Revista con la A

25 de mayo de 2022
Número coordinado por:
Marie Caraj
81

Urbanismo y arquitectura feminista

Ocho años de auge y dos de pandemia de la movilización, reivindicación y organización del movimiento feminista

Begoña San José

Si Clara Campoamor hubiera levantado la cabeza en esta década, habría tenido la satisfacción de acallar a quienes le dijeron “no veo que haya miles de mujeres reivindicando en las calles”

Desde que nació Con la A en marzo de 2012, hemos vivido una década prodigiosa de movilización feminista. El Partido Popular acababa de ganar por mayoría absoluta las elecciones generales del 20N 2011, en un país con 5,6 millones de personas paradas, que se elevarían a 6,3 millones un año después al afrontar la crisis con recortes sistemáticos de los derechos sociales y los servicios públicos. En mayo de 2011 había surgido con fuerza el movimiento 15M, que politizó a una generación joven, sin trabajo ni acceso a la emancipación, y que pronto confluyó en la calle con el movimiento feminista preexistente al anunciar el Gobierno de Rajoy y Gallardón el recorte del derecho al aborto.

Si Clara Campoamor hubiera levantado la cabeza en esta década, habría tenido la satisfacción de acallar a quienes le dijeron “no veo que haya miles de mujeres reivindicando en las calles”. La movilización feminista sacó a la calle, en 2013, a decenas de miles de mujeres en toda España por el derecho al aborto, con un punto álgido en el tren de la libertad el 1F 2014, hasta la dimisión de Gallardón y la retirada en septiembre de la reforma, excepto respecto a las mujeres menores de 18 años. Siguió en 2015, con cientos de miles de mujeres en la Marcha estatal 7N contra las violencias machistas convocada por 322 organizaciones feministas, que incidió en el Pacto de Estado de septiembre de 2017. Y creció más aún, sumando más de millón y medio de personas en las manifestaciones del 8 de marzo de 2018 en 120 ciudades españolas, tras una Huelga Feminista en 70 países, que se repitió el 8M de 2019.

La violencia sexual ha entrado en la agenda política tras la movilización feminista y social contra la violación en grupo de La Manada a una joven en los sanfermines de 2016

La violencia sexual ha entrado en la agenda política tras la movilización feminista y social contra la violación en grupo de La Manada a una joven en los sanfermines de 2016 y su tratamiento judicial en Pamplona y en el Tribunal Supremo en 2018, que aún no se ha traducido en la aprobación de la Ley de libertad sexual.

El gobierno PSOE surgido de la moción de censura de junio de 2018, así como el de coalición PSOE-Unidas Podemos tras las elecciones de noviembre de 2019, han restituido la competencia municipal en igualdad y violencia de género y el Ministerio de Igualdad, aumentado sus presupuestos y respaldado con su presencia las manifestaciones feministas.

Pandemia, gobierno de coalición y división en el movimiento feminista marcan en España los años 2020, 2021 y lo poco que llevamos de 2022. A 8 de marzo de 2022 el Ministerio de Sanidad cifra en 11 millones las personas infectadas por el Covid 19, de ellos 157.788 personal sanitario (76% mujeres), y en 102.832 las muertes adicionales, que ascienden a nivel mundial a 282 millones de personas contagiadas y 6 millones de fallecidas, según la OMS. A ello hay que añadir desde el 24 de febrero la invasión rusa de Ucrania, la más reciente y cercana de las decenas de guerras activas en Yemen, Birmania, Afganistán, Sudan, Siria etc.

Nada más decretar el estado de alarma el 14 de marzo de 2020, el gobierno de España (y también el de la Unión Europea) empezaron a aumentar no sólo el gasto sanitario, sino también el social, para que el confinamiento y la caída del PIB -que fue del 11% en 2020, lo que no pasaba desde la guerra civil- no afectaran al empleo, que efectivamente no solo se ha mantenido, sino que ha crecido en los años 2020 y 2021 un 1,1% en conjunto y un 2,1% en las mujeres, por el aumento en sanidad, servicios sociales y educación, feminizados al 78% y 69% respectivamente y que constituyen el 27% del empleo femenino. Sin embargo, la pérdida de ingresos, el confinamiento y el teletrabajo, sumados al cierre de escuelas, centros de mayores y otros servicios, confluyen en aumentar la carga de cuidados no pagados y su feminización.

Las manifestaciones, expresión del auge del movimiento feminista en el periodo anterior, han sido desactivadas por el Covid, y atacadas nada menos que como causa de la pandemia por la ultraderecha en auge electoral y con una gran proyección mediática.

Y, sin embargo, el 8 de marzo de 2022 la manifestación en la calle vuelve a ser la mayor expresión del movimiento feminista, aunque volviendo a cifras previas a 2018, por el miedo aún al contagio y por la división del movimiento feminista en su convocatoria, sin ignorar otras expresiones de movilización feminista en la política, la casi totalidad de actividades profesionales, la ciencia, el deporte, la música y demás expresiones culturales. Si “confinamiento” y “distancia social” representan la dirección contraria a la “salida de casa” y equiparación económica, social y política de las mujeres durante dos siglos, creo que, hasta ahora, la actitud mayoritaria de las mujeres en nuestro país sigue haciendo avanzar la igualdad.

La organización del movimiento feminista en la década ha oscilado entre la liquidez de las más jóvenes y la rigidez de algunas organizaciones

La organización del movimiento feminista en la década ha oscilado entre la liquidez de las más jóvenes y la rigidez de algunas organizaciones. El aumento de la capacidad de convocatoria -todas las manifestaciones se organizan- se debe a la incorporación de las jóvenes, tanto de las que tenían veinte años en 2011 como de las que los tienen ahora. La mayoría no se han incorporado a los centenares de organizaciones feministas preexistentes, pero afortunadamente hemos confluido en las manifestaciones en la calle, sea en las fechas internacionales fijas del 8 de marzo, el 28 de septiembre por el aborto y el 25 de noviembre contra la violencia, o de forma puntual contra los feminicidios, violaciones, recortes en las políticas de igualdad y violencia de género, o ataques de la ultraderecha. Tampoco han creado “sus” organizaciones feministas estables, sino -en la cultura del Movimiento 15M de 2011- pequeños colectivos de afines y estructuras asamblearias “líquidas” muy funcionales para convocar a la calle, pero con ‘La tiranía de la falta de estructuras’ que Jo Freeman señalaba en 1972 cómo, bajo una supuesta igualdad de estatus, conduce a liderazgos no plurales ni elegidos explícita y democráticamente, que roten, informen y comuniquen al exterior y que rindan cuentas de su desempeño.

Las formas organizativas líquidas con el único objetivo de manifestarse juntas en la calle uno o tres días al año no construyen, a mi juicio, una unidad feminista mínimamente sólida entre mujeres diferentes, por diversa adscripción a grupos de base, corriente o prioridad feminista; por edad, situación social (estudiantes, paradas, trabajadoras cualificadas o no cualificadas, autóctonas o inmigrantes, pobres y menos pobres) territorio, opción sexual, y voto o relación con los partidos, los organismos de Igualdad y las instituciones políticas. Como dice Alicia Gil, hay que establecer formas no violentas de resolución de conflictos internos que actualmente se silencian y enquistan en formas de violencia estructural intra-feminista. Ninguna persona u organización tiene el monopolio del título de ‘feminista’ para empujar fuera a otras. Como dijo Empar Pineda “el mayor enemigo del feminismo es el feministómetro”, que hace competir en vez de confluir. El conjunto del feminismo organizado tiene que administrar el logro de su mayor amplitud y la consiguiente diversidad de identidades y reivindicaciones que pugnan por la prioridad. Y formular ante la sociedad y los poderes públicos (muy diversos y enfrentados) sus reivindicaciones comunes o específicas para convencer y transformar la sociedad, no para vencer a otras organizaciones feministas.

Toda movilización es por una reivindicación

Toda movilización es por una reivindicación. Luther King decía que la gente no se moviliza contra la injusticia, sino por la posibilidad de eliminarla. Las manifestaciones unitarias de esta década han sido por el derecho al aborto, por la erradicación efectiva de la violencia machista en la pareja, que ha asesinado a 586 mujeres y 340 menores en esta década, contra la desigualdad y violencia en el instituto, la fiesta o la calle, contra el recorte en las políticas de igualdad y su financiación. O por las reivindicaciones más generales, y a largo plazo, del importante manifiesto estatal de la Huelga Feminista laboral, estudiantil, de cuidados y de consumo del 8M 2018, como el internacionalismo frente a la xenofobia, el colonialismo y el racismo; un feminismo inclusivo de las mujeres migradas, de diversas orientaciones e identidades sexuales o con diversidad funcional; anticapitalista, contra la discriminación laboral y en especial de las empleadas de hogar, las trabajadoras temporales, a tiempo parcial, con bajos salarios, acosadas en el ámbito laboral o con pensiones de pobreza; contra el cambio climático y por la preservación de la biodiversidad. Simultáneamente se han desarrollado otras movilizaciones no unitarias o de calle, en ámbitos laborales, territoriales, institucionales o cívicos muy diversos que, gracias a su especificidad, concretan reivindicaciones de igualdad de las mujeres en la ciencia, la sanidad, la educación, el ecofeminismo, la sexualidad, los barrios, las refugiadas. Felicito a Con la A por sus diez años contribuyendo a que nos conozcamos, leamos, escuchemos y apoyemos mutuamente.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Begoña San José Serran es Licenciada en Derecho y Secretaria-Interventora de Administración local. Activista feminista desde 1976, como Secretaria Confederal de la Mujer de CCOO 1977-1980, Presidenta del Consejo de la Mujer de la Comunidad de Madrid 1999-2003, en el Fórum de Política Feminista de 1987 a 2020 y actualmente en Feministas por el Cambio Social y la Plataforma Impacto de Género Ya.

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