mañanas” (Cvetovich, 2012: 15).

    2004. Dieciséis años. Me llaman por mi nombre y entro en la consulta del psiquiatra. Quince minutos de conversación. Cuando entré estaba triste, cuando salí estaba deprimida. Ser/estar. El primer psiquiatra entiende que mi malestar tiene causas plenamente biológicas (busco endógeno en Google cuando llego a casa). Entiende, al mismo tiempo, dos frases antes o dos frases después, que estoy loca porque soy bollera. Claro, no lo asumo bien. Habrá cuatro psiquiatras más. Varios sacarán las mismas conclusiones. No serán los únicos. En mi entorno habrá más personas como ellos. Cómo explicarles que ser bollera y ser feminista fue lo que me salvó de la locura, lo que me salvó la vida.

El diagnóstico también es un acto performativo. Nos hacen locas con palabras. Convierten el estar en ser. Tan parecido a la salida del armario.

El diagnóstico también es un acto performativo. Nos hacen locas con palabras. Convierten el estar en ser

Y cómo aislar el ser/estar de la sociedad cis-hetero racista y capitalista que habitamos. A veces necesitamos que nuestro estar bollera sea ser para entender-nos. A veces necesitamos que nuestro estar loca sea ser para explicar-nos. A veces queremos dejar de ser. O dejar de ser lo que otras fuerzas escogieron para nosotras. Una cosa no es incompatible con la otra.

Ser/Estar. Ser y estar. Ser o estar.

El feminismo, mi salida del armario y mi apropiación del diagnóstico (los tres a la vez) me cambiaron y me salvaron la vida al mismo tiempo. Ni sé ni puedo saber quién habría sido sin ellos. Quizá no habría sido. Sobrevivimos de la única manera que podemos.

Decía que existimos solo cuando tenemos un lenguaje que nos habla. El sistema cis-hetero capitalista colonial tiene grietas escritas en palabras que conoce y que desconoce al mismo tiempo. Nombrarse bollera y loca agranda la grieta que existe entre el sistema y su fracaso. Habitemos juntas esas grietas, hagámoslas grandes, pongámonos cómodas.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

AUSTIN, John L. (1982 [1962]). Cómo hacer cosas con palabras. Barcelona: Editorial Paidós.

CVETKOVICH, Ann (2012). Depression: A Public Feeling. Durham y Londres: Duke University Press.

BUTLER, Judith (2006a [2004]). Deshacer el género. Madrid: Editorial Paidós.

FOUCAULT, Michel (2007[1963]). El nacimiento de la clínica: Una arqueología de la mirada médica. Madrid: Siglo XXI.

FOUCAULT, Michel (2005[1973-1974]). El poder psiquiátrico. Madrid: Akal.

HALPERIN, David M. (2007 [1995]). San Foucault: Para una hagiografía gay. Córdoba (Argentina): Ediciones Literales.

SEDGWICK, Eve Kosofsky (1990). Epistemology of the Closet. California: The University of California Press.

SIMPSON, Mark (1996). Anti-Gay. Londres: Freedom Editions.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Loreto Ares es activista feminista y bollera. Doctora por la Universidad Carlos III de Madrid, especializada en cine, género, formatos y discursos contrahegemónicos, es investigadora independiente. Imparte formaciones y escribe sobre cultura audiovisual, feminismos, islamofobia y homonacionalismo.

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