Revista con la A

25 de enero de 2021
Número coordinado por:
Violeta Doval Hernández
73

Marruecos: un balance de las conquistas feministas y los desafíos actuales contado por sus protagonistas

Malqueridas

Llenas están la historia de la literatura y del teatro de mujeres silenciadas, maltratadas y “malqueridas”. Llenas están de afrentas, ofensas, agresiones y violaciones implícitas y explícitas. Esas mujeres que “perdían la honra” por culpa de sus agresores en la literatura del S.XVII en textos como El burlador de Sevilla, El Quijote, El alcalde de Zalamea o Fuenteovejuna.  Todas ellas contadas desde el punto de vista del poder, del status social, de la venganza, de los celos o de la lucha de poder como motor y como excusa. Mujeres que pierden el honor por ser sexualmente agredidas y que dependen, para recuperar ese honor, de los hombres. Necesitan ser salvadas por un caballero andante, que un familiar luche por restituir su honor o, incluso, casarse con sus agresores para poder ser socialmente aceptadas. Historias cuyas protagonistas no son protagonistas porque nadie les da voz. Historias contadas, siempre, desde un punto de vista masculino en el que poco importa lo que le ocurre a la víctima por dentro, ya que no es más que una excusa para crear conflicto entre los verdaderos protagonistas y antagonistas: los héroes y los villanos.

De historias que se quedan en lo físico y lo social, sin aproximarse en ningún momento a lo emocional, la literatura ha ido evolucionando, poco a poco, a otras de mayor complejidad y profundidad, como es el caso de La Malquerida, de Jacinto Benavente. Un drama rural de principios del S.XX en el que un hombre anula completamente la vida de su hija adoptiva, controlando sus estados de ánimo, sus movimientos, sus círculos de sociales y sus relaciones sentimentales. Patrick Hamilton, en Gaslight (luz de gas), veinticinco años después, se adentró en el maltrato psicológico, en una obra en la que el antagonista manipula a la protagonista hasta hacerle creer que ha perdido la cordura. Afortunadamente, la violencia de género ha ido ganando voz y perspectiva, especialmente desde finales del siglo XX, y nos ha dado textos y montajes maravillosos en el S.XXI.

Lo que tienen en común obras como El alcalde de Zalamea o La Malquerida, a pesar de que las separan tres siglos de historia, es que han estado incluidas como lecturas obligatorias en los programas de estudios. Lecturas complejas y difíciles de entender, sobre todo para estudiantes jóvenes, si no se ponen en contexto y se les ayuda a leer entre líneas. Lecturas que caen en saco roto si no se completan con un punto de vista crítico. Lecturas muy interesantes y no dudo que necesarias desde el punto de vista literario, pero muy insuficientes desde el punto de vista social.

Sabemos del poder transformador del teatro y de cómo funciona como espejo de la realidad en la que vivimos y de la realidad que queremos construir. No podemos reescribir la literatura, al igual que no podemos reescribir la historia, pero podemos, y debemos, releerla. Debemos ponerla en contexto, debemos analizarla, debemos ser críticas con ella para no caer en el error de repetir nuestros errores. No basta con leer teatro del Siglo de Oro y contarle a los y las adolescentes lo malos que eran los villanos. Ya lo saben. Debemos utilizar el teatro como herramienta para educar en valores, en el S.XXI, en un mundo en el cual los caballeros andantes y las doncellas en apuros nos quedan muy lejos, pero otras cosas, desgraciadamente, no tanto. Debemos apostar por textos actuales en los que exista una perspectiva de género real y donde tengan cabida las voces femeninas. Debemos educar en igualdad.

“Dímelo y lo olvidaré, muéstramelo y lo recordaré, involúcrame y lo aprenderé”. Necesitamos que la educación y el teatro vayan de la mano. Necesitamos más teatros foro en los que la sociedad y, sobre todo, los y las jóvenes, puedan mirarse al espejo y después comentar cómo se han visto, qué quieren, qué desean, qué temen, qué patrones repiten y cómo les podemos ayudar a dejar de repetirlos. Necesitamos el teatro, no como pieza literaria, sino como herramienta educativa. No queremos más luces de gas. No queremos más Malqueridas.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Jazmín Abuín Janeiro es una actriz, cantante y periodista nacida en Vigo, de padre gallego y madre canadiense. Ha trabajado en numerosos musicales y obras de teatro. También ha trabajado en cine y en varias series de televisión. Además, es docente, activista y forma parte de una ONG con la que lleva el teatro a los hospitales para las niñas y niños hospitalizados. 

This page as PDF :: VERSIÓN EN PDF
NO es NO - Feminismo. Ni un paso atrás - #sinconsentimientoesviolación

Asociación Con la A

Cartas a la Directora

Envíanos tus opiniones, comentarios, propuestas, quejas y sugerencias ...

COMENTAR