Revista con la A

25 de septiembre de 2021
Número coordinado por:
Violeta Doval
77

Conquistas y retos de los derechos de las mujeres en los países musulmanes

Nos duelen tus golpes, Pamela

Esta entrevista no es una entrevista convencional porque Pamela Palenciano no es una persona convencional. Esta entrevista tiene mucho de artículo de opinión al igual que “No solo duelen los golpes” es un monólogo de teatro que tiene mucho, o más bien todo, de relato autobiográfico.

Me puse en contacto con Pamela para entrevistarla para esta sección porque, como manifiesto siempre, creo firmemente en el poder reformador y sanador del teatro. Creo que las personas que nos dedicamos a contar historias debemos adquirir el compromiso de utilizar esas historias como espejos del mundo en el que vivimos y, sobre todo, para reflejar el mundo que queremos construir.

Mientras esperaba a Pamela para nuestra entrevista, pensaba en estos últimos meses. En estas últimas semanas. En los feminicidios, en las víctimas de la violencia machista que no dejan de aumentar, en la creciente LGTBIfobia, en los pasos agigantados que el mundo y, concretamente, España está dando pasos hacia atrás por el auge de discursos misóginos, machistas, homófobos y racistas que ha traído consigo la entrada de la extrema derecha en la política. Y del blanqueamiento que se ha hecho a estos discursos en los medios de comunicación. El arte y la cultura tienen que tener un firme compromiso. Sí. Pero el periodismo también. No se puede ser equidistante entre la justicia y la injusticia porque, entonces, se es injusto. No se puede ser neutral ante la violencia porque, entonces, se es cómplice.

Pamela Palenciano ha sido víctima de este sistema y lo sigue siendo. Partiendo de su propia experiencia, ha creado un monólogo teatral autobiográfico en el que habla de la violencia de género utilizando el humor y la ironía para concienciar a la sociedad, sobre todo, a la más joven, sobre la violencia en un sistema estructuralmente machista y es este sistema estructuralmente machista el que la está volviendo a agredir con insultos, ataques e incluso amenazas de muerte en las redes sociales.

¿Qué te empujó a hacer “No solo duelen los golpes?

P – Por un lado, forma parte de un proceso de sanación personal y por otro es una herramienta con la que quiero ayudar a otras personas a identificar comportamientos que yo en su día no supe identificar.

Empezó como exposición fotográfica, ¿No? ¿Por qué ese salto al monólogo?

P – Al principio no era capaz de verbalizarlo en público. En 2003 acudí a un centro de mujeres maltratadas en Málaga por un episodio de estrés postraumático. El novio de una amiga le habló de una forma muy violenta y yo me desmayé.

A partir de ese momento y gracias a este centro me fui dando cuenta de que había sido maltratada, porque yo no me lo creía. Creía que si eras fuerte no te podía pasar. Creía que solo era maltrato si te quedabas quieta y te dejabas insultar y pegar. Que si en algún momento te defendías, no era maltrato.

“Piensas: yo no soy de esas, yo soy una persona fuerte. A mi no me ha podido pasar esto.”

Estaba muy cabreada. Porque a mí nadie me había explicado esto. Me habían dado charlas sobre drogas, alcohol, sexo y educación vial. Pero nadie me había hablado de esto. Y entonces me dijeron: “¿Y por qué no lo cuentas tú?” Y pensé: “Sí, hombre, qué vergüenza”.

– Y por eso hiciste la exposición…

P – Sí. Estudiaba comunicación audiovisual y me propusieron contarlo de una manera que no tuviese que exponerme tanto. El día que me subí a presentar la exposición en el aula magna de la facultad, me puse a llorar. No estaba preparada para contarlo.

– Pero lo hiciste…

P- Lo hice porque una profesora que es uno de mis ángeles me dijo: “Esto que estás contando es muy importante. ¿Tú vendrías a mi instituto a contarlo?”. A mi me daba mucho miedo contarlo desde la pena. Pero me ayudó a intentarlo. Y poco a poco…. Hasta hoy. Hacía talleres, programas de radio… pero hasta que me fui a El Salvador, no descubrí el teatro.

“El teatro me salvó la vida.”

Descubrí en el teatro una forma de exponerme sin sentirme expuesta. De no ser yo. De tener un personaje. De viajar en el tiempo. “Ahora habla la Pamela del pasado, ahora la del presente…”

– ¿Por qué crees que “molestas” tanto?

P- Porque yo no estoy criticando a los hombres. Estoy criticando la masculinidad hegemónica. Contar lo que me pasó a quien cuestiona no es a los hombres, sino al sistema.

Si yo contase esto desde un rol de víctima, no les molestaría.

– Pero tampoco calaría tanto…

P- Exacto. A nadie le gusta que ataquen sus privilegios. No soportan ver a una tía haciendo de tío. No soportan que lo cuente con una energía que no identifican como femenina. Y yo necesito contarlo desde ahí porque es parte del problema. Tenemos la masculinidad hegemónica tan interiorizada, hasta en las mujeres, que pensamos que para que nos respeten tenemos que ser como los hombres.

– ¿Crees que molesta la frontalidad, que estamos acostumbrándonos a romantizarlo todo, incluso la violencia?

P- Por supuesto. Si yo cuento llorando que me enamoré del chungo del barrio y me maltrataba, la gente empatiza y no se incomoda. Al principio era así. Y me revictimizaban constantemente. “¿Por qué no le dejaste antes?”, “¿y tus padres no te ayudaron?”… todas las preguntas iban dirigidas a mí. Todas.

Las preguntas iban siempre dirigidas a la víctima. Nunca al agresor ni al sistema.

Era más cómodo. Nadie me insultaba. Nadie se reía de mí. “Pobrecita, qué mal lo ha pasado”. Pero yo no tenía pena. Lo que tenía era rabia. No contra el maltratador ni contra los hombres, sino contra un sistema que perpetúa situaciones como esta. Y eso solo cambia si en vez de hacer preguntas a la víctima, reconocemos e identificamos el comportamiento del agresor y de dónde viene.

– Has recibido amenazas de muerte. Han amenazado, incluso, a tu familia. ¿Te has planteado que no te compensa?

P- Por supuesto. Pero precisamente por eso, sigo. Porque tengo más rabia ahora que antes. Porque han pasado 18 años por mi cuerpo, he visto cómo hace 4 años las cosas empezaban a cambiar, y de repente hemos retrocedido. Y estoy enfadada conmigo, con la sociedad, con cómo lo hemos permitido. Y esconderme es lo que quieren. La víctima que se va llorando a casa y deja de molestar.

– Y después de esto… ¿Qué?

P- Pues esto, para mí, nunca ha sido algo que tuviera pensado hacer a largo plazo. Mi objetivo es trabajar la violencia de género a través del teatro. Tener un espacio físico donde acompañar a otras criaturas a que hagan obras de teatro…

– ¿Adolescentes?

P- Sí. Creo que es la edad clave. Un adolescente está creando su identidad. Lo que va a ser como adulto. Me encantaría enseñar una metodología teatral para que ellos a su vez se la enseñen a otros. Que no dependan de mí. Crear un método para concienciar a través del teatro.

Esto no es más que un pequeño resumen de una hora y media de conversación con una mujer a la que la sociedad no deja de revictimizar. Sufrió malos tratos en la adolescencia, pero sigue, a día de hoy, recibiéndolos en forma de amenazas cada día. Vivimos en un mundo en el que se maltrata a una persona que está intentando ayudar a otras a no maltratar y a no dejarse maltratar. Por eso, estas últimas líneas, me voy a permitir perder absolutamente la imparcialidad. Gracias, Pam. Por no rendirte. Por no dejar que el miedo gane. Por apoyarte en esa red que te dan tus hijos, tu marido, tus padres y tus amigos, tus amigas, para concienciar a otras personas sobre cómo son las redes que tenemos que tejer. En igualdad, respeto y deconstrucción de esa mal entendida masculinidad.

Tus golpes son los golpes de todas. 

 

REFERENCIA CURRICULAR

Jazmín Abuín Janeiro es una actriz, cantante y periodista nacida en Vigo, de padre gallego y madre canadiense. Ha trabajado en numerosos musicales y obras de teatro. También ha trabajado en cine y en varias series de televisión. Además, es docente, activista y forma parte de una ONG con la que lleva el teatro a los hospitales para las niñas y niños hospitalizados. 

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