Revista con la A

25 de noviembre de 2019
Número coordinado por:
Anastasia Téllez
66

Violencia de Género Institucional

Margarita Salas

Margarita Salas

Fuente: CGquimicos

Lamentablemente, aún son pocas las mujeres que han conseguido romper el techo de cristal en un ámbito tan masculinizado como es la Ciencia. Una de estas mujeres fue Margarita Salas, que nos dejó este mes de noviembre estando a punto de cumplir 81 años, edad que no le impedía seguir trabajando, en tanto que investigadora del CSIC, en su laboratorio del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa.

Nació el 30 de noviembre de 1938 en Caneo, una parroquia del concejo de Valdés, en Asturias. Desde muy joven -decía que “por influencia de su padre”, médico de profesión- se sintió inclinada por las ciencias, licenciándose en Ciencias Químicas en la Universidad Complutense de Madrid, ciudad a la que marchó, con dieciséis años, para realizar las pruebas de acceso a la universidad, ingresando en la facultad de Química. Con veinte años conoció a Severo Ochoa, quien marcó su carrera profesional ya que la orientó hacia la bioquímica, área en la que Margarita desarrolló una fulgurante carrera que la llevó a convertirse en una de las mayores científicas de la historia de España, cuya estela han seguido otras mujeres, como María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, entre otras.

Margarita Salas niña

Fuente: Budibuno

Uno de sus principales logros, según señala el CSIC en su página web, fue “el descubrimiento de la ADN polimerasa del virus bacteriófago phi29, que tiene una aplicación crucial en biotecnología: permite amplificar el ADN de manera sencilla, rápida y fiable. Por ello se usa en medicina forense, oncología y arqueología, entre otras áreas. Esta tecnología ha sido además la patente más rentable del CSIC”.

Como tantos hombres y mujeres de ciencia, Margarita Salas tuvo que marchar a Estados Unidos para desarrollar su pasión: la investigación científica, teniendo que enfrentarse, entre otros, a quien fuese su director de tesis, Alberto Sols, que, como la mayor parte de los científicos varones, desconfiaba de la capacidad de las mujeres para hacer ciencia.

Margarita SalasTras doctorarse en bioquímica, en 1963, para poder seguir investigando, lo que resultaba poco menos que imposible en la época de entonces, tuvo que viajar en compañía de su marido, Eladio Viñuela, a Estados Unidos, instalándose en Nueva York donde trabajó en el Departamento Científico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, junto a Severo Ochoa, durante tres años. Financiados por una entidad estadounidense, el matrimonio regresó a España, en 1967, ampliando su currículum hasta el final de sus días, pues nunca dejó de investigar, como lo prueba sus más de trescientas cincuenta publicaciones en revistas o libros internacionales y unas diez en medios nacionales, ser poseedora de ocho patentes, y haber realizado unas cuatrocientas conferencias.

Su constancia, su capacidad de trabajo, su tenacidad y su pasión por la investigación, así como su gran humanidad, ha aportado a la ciencia numerosas contribuciones y descubrimientos científicos que le hicieron merecedora de múltiples reconocimientos. 

En un artículo del diario El País, del 8 de noviembre, Daniel Mediavilla da cuenta de la lucha que Margarita mantuvo contra el machismo: “Margarita fue también incansable en la denuncia de la situación de discriminación de las mujeres en la ciencia”, aplaudió ayer la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (Amit) en un comunicado. “Ella misma reconocía que tardó en darse cuenta de ese hecho y de cómo había afectado a su propia carrera, pero una vez que fue consciente ya no se detuvo en la denuncia pública de esa discriminación”.

En nombre de todas las mujeres, en nombre de toda la humanidad: ¡Gracias, Margarita Salas!

 

Artículo realizado por: Redacción

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