Revista con la A

25 de noviembre de 2022
Número coordinado por:
Laura Alonso
84

Mujeres por la paz en tiempos de guerras

Las raíces cortadas de Clara Campoamor

Carole Viñals

Carole Viñals

El precio que pagó por haber luchado por el voto femenino fue muy alto: la desconfianza e, incluso, el rencor

Ella nunca renunció a volver. Jamás perdió la esperanza. En sus cartas desde el cantón de Vaud en Suiza siempre expresaba su amor hacia España.

El precio que pagó por haber luchado por el voto femenino fue muy alto: la desconfianza e, incluso, el rencor. Si la República permitió, oficialmente al menos, el triunfo de las ideas de igualdad, el papel de las mujeres durante la Segunda República seguiría siendo objeto de polémicas y de reproches. En El voto femenino y yo narra la muerte de su carrera política por haber osado defender desde su escaño el voto femenino: «Me sería difícil enumerar la cantidad, e imposible detenerme en la calidad, de los ataques, a veces indelicados, que de palabra, por escrito y hasta por teléfono fui objeto reiterado; y no solo yo sino hasta mi familia. Vi desatada contra mí una animosidad desenfrenada y malévola». A Campoamor le echaron la culpa de la derrota electoral de 1933 porque desde el jardin del Edén, los fracasos, las traiciones y las violencias masculinas tienen como responsable a alguna mujer. Huye de España en 1936 porque según sus propias palabras no quiere convertirse en «un detalle sacrificado inútilmente».

Los fracasos, las traiciones y las violencias masculinas tienen como responsable a alguna mujer

Cumple 50 años en el buque de la Royal Mail Lines que primero la traslada a América. La etapa del exilio es poco conocida. Sin embargo, Campoamor escribiría entonces centenares de artículos de toda índole, sobre poesía, política, testimonios e incluso sesudos análisis de derecho: «¿Son indemnizables en un contrato de seguro los daños causados por la fuerza mayor dimanante de la guerra civil ? o ¿Hay violación del derecho federal cuando el juez aplica un derecho público extranjero en vez del nacional pero no cuando entre dos derechos extranjeros en pugna opta por uno de los dos?»

La vida truncada de Campoamor había arrancado en el barrio de Maravillas. Hija de una modista y un contable, nieta de portera, con solo trece años empezó a trabajar, consiguió sacarse unas oposiciones de auxiliar de Correos y Telégrafos y, en 1923, nada más aprobar el bachillerato a los 35, empezó a cursar derecho hasta convertirse en abogada. En una entrevista de octubre de 1931 en Estampa, Campoamor todavía recordaba el hambre pasada durante su infancia..

Su determinación dejó huella. Fue la única en defender el voto femenino, enfrentada a una asamblea de varones burlones y a la otra única mujer.

Mujer compleja, completa, incansable, fue también  la madre de algunos de los artículos mas adelantados de la constitución de 1931, uno de los textos que inspiró la actual constitución española:

            Título 3, capítulo primero, articulo 25: «no podrá ser  fundamento de privilegio jurídico : la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas, ni las creencias  religiosas.»

Su impronta es rastreable en lo referente a la pareja :

           Constitución de la república española, capítulo 2, artículo 43: «el matrimonio se funda en la igualdad de derechos para ambos sexos, y podrá disolverse por mutuo disenso o a petición de  cualquiera de los cónyuges, con alegación en este caso de justa causa.»

La igualdad fue su causa :

            Artículo 36: «los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitres años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes.»

Campoamor era una mujer de su época. Formaba parte de las llamadas «Sinsombrero», «las modernas». En las elecciones municipales del 23 de abril de 1933, cuando por vez primera las españolas pudieron votar, ella conducía su propio coche. Su amiga Antoinette Quinche describe en un artículo la incredulidad de la gente ante la «llegada de estas cuatro mujeres intrépidas, conduciendo por las grandes carreteras.»

Hubo otras como ella. Fueron tantas las que tuvieron que huir. Como la escritora Luisa Carnés que murió en México. En un poema dedicado a su hijo la autora de Mujeres obreras se lamentaba: «aprendiste a decir mamá en francés, a usar de un idioma prestado».

La periodista Carlotta O’Neill, tras años de cárcel, tuvo que luchar para sacar a sus hijas del orfanato. Victoria Kent permaneció años escondida en París, … y tantas, tantas otras, conocidas o desconocidas, que acabaron en la antesala del exilio.

Campoamor intentó regularizar su situación, pero como la acusaban de pertenecer a la masonería le reclamaban doce años de cárcel. Aun así, en octubre de 1955, intentó regresar. Pero una orden de busca y captura para Clara Campoamor Rodríguez la obligó a renunciar. Años después del final de la guerra, el ensañamiento sobrevivía al paso del tiempo. El ocaso del franquismo no consiguió mejorar la situación de la antigua abogada. La peligrosidad oficial de aquella mujer tan culta persistía. Por su saber, sus conocimientos, su experiencia política y su género seguía siendo un mal ejemplo sin duda y no convenía su regreso. Su determinación y su fuerza eran una amenaza.

En su correspondencia aparece a ratos una mujer desalentada. Confiesa a la abogada María Telo, en 1959: «Cuando veo cuál ha sido el resultado de nuestras antiguas luchas y esfuerzos me pregunto si verdaderamente vale la pena hacer algo en la vida».

La mujer que había conseguido el voto femenino contra todos reconoce en su correspondencia:

       Creo que lo único que ha quedado de la República es lo que yo hice, el voto femenino, pues aunque resulte la igualdad en la nada, no se han decidido a borrarlo; pero en cuanto a lo demás…

La mujer que más había luchado por los derechos de las españolas vivió sus últimos años en Lausana, en casa de su amiga Antoinette Quinche.

Falleció pues a pocos kilómetros de España, a los 84 años. Un cáncer acabó con la atareada vida de una incansable luchadora el 30 de abril de 1972. La prensa suiza se hizo más eco de su muerte que la prensa española. Siguió durante muchos años siendo una desconocida en su propio país.

Años más tarde sus restos serían repatriados a España y se convertiría en un icono reivindicado por todos y todas. Hoy el premio Parlamento y Mujer lleva el nombre de quien había sido la mujer más odiada.

En Suiza había empezado a redactar unas memorias que según parece no llegó a acabar, ni a publicar. Pensaba titularlas: Con las raíces cortadas.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Carole Viñals se doctoró por la Universidad de la Sorbona en 2000, especialista del exilio republicano, profesora titular en la Universidad de Lille (Francia). Ha escrito numerosos artículos sobre género. También ha estudiado derecho en la Universidad de Panthéon Sorbona.

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