Revista con la A

25 de septiembre de 2019
Número coordinado por:
Violeta Doval
65

Mujeres mauritanas. Feministas en un país profundamente patriarcal

Las redes sociales: otras escrituras

Adriana Bernal

Si bien las redes sociales nos han permitido dialogar de manera distinta con el entorno, sus beneficios como herramienta de vínculo e intercambio se ha diluido; se ha perdido el impacto y, aquel diálogo posible no es ahora sino un listado de soliloquios que atienden al más frustrante individualismo.

Cada mañana surge alguna información fútil que mantiene a las sociedades ocupadas, que no involucradas, en discusiones que se transforman en espacios vacíos al momento de trivializarse en un enunciado de va de los 140 a los 280 caracteres o una imagen -meme-. Si bien las redes sociales nos han permitido dialogar de manera distinta con el entorno, sus beneficios como herramienta de vínculo e intercambio se ha diluido; se ha perdido el impacto y, aquel diálogo posible no es ahora sino un listado de soliloquios que atienden al más frustrante individualismo acompañado que no ha hecho sino polarizarnos hasta invisibilizarnos e invisibilizar las posibilidades de otras escrituras.

Hablar de escrituras, de nuestras escrituras en la actualidad, es hablar también de cómo nos narramos dentro de esas redes sociales que, cada día, tejen menos redes aun cuando seamos partícipes de un ejercicio colectivo de sobreinformación: la dinámica del digo-opino-tuiteo/posteo, espero comentarios, no es sino otro mecanismo de desvinculación con la palabra, la escritura y el ejercicio del pensamiento transformador.

Hablar de escrituras, de nuestras escrituras en la actualidad, es hablar también de cómo nos narramos dentro de esas redes sociales

¿Desde dónde escribimos cuando escribimos? ¿Cuáles son aquellas ideas, notas y noticias que, desde nuestro “time-line” nos interesan? ¿Cómo es que las violencias se enconan en las sociedades precisamente en esas redes sociales?

Para cada una de estas preguntas habrá tantas respuestas como grupos sociales podamos identificar, al tiempo que, si desde un análisis sociológico lo atravesamos por la brecha de género, notaremos también las inmensas desigualdades y riesgos de las mujeres en estas escrituras que, de a poco, van construyendo narrativas de violencias aun más enconadas de las ya registradas hasta ahora.

Hablar de narrativas de la violencia es hablar también de escrituras en el mismo tenor, pero con distintos ejes de análisis: llámense violencia cibernética, violencia mediática, violencia tecnológica, violencias trendig, son violencias y en una faceta tan “novedosa” como peligrosa pues se oculta en la mayoría de las ocasiones en “usuarios anónimos” o usuarios de tecnologías que “inventan” un usuario, con el único fin de generar mensajes ofensivos dirigidos a la mujer.

Esas escrituras son las que están construyendo las “nuevas narrativas de la violencia” y son escrituras invisibilizadoras. En el mediano plazo, éstas desarrollan narrativas del mismo esquema lo cual tiene una repercusión social inmedible en sus efectos. En la sociedad, esas narrativas se vierten en acciones y, sólo hasta que eso sucede pueden contabilizarse, lo cual suma, multiplica y reproduce las violencias hacia las mujeres de muy diversas maneras e incluso, genera “nuevas” violencias.

Hablar de ciberacoso, de ciberviolencia, de cibermecanismos violentos, es hablar de cómo el acceso a las tecnologías facilita la “viralización” de las violencias y de sus escrituras. ¿Estamos midiendo las consecuencias de ello? No, no lo estamos haciendo, porque no estamos midiendo el valor de las escrituras, de las palabras mismas.

Una de las características de las redes sociales es que, al estar ahí, disponibles para cualquiera de nosotros y nosotras, la posibilidad de escribir “cualquier cosa”, también está ahí. Una persona, cualquiera que sea su identidad sexogenérica, tiene en sus manos construir o destruir y, bien lo ha escrito en su momento Arendt, nuestra tendencia es al mal.

Al igual que escribimos un texto, una carta, un mensaje de texto, nuestra cotidianidad está permeada por lo que escribimos en las redes sociales

¿Cuáles son nuestras escrituras? ¿Cuáles son nuestras narrativas posibles? Al igual que escribimos un texto, una carta, un mensaje de texto, nuestra cotidianidad está permeada por lo que escribimos en las redes sociales. Hemos trivializado, e incluso normalizado, el uso de esta herramienta. Somos, también, lo que escribimos, lo que plasmamos en cada enunciado, e incluso es tal de pronto nuestra ceguera que hemos normalizado, a clicks veloces, lo que leemos en las redes sociales de nuestro “time line”. Nuestros muros, se han inundado de “me gusta”, “no me gusta”, de emoticones, de “comentaritis”. Creemos que parte de la denuncia -y lo es- radica en simplemente bloquear o denunciar “determinada cuenta”, incluso, hemos caído en un mecanismo irrisorio donde le “damos RT” a un comentario violento, con comentario que denuncia la violencia, sin darnos cuenta de que, al hacerlo, viralizamos la violencia en lugar de detenerla.

¿Pueden detenerse las ciberviolencias? La respuesta es simple, aunque dolorosa: no. De tajo, no. En lo que sí puede trabajarse es en la concientización de esta y generar escrituras otras que las contrarresten. Reescribirnos desde las violencias podría favorecer el desarrollo de otros lenguajes.

Si empezamos a analizar las escrituras de la violencia podremos ir trazando, desde el lenguaje mismo, otra escritura visibilizadora que permita hallar nuevos horizontes, primero en lo social y poco a poco re-literaturizar nuestra realidad. Quizá, y sólo quizá si miramos detenidamente nuestras construcciones lingüísticas y comenzamos a enfocar nuestros recursos y herramientas hacia la transformación de esas escrituras, lograremos otras narrativas, de lo contrario seguiremos reproduciendo en el cotidiano, en el periodismo, en la literatura, escrituras más cercanas a una fotografía de la cotidianidad que no sólo no generan reflexión, sino que quedan como discursos limítrofes.

Cómo leemos cada escritura, cómo generamos otras narrativas y las de nuestro entorno cercano, eso sí está en nuestras manos. La posibilidad de visibilizar las escrituras violentas, reconocerlas y generar herramientas de re-escritura eso sí es posible, desde cada una de nosotras.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Adriana Bernal es Licenciada en Periodismo por el CEU-PART en México. Estudió el Diplomado en Creación Literaria en la SOGEM y el Diplomado en Género, Justicia y Cultura por la Universidad Iberoamericana. Sin embargo, es mucho más lo que ha estudiado fuera de las aulas. Ha ejercido el periodismo desde hace 20 años, especializándose en Entrevista, género por el que recibió en 2003 el Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo. Por más de seis años mantuvo su página web www.entreversiones.net. Actualmente es directora general de eñ e-ditorial con ñ, cuya salida es exclusivamente digital. En 2018, publicó “Poeta que no entiende futbol”, un ejercicio literario en construcción constante, que pretende ser, a los años, una gran novela de futbol, consciente de que Villoro ha dicho que esto es imposible.

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