Revista con la A

25 de noviembre de 2022
Número coordinado por:
Laura Alonso
84

Mujeres por la paz en tiempos de guerras

La obstinada memoria entre dos orillas

Ximena Póo

Ximena Póo

En esta historia de encuentro, Gabriela Mistral y Pablo Neruda son dos nombres que se ligan a una historia de solidaridad a partir de un exilio que marcó el siglo XX

La vida cultural española construida a partir de los ideales republicanos, democráticos, cruzó el Atlántico durante la Guerra Civil para recalar en Chile y, desde esta orilla del mundo, germinar en innumerables aportes tejidos desde los afectos, los espacios intelectuales, las subjetividades que se fueron hilando para formar identidades entre dos mundos contradictorios -en la larga colonialidad- y a la vez emparentados por esperanzas emancipadoras bajo el grito de ¡Viva la República!

En esta historia de encuentro, Gabriela Mistral y Pablo Neruda son dos nombres que se ligan a una historia de solidaridad a partir de un exilio que marcó el siglo XX. Mistral, siendo cónsul en Madrid entre 1933 y 1935, es una figura central para reconocer cómo el feminismo y su sororidad levantaron valores republicanos similares a los de una América Latina que, hasta hoy, busca densificar sus democracias. Cuando estalla la Guerra Civil y las persecuciones, la Premio Nobel chilena apoya desde la orilla latinoamericana a intelectuales españolas acorraladas por la guerra y la dictadura franquista.

Gabriela Mistral (1889-1957) fue clave para las y los exiliados españoles y en especial para intelectuales como Maruja Mallo, Zenobia Camprubí, Teresa Díez Canedo, Francesa Prat i Barri, Ana María Sagi, María de Unamuno, María Zambrano o Victoria Kent. “En realidad, la intranquilidad reina por toda la Tierra, época mala, la que nos toca a los viejos, y la que toca a los jóvenes y a las criaturitas, que solo alegría dan con su inocencia sabia”, le escribe Teresa Díez-Canedo, quien, junto a Enrique Díez-Canedo, se instalaría en México. Mistral, internacionalista desde la desolación aprendida en Chile, recibió cientos de cartas de estas amistades dibujadas en una España teñida, por fuerza, de una historia que en la guerra se traduciría en el “No Pasarán” de las calles que resuena hasta hoy.

Gabriela Mistral fue clave para las y los exiliados españoles y en especial para las intelectuales

De mujer a mujer. Cartas desde el exilio a Gabriela Mistral (1942-1956), es el texto que, gracias a la edición de Francisca Montiel Rayo, reúne medio centenar de textos -recogidos entre muchos más que se guardan en la Biblioteca Nacional de Chile- que permiten recuperar esos relatos que dan cuenta de una Mistral profundamente comprometida con las mujeres republicanas españolas. “Hoy, que veo yo Europa más dañada que nunca, más desgarrada en sus vísceras vitales, se me agrandan enormemente la virtud y las virtudes criollas”, escribió Mistral a María Zambrano en un compromiso que materializaría, en 1939, el también Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda.

«Labriegos, carpinteros, pescadores, torneros, maquinistas, alfareros, curtidores: se iba poblando el barco que partía a mi patria. Yo sentía en los dedos las semillas de España que rescaté yo mismo y esparcí sobre el mar, dirigidas a la paz de las praderas», escribió Neruda en Misión de amor, un poema epocal en que relata la travesía del Winnipeg, el barco de la esperanza que trasladó desde Francia a dos mil trescientos exiliadas y exiliados -que hasta ese momento sufrían el destierro en campos de concentración franceses- a un Chile pobre, en la esquina del mundo que era gobernada por el Frente Popular bajo la presidencia de Pedro Aguirre Cerda. Por esos años se fundaba en Chile la revista “España Libre” (1942-1943) que mantenía viva la resistencia republicana en el exilio.

En el viaje del Winnipeg venían las semillas de una intelectualidad inédita, que sobrevivió y que germinó de la mano de notables como Roser Bru, Víctor Pey, Arturo Soria, Leopoldo Castedo, José Balmes, José Ricardo Morales, Antonio Romera, Mauricio Amster. Muchos de ellos luego experimentarían un doble exilio durante la dictadura de Pinochet (1973-1990).

Roser Bru (Barcelona, 1923- Santiago de Chile, 2021), Premio Nacional de Artes Plásticas 2015, fue una de esas viajeras del Winnipeg cuya obra ha trascendido a España y a Chile. En 1931 inició sus estudios en el Instituto-Escuela de la Generalitat, en Barcelona. En 1939 viajó a Francia y luego en Chile ingresó en la Escuela de Bellas Artes en Santiago. En 1947 formó parte del Grupo de Estudiantes Plásticos (GEP) que reunió artistas de la Generación del 50. En 1957 ingresó al Taller 99, siendo también académica de la Escuela de Arte de la Universidad Católica. “La vida se fue haciendo con nacimientos y muertes. Cada uno se las arregló con estas dos tierras de las que estamos hechos. Pero aprendimos a pertenecer. Fue un descubrimiento de América al revés y sin vencedores. Pura generosidad”, diría Bru sobre este viaje decisivo.

La memoria, la borradura, la humanidad quebrada, herida, los retazos del tiempo, los territorios simbólicos de Cataluña, la Guerra Civil y la dictadura cívico-militar chilena, estallaron en sus pinturas y grabados. La persistente y obstinada memoria que la llevó a desafiar a Pinochet durante una exposición en 1974, repartiendo papelitos con la frase “Venceréis pero no convenceréis”, de Unamuno.

Su obra se reparte entre el MoMA o el Metropolitan de Nueva York, el Museo de Bellas Artes y Museo de Arte Contemporáneo de Chile (MAC), de Chile, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, el Reina Sofía de Madrid y la Galería Sttatliche Graphische de Berlín, entre otros. Nunca abandonó esa Cataluña que trajo a Chile y por ello recibió la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes concedida por el gobierno español, en 2018, y la Generalitat inauguró, en 2006, una exposición retrospectiva de homenaje en el Palau Moja de Barcelona: “Dues vides. Dos vidas”. Amiga de Neruda, ya viviendo ella en Chile, publicarían Diez odas para diez grabados (Ediciones El Laberint, 1965).

Al morir en 2021, Roser Bru recibió homenajes en las dos orillas. Es así como Daniel Cruz, director del Museo de Arte Contemporáneo, perteneciente a la Universidad de Chile, destacó con estas palabras el legado de la artista catalana-chilena: “Adquiere vital importancia a partir del golpe de Estado de 1973, donde la represión y la censura transformaron su imaginario y repertorio. Transitando entre el objeto, la pintura, la gráfica y la fotografía, sus creaciones son un testimonio clave para entender y abordar la historia de nuestro país y su relación con los derechos humanos. Desde el MAC homenajeamos y honramos este importante legado para nuestra cultura”.

Roser Bru dijo que “hay momentos que no pueden olvidarse, como un bombardeo, que es la muerte y es la vida. Para morir hay que vivir”

Bru, en una entrevista concedida a Jotdown dos años antes de su muerte, dijo que “hay momentos que no pueden olvidarse, como un bombardeo, que es la muerte y es la vida. Para morir hay que vivir. Mientras se me ocurran cosas, estoy viva”. Y su vida continúa en sus obras y en la obra BRU o el exilio de la memoria, escrita y protagonizada por su nieta, Amalá Saint-Pierre, y dirigida por Héctor Noguera, Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales.

Dos orillas, viajes, exilios, cartas, feminismo, cuartos y talleres propios, nombres de hombres en primeras líneas y de mujeres que comienzan a salir a la luz con la fuerza de “lo político”, conforman la persistencia de la lucha por los derechos humanos y por la libertad de expresiones que se han tejido entre la España del exilio y el Chile del exilio. Dos orillas que reciben las aguas que se repliegan para volver a moverse hoy, mientras el mundo se sacude de nuevas crisis, los valores republicanos que viajaron cargados de incertidumbre abren los baúles de los barcos nunca hundidos para seguir la huella de la obstinada, necesaria y urgente democracia que nos exige honrar la historia de quienes soñaron entre pinceles, ensayos, crónicas, música y escenarios.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Ximena Póo es Doctora en Estudios Latinoamericanos, periodista, magíster en Relaciones Internacionales y Comunicación, profesora asociada de la Facultad de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile, casa de estudios donde es coordinadora académica de la Cátedra de Racismos y Migraciones Contemporáneas, y donde también forma parte del Consejo Editorial de Palabra Pública.

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