Revista con la A

25 de mayo de 2019
Número coordinado por:
Lucía Melgar
63

Exiliadas y represaliadas del franquismo

Laberintos inexplorados. Entre la utopía y la distopía

Alfredo Matus

En México, con un afán propagandístico indiscriminado al interior y exterior del país, emerge la idea de “desarrollismo”, careta ideológica en la que los gobiernos en diferentes niveles gastan más recursos y energías, antes que ejercer acciones reales de progreso y transformación

Sobre el contexto histórico cultural.

Siendo México un entorno sociocultural que por tradición no impulsa desde dentro su propio desenvolvimiento, al término de la Segunda Guerra Mundial se afilió con el bloque más cercano, como nicho de oportunidad, el capitalista “liberal”, sellando con ello su dependencia para con dicho modelo. Por ello, con un afán propagandístico indiscriminado al interior y exterior del país, emerge la idea de “desarrollismo”, careta ideológica en la que los gobiernos en diferentes niveles gastan más recursos y energías, antes que ejercer acciones reales de progreso y transformación.

Los dirigentes de nuestro país, como los de otros países latinoamericanos o de otros países colonizados en el mundo; ingenua o perversamente desde entonces, han simulado fincar los desenvolvimientos nacionales bajo la creencia de que, dando prioridad sólo la infraestructura material, desencadenarían en automático su progreso civil, organizativo y simbólico de sus sociedades. Sin embargo, estas medidas se continuaron circunscribiendo bajo prácticas extremadamente autoritarias y paternalistas, que sólo exacerban las contradicciones sociales, privilegiando sólo a unos cuantos.

El ahora conocido como Movimiento del 68, suma de fuerzas y causas sociales que se integran y solidarizan tras coacciones policiales perpetradas frente a estudiantes de nivel medio superior y universitario, reveló la mentalidad, estado y proceder del  gobierno de la época, que en vez de ser conciliador, resultó exageradamente represivo y agresor, como tradicionalmente se operaba, asunto que resulta contraproducente pues anima la organización social masiva y diversificada de sectores ante el abuso inminente de derechos civiles, teniendo en puerta la inauguración de una olimpiada que intenta perpetuar su propagandismo político, el movimiento es suprimido bajo una operación ya no policiaca sino militar, violenta e intransigente. La masacre del 2 de octubre de 1968, y el halconazo del 10 de abril de 1971, erradicaron de tajo las movilizaciones sociales que reclamaban respeto a garantías civiles básicas. Provoca una década de aparente repliegue generacional y confusión, pero en realidad es caldo de cultivo para el intercambio de información, como de formación de pensadores y activistas organizados. Es entonces, en la década del 70, que emerge en México el movimiento feminista mexicano y el del orgullo homosexual poco después.

La muestra.

La exhibición LABERINTOS INEXPLORADOS, realizada de mayo 19 al 1 de julio de 2018, en la Galería José María Velasco, hizo una aproximación a los inicios de la presencia pública y cívica de las mujeres lesbianas en México que conmemora, este 2018, cuarenta años de existencia como movimiento.

De carácter documental: recortes periodísticos, libros, objetos y carteles, la parte medular derivó del Archivo Histórico del Movimiento de Lesbianas Feministas en México de Yan María Yaoyolotl; se generó con el afán por incentivar la reflexión, la interpretación y la investigación sostenida sobre este momento histórico, sobre las posturas y quehaceres de una identidad, aun difusa, poco perceptible y hasta incómoda, tanto para la sociedad nacional en su conjunto, como para los activismos mexicanos de género y de las sexualidades, así como para muchas mujeres lesbianas de otras generaciones en nuestro país.

Tal comienzo tiene un cariz especial, pues fue desenvolviéndose dentro de un ambiente social francamente subyugante y acartonado, regido desde la mentalidad de la Guerra Fría, por un lado, como desde el convencionalismo tradicionalista nacional, orientando su carácter contestatario. Dicho ambiente no sólo fomentó la estigmatización, sino que llegó a perseguir reiteradamente, incluso hasta el exterminio, a no pocos individuos, grupos, pensamientos o estilos de vida disidentes. Exterminio que implicaba desde la perdida de trabajo, el descrédito social y la vergüenza familiar, hasta la persecución y el encarcelamiento, el “internamiento psiquiátrico” y la desaparición o la muerte nunca investigada a fondo y no pocas veces sobreexpuesta en la nota roja.

El activismo independiente o la incipiente militancia partidista resultaron, por ello, recursos organizativos fundamentales para querer incidir en la transformación de la realidad y la sociedad. Otras estrategias que coexistieron fueron los levantamientos anárquico-subterráneos definidos como guerrilla o, simplemente, la autocontención y auto-represión en una mayoría.

Tres referentes, bajo sus expresiones dialécticas entre lo nacional e internacional, fueron determinantes para ubicar la dirección del activismo lésbico pionero en México:

  1. El pensamiento de izquierda que, tras una crítica de la historia humana, fundamenta los diversos modelos de opresión y explotación social existidos, definiendo a la revolución y los sectores más desfavorecidos, pero organizados, como únicos y utópicos vehículos para construir una nueva sociedad, totalmente horizontal, que erradiquen toda forma de desigualdad social en el presente y futuro.En México, el Partido de la Revolución de los Trabajadores (PRT) y ciertos sindicatos universitarios de izquierda son las primeras organizaciones en reflexionar, debatir y pronunciarse seria, aunque moderadamente, sobre la cuestión de la mujer primero, poco después sobre el lesbianismo y la homosexualidad, como actores políticos con los cuales solidarizarse en la consecución de sus garantías civiles. Tras las marchas del orgullo LG, establecen alianzas pioneras que dan pie a la incorporación de representantes homosexuales y lésbicos dentro de su partido, lamentablemente también a su cooptación.
  2. El feminismo internacional y el mexicano, que asientan en el debate la reflexión y la acción política, el sentido del patriarcado como estructura histórico-ideológica que perfila toda relación social actual y que es perpetuadora de la sujeción simbólica y explotación material de las mujeres por los hombres, bajo muy diversos órdenes, no sólo sexual sino también laboral, económico, social, cultural, ideológico, de género, etc. El feminismo desprende a la procreación y la maternidad como única meta de realización de las mujeres, e intenta forjar nuevas formas de solidaridad entre mujeres para confrontar al patriarcado instituido culturalmente como el régimen histórico por excelencia. También actúa solidariamente con causas de otros sectores sociales entendiendo que su liberación depende de la liberación de otros.Sin embargo, el primigenio feminismo mexicano, reacciona conservadoramente y define distancia frente al desarrollo del activismo lésbico, considerando que la construcción de la legitimidad feminista podría ser fácilmente descalificada por el hegemónico poder patriarcal (incluidas otras mujeres), al “generalizar y reducir” a todas las mujeres activistas como lesbianas disfrazadas.
  3. La militancia sobre el orgullo lésbico-gay fue propulsora de las marchas públicas que demandaban la afirmación de su identidad y el reconocimiento a sus derechos civiles, generadora de publicaciones y otros instrumentos de comunicación y cohesión identitaria como política, hasta entonces inexistentes. Tomando como referentes las acciones y repercusiones públicas del caso StoneWall en Nueva York y el activismo europeo. Inicialmente hubo un intento de colaboración entre organizaciones, FHAR (Frente Homosexual de Acción Revolucionaria) casi exclusivamente gay, OIKABETH (Mujeres guerreras que abren camino y esparcen flores, abreviación de iniciales en maya) sólo de lesbianas y LAMBDA (organización mixta), configuraron el primero como radical intento de salir públicamente a las calles y demandar la protección de sus derechos frente a las redadas policiacas y su afirmación como sector diferenciado.

Desde la perspectiva lésbica militante, la homosexualidad masculina y el lesbianismo reformista organizados perdieron eje al adecuarse al modelo de aceptación heterosexual, siendo mediatizados y abandonando su ideario de transformación social y entrando en la dinámica mercadológica consumista.

Así, como en todo proceso social, hay coincidencias como contrapuntos ideológicos y organizativos, de ahí que actualmente el activismo lésbico sea un movimiento separado, cuya ala más politizada marcha en el Dia Internacional de la Mujer.

En México, la actitud y proceder aun predominantemente machistas de las izquierdas, la actitud y proceder hetero-sexista del feminismo y el machismo autoritario que se reproduce en la comunidad homosexual masculina, definió la separación del movimiento lésbico; por ello, dentro del activismo de los años setenta, el movimiento lésbico mexicano encausó tempranamente su línea de acción, bajo un enfoque autonomista. Despuntando sostenidamente y en la medida de sus recursos y organización, la participación en o implementación de protestas y marchas públicas, realizando y distribuyendo panfletos y volantes, construyendo consignas y pronunciamientos, promoviendo talleres y eventos culturales, encuentros fraternales y asambleas internas, congresos académicos o políticos; instrumentos significativos, todos ellos, para ir consolidando no sólo su legitimidad, sino la de otros sectores sociales paralelos oprimidos, con los que lucharon hombro a hombro.

De esta forma encararon y han ido encarando al resto de la sociedad, al gobierno y sus mentalidades imperantes. Laberintos Inexplorados resultó, entonces, un acercamiento expositivo a esta franja del lesbianismo mexicano que intenta definirse como sujeto social, es decir, como agente transformador de su realidad.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Alfredo Matus es pintor (por La Esmeralda) y sociólogo (por la UAM- Iztapalapa), en el área de la cultura. Inicia como promotor independiente realizando exposiciones para las primeras dos emisiones de Fotoseptiembre, para el Centro de la Imagen, en diversas sedes alternas en la ciudad de México y asiste al departamento de difusión del centro de la Imagen entonces. Trabaja de forma independiente en proyectos culturales en municipios del estado de Hidalgo y realiza los primeros cuatro desfiles de moda para la Semana Cultural Lésbica Gay, en el Museo Universitario del Chopo. Desde 2005, es director de la Galería José María Velasco (Barrio de Tepito) perteneciente al INBA, donde ha desempeñado como museógrafo, promotor y/o curador.

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