Revista con la A

26 de julio de 2021
Número coordinado por:
Dolors López Alarcón
76

Hablemos del suicidio

Las brujas navarras

En el norte y noroeste de la península ibérica podemos encontrar diferentes lugares que han sido (hay quien dice que siguen siendo) habitados por brujas. Pero en nuestro viaje vamos a llegar hasta Navarrra, iniciando nuestro periplo por  Zugarramurdi, un pequeño pueblo pirenaico donde se ubica la gruta en la que nació la palabra Akelarre, virtualmente significada como reunión de brujas, pero que en realidad es un término que proviene del euskera cuyo significado es AKE: macho cabrío y LARRE: un lugar, derivando en AKELARRE, cuyo significado es “el prado del macho cabrío”.

Las brujas de Zugarramurdi: en 1610 tuvo lugar en Logroño un auto de fe en el que la Inquisición española procesó a cuarenta vecinas de Zugarramurdi, acusadas de ser brujas y condenó a doce de ellas a morir en la hoguera (cinco de ellas en efigie por haber muerto con anterioridad). Las ejecuciones se basaron en testimonios sostenidos por supersticiones y envidias, ya que en realidad las supuestas brujas eran parteras, herboleras, curanderas, mujeres sabias, en definitiva, adelantadas a su tiempo. Todavía hoy, a las mujeres sabias y emancipadas se les tilda de brujas.

Parece ser que todo comenzó cuando una joven del pueblo declaró que en sus sueños había volado y había podido ver a varios habitantes del pueblo participando en akelarres. Al poco tiempo acudió a la Santa Inquisición y 53 personas fueron trasladadas a Logroño. El juicio duró más de dos años y fue seguido con gran interés por los europeos de aquel entonces. El 6 de marzo de 1610, 21 personas fueron acusadas de delitos menores, 21 recibieron el perdón de la Iglesia y 11 fueron condenadas a la hoguera. Al día siguiente, de estas 11, quedaban 6 condenadas ya que 5 habían muerto en el viaje. Las 5 fueron quemadas. Más de 20 mil personas se habían trasladado para ver el “espectáculo”.

Al entrar al pueblo se encuentra la plaza principal y se pueden ver muchas de las casas que pertenecieron a estas supuestas “brujas” de hace 400 años. A modo de juego, el visitante puede buscar las diez cruces que la Iglesia colocó para proteger al pueblo y que todavía se encuentran de pie en las calles del pueblo. Siguiendo el Arroyo del Infierno (ya nadie recuerda quién le puso ese nombre), se encuentran las cuevas del Akelarre. En el prado de la entrada se juntaban brujas y brujos, hacían los sacrificios de animales que les eran requeridos, bailaban en círculos de izquierda a derecha y de espaldas al fuego para realizar sus conjuros y confesaban sus buenas acciones al diablo quienes les ponía penas para redimirse de la bondad. Hay una tabla que nombra e indica la edad de las hechiceras: la mayoría rondaba los 20 años pero también las había mayores, de 80 años más o menos. Para revivir el relato, en el viejo hospital se instaló el Museo de las Brujas de Zugarramurdi, la compra de entradas puede hacerse directamente en el lugar. Todos los 18 de agosto, el pueblo y aquellos turistas que lo deseen, pueden celebrar con una comida popular en el interior de las cuevas, la ziriko-jatea, para recordar y compartir la historia del lugar.

Pero además de Zugarramurdi, existen otras rutas que muestran, a quien las quiera visitar, la historia de la brujería navarra que, en la mayoría de los casos, acabó con la quema, a manos de la Inquisición, de las personas a quienes se acusaba de practicar la brujería. Desde Burguete se puede realizar el recorrido de la ruta “Las primeras persecuciones de la brujería navarra”, que atraviesa las localidades de Burgui, Ochagavía, Roncesvalles y Vidángoz. Se considera que en esta zona comenzó la represión ya que en 1525 fueron quemadas las cinco brujas de Zugarramurdi en la plaza de la población donde comienza el camino. Otro de los itinerarios es el denominado “Brujas en tierras estellesas”, que transcurre por los pueblos de Bargota y Viana, una zona próxima a la sede del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Logroño. “Montañas y cuevas, entre mitología y brujería” es otro de los recorridos. Pasa por Anocibar, Alli, Areso, Intza y Olague y está basado en las creencias mitológicas, en la celebración de rituales religiosos en parajes naturales y en la adoración a la diosa tierra (Mari), prácticas que también motivaron persecuciones inquisitoriales.

Anímense a buscar a las descendientes de “estas mujeres sabias” porque, brujas o no brujas, les aseguramos que haberlas ¡haylas!

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