Revista con la A

22 de septiembre de 2022
Número coordinado por:
Lucía Melgar
83

Exiliadas españolas en América Latina

Los estudios sobre hombres y el feminismo en los últimos 10 años

Eduardo Liendro

La construcción de lo masculino en diferentes contextos fue ganando la atención de diversos estudios, tratando de responder qué significa ser hombres y cómo se construye la identidad masculina

No es fácil resumir lo que ha sucedido en la última década en relación al proceso de incorporación de los hombres en los estudios, las reflexiones, acciones y políticas públicas de género y su vínculo con el movimiento feminista. Por lo mismo, no intentaré dar un panorama imparcial y objetivo (imposible), ni tampoco un análisis académico como tal de la problemática; más bien intentaré dar una mirada crítica a un proceso en marcha, planteando algunas inquietudes y tensiones.

La irrupción de la reflexión sobre los hombres en los estudios de género surgió en países angloparlante y francoparlantes en la década de los 70´y 80´. Fue hasta principios de los 90, que se desarrollan en Latinoamérica como una demanda de académicas feministas que interpelaban a incluir a los hombres en la reflexión y sumarlos al cambio hacia la equidad de género [1]. Esto propició la apertura de espacios de reflexión académica y la creación de colectivos y grupos de hombres reflexionando sobre su identidad y diversas problemáticas.

La construcción de lo masculino en diferentes contextos fue ganando la atención de diversos estudios, tratando de responder qué significa ser hombres y cómo se construye la identidad masculina. Si bien muchos de estos estudios surgieron desde centros de estudios de género o impulsados por organizaciones feministas y de mujeres, no siempre estas reflexiones incluyeron las teorías y debates feministas y más bien fueron creado un propio campo de estudio.

Los estudios de masculinidades generan más de 5 millones de referencias en los buscadores de internet y en inglés, los llamados Men’s Studies, cerca de 1,850 millones. Esta proliferación de análisis contrasta con las muchas menores iniciativas de acciones o programas dirigidos a hombres (referencias que no rebasan los 300 mil), así como a la existencia de grupos o colectivos de hombres. Paradójicamente se han desarrollado muchos más esfuerzos por racionalizar y analizar que al intervenir e involucrar a los hombres en procesos de cambios. Ha existido mucha más teorización de la masculinidad y la respuesta a la desigualdad de género ha sido más bien racional, con poca escucha a las experiencias de enojo y al dolor de las mujeres y el de los propios hombres [2].

El término de Masculinidad Hegemónica tomó vida propia para analizar y describir un modelo de masculinidad ideal dominante, abriendo la puerta para establecer la existencia de masculinidades alternas y diversas, no dominantes

Desde el surgimiento del término de Masculinidad Hegemónica [3], se transformó en un concepto ampliamente utilizado y con múltiples significados que, más allá de diversas críticas, tomó vida propia para analizar y describir un modelo de masculinidad ideal dominante, reemplazando al poco académico concepto de machismo y abriendo la puerta para establecer la existencia de masculinidades alternas y diversas, no dominantes; se sumaron otras denominaciones como “masculinidades tóxicas”, “masculinidades diversas” y actualmente la popular expresión de “nuevas masculinidades” para expresar un horizonte de masculinidades buenas, sensibles, y equitativas; reemplazando el propósito de analizar a los hombres desde una mirada crítica de género.

Esto ha tenido importantes consecuencias, pues ha reforzado a la masculinidad como una entidad naturalizada e intrínseca de los hombres, apartándose de un análisis de las relaciones de poder y opresión hacia las mujeres y de la crítica al orden social, cultural y económico que las sostiene. Esto se ha dado a la par de la institucionalización de la perspectiva de género con diversas tensiones entre las reivindicaciones del movimiento de mujeres, su concreción en cambios legales y políticas públicas y un contexto de grandes desafíos en materia económica, de salud y seguridad, que impiden alcanzar mayores estándares de igualdad de género.

Se han dado importantes avances en materia de adelanto para las mujeres, como la implementación de leyes de igualdad y contra la violencia, visibilizando otras formas de violencia de género como la política, la obstétrica, la digital o el acoso sexual en espacios públicos (callejero), que ahora son nombradas y sancionadas en varias regiones; sumado a cuotas o paridad de género en el acceso a cargos públicos y un mayor acceso a educación, entre otros. Sin negar lo anterior, persisten graves atrasos y resistencias a los cambios.

Tal como lo plantea una importante especialista latinoamericana, “hablar de resistencias masculinas al cambio social nos permitirá referirnos a los diversos comportamientos cotidianos individuales y colectivos que realizan los hombres con el fin de proteger sus privilegios y conservar los beneficios que obtienen de su posición dominante en las relaciones de género.” [4]

Parte de estas resistencias, son:

La escalada de violencia de los hombres hacia las mujeres, que en países como México toma dimensiones de extrema gravedad donde cada día son asesinadas cerca de 10 mujeres, sumado a que, de las 98.802 personas desaparecidas y no localizadas en los últimos 58 años, 24,571 (25%) son mujeres [5]. Destaca que entre 2007 y 2020 se contabilizaron más de 16.000 mujeres desaparecidas, de las cuales el 44% son niñas y adolescentes, muchas de ellas víctimas de delitos como trata de personas, violencia sexual y feminicidio [6].

La carga del trabajo doméstico y tareas de cuidado sigue estando mayoritariamente en las mujeres, lo que impide su desarrollo personal y de sus potencialidades; aún no se considera como una labor con valor económico y social, sino que persiste la creencia de que es una obligación casi “natural” de las mujeres [7]. En México, el promedio de horas a la semana dedicadas al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en la población de 12 años y más es en promedio de 16.5 para los hombres, mientras que las mujeres dedican 47.9 horas a la semana (3 veces más) [8].

La pandemia mundial de estos dos años, con medidas de confinamiento en los hogares, que obligó a una mayor convivencia entre mujeres y hombres, vino a exacerbar la violencia hacia ellas y la carga de trabajo doméstico y tareas de cuidado.

Discursos políticamente correctos se contradicen con una cruda realidad de discriminación y disparidad entre mujeres y hombres

Estos ejemplos de resistencia de los hombres al cambio, en lo individual y cotidianamente, se dan en complicidad con resistencias estructurales, donde las instituciones y las políticas públicas tienen un gran déficit en la implementación de estrategias integrales y eficaces con recursos suficientes para avanzar en la equidad e igualdad de género; persistiendo grandes dosis de simulación y corrupción, con discursos políticamente correctos que se contradicen con una cruda realidad de discriminación y disparidad entre mujeres y hombres.

Por lo mismo es necesario redefinir la corriente dominante de estudios y políticas públicas de “las masculinidades” o “nuevas masculinidades”, rescatando el origen radical de un acercamiento desde una perspectiva de género y feminista; lo que implica replantear el sujeto de las investigaciones y políticas con hombres, retomando las perspectivas críticas  planteadas desde hace ya un tiempo por algunos académicos: “….los trabajos en este campo de estudio ganarían en profundidad y alcance si se interrogaran no sólo sobre la construcción social de la masculinidad y la virilidad sino también sobre el papel que desempeñan los varones en la reproducción de la dominación masculina y en las resistencias al cambio.” [9]

Las condiciones de desigualdad y los costos para las mujeres siguen siendo muy altos y hoy, como hace una década, sigue siendo urgente que los hombres, desde lo individual y lo colectivo, nos sumemos a la deconstrucción de un orden social de género de discriminación, privilegios y violencia.

NOTAS

[1] Marta Lamas, Teresita de Barbieri y Marcela Lagarde, en México

[2] Victor Seidler. Conferencia: Masculinidades cambiantes en tiempos inciertos (2021). https://coordinaciongenero.unam.mx/evento/masculinidades-cambiantes-en-tiempos-inciertos/

[3] Connell, RW (1987). Género y poder: sociedad, persona y política sexual . Sídney Boston: Allen & Unwin. Definida como: “definida como “…la configuración de práctica genérica que encarna la respuesta corrientemente aceptada al problema de la legitimidad del patriarcado, la que garantiza (o se toma para garantizar) la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres”.

[4] Mara Viveros, Las teorías feministas y estudios sobre varones y masculinidades. Dilemas y desafíos recientes. La manzana de la discordia, Diciembre, 2007. Año 2, No. 4: 25- 36, pág 30.

[5] Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No localizadas (RNPDNO) actualizado al 11/03/2022.

[6] https://elpais.com/mexico/2021-10-08/la-madre-que-busca-que-la-onu-condene-a-mexico-por-ensanarse-con-sus-desaparecidas.html

[7] Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.

http://www.conapred.org.mx/index.php?contenido=noticias&id=4998&id_opcion=446&op=447

[8] Instituto nacional de Estadísticas, INEGI. Estadísticas del día del trabajo doméstico 2015.

[9] Mara Viveros, Las teorías feministas y estudios sobre varones y masculinidades. Dilemas y desafíos recientes, 200 pág. 30. La manzana de la discordia, Diciembre, 2007. Año 2, No. 4: 25- 36

 REFERENCIA CURRICULAR

Eduardo Liendro Zingoni es Antropólogo Social por la Universidad de Chile con estudios de Maestría en Antropología Social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia México. Co-fundador y Director del Colectivo de Hombres por Relaciones Igualitarias – CORIAC (1993-2003). Director del “Centro de Reeducación para hombres que ejercen violencia contra las mujeres” en la Secretaría de Seguridad Pública de Oaxaca (2013 – 2016). Actualmente Coordinador de Diversidades y No Discriminación (desde 2007), en la Ciudad de Oaxaca, México.

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