Revista con la A

25 de mayo de 2020
Número coordinado por:
Lucía Melgar y Alicia Gil
69

Feminismo ante el coronavirus

La distopía que nos alcanzó: Covid-19

Irma Saucedo

Irma Saucedo

Es muy probable que, si han estado en cuarentena por 45 días o más, hasta huyan de las noticias y la numerología sólo para mantener la salud mental y resistir el encierro

Escribo estas líneas y me pregunto si es posible decir algo nuevo o “interesante” sobre la pandemia del coronavirus que ha azotado al mundo y que, de acuerdo a la Universidad Johns Hopkins, hasta el 8 de mayo del 2020, ha producido en el mundo casi 4 millones de casos y cerca de un cuarto de millón de muertes. Es muy probable que, si han estado en cuarentena por 45 días o más, hasta huyan de las noticias y la numerología sólo para mantener la salud mental y resistir el encierro.

Para quienes, como yo, intentan tener una idea sobre lo que pasa en los lugares donde se encuentran sus seres queridos, el esfuerzo es abrumador e incomprensible. España, Ecuador, Illinois, California, Brasil, Grecia, son todos lugares que reflejan una numerología casi imposible de comprender y que no nos dicen nada sobre lo que puede ser la situación de esos espacios cerrados en los que se ha convertido el territorio mundial.

En realidad, sabemos muy poco sobre las diferencias impresionantes que presentan los diversos países respecto de las cifras oficiales de contagio y muertes; y del virus mismo. Lo que sí sabemos es que en la mayoría de los casos intentamos mantener una comunicación virtual para mantener un contacto cercano, escuchar un “estoy bien”, tener un respiro y seguir pensando en que quizá, sólo quizá, seamos afortunadas y logremos volver a abrazarnos en un futuro cercano.

Sin embargo, no estamos seguras. Como no está segura ninguna persona en el mundo en este momento. Porque los datos oficiales y las comunicaciones que tenemos con nuestros seres queridos no permiten completar el rompecabezas para vislumbrar el final del túnel. La seguridad no existe; esa que tanto prometen los diferentes gobiernos para que sigamos confiando en sus actuaciones y seguramente, votando por ellos.

Porque, aunque el mundo esté en la peor crisis, pareciera ser que en este mundito que habitamos no encontramos nada que pueda reflejar una colaboración sustantiva de los gobiernos para proteger a la ciudadanía. No porque esto no sea posible, sino porque no les interesa encontrar una solución colaborativa, ni siquiera en las diferentes divisiones políticas dentro de los países.

La pandemia ha mostrado al desnudo los gobiernos de un proyecto capitalista depredador que considera que la mayoría de los cuerpos son dispensables y no llorables

Ya podíamos prever muchas de las consecuencias de una pandemia de este tipo. Como ya se ha dicho alrededor del mundo, la pandemia ha mostrado al desnudo los gobiernos de un proyecto capitalista depredador que considera que la mayoría de los cuerpos son dispensables y no llorables. Porque una de las razones por las cuales enfrentamos la cantidad de muertes que nos presentan las cifras oficiales es porque las denominadas políticas de “austeridad” en la mayoría de los países han debilitado los servicios del estado, especialmente el sistema público de salud que, al menos en México, ni siquiera tiene recursos para garantizar la salud de la población en tiempos “normales”.

Sabemos que la mayor parte de las muertes estarán en los grupos más desprotegidos y marginalizados y que una gran cantidad de ellos no podrán despedirse de sus seres queridos si llegan a morir, ni tampoco llevar a cabo los rituales de despedida que nos hacen humanos. Pero también eso ya se sabía antes de la pandemia, si pensamos en el nivel de asesinatos y número de desaparecidos en un país como México. El 2019 fue el año más violento desde que se registran estos datos: 35.588 homicidios que representan una tasa de 27 homicidios por cada 100.000 habitantes: 1.010 feminicidios y un acumulado de 61.637 desaparecidos [1]. Es muy probable que el 2020 sea aún más violento porque la pandemia no ha disminuido los asesinatos ni los feminicidios, la gran mayoría contra las poblaciones más desprotegidas y marginalizadas.

La deshumanización que un sistema capitalista y depredador instala en la sociedad ya se respiraba en el país, pero será exacerbada por esta pandemia porque lo que ha logrado el encierro es la aceptación de medidas restrictivas, y en muchos casos violatorias de los derechos humanos, sin cuestionamiento. El miedo ha tomado el lugar preponderante en el espacio público, sólo unos días después de la marcha feminista más grande en la historia del país el 8 de marzo, y de una exitosa huelga de mujeres el 9 de marzo. Probablemente el miedo tarde en desaparecer porque la incertidumbre sobre la existencia de una vacuna o cura hará que se mantenga por muchos meses y, muy probablemente, se reinstale en cuanto aparezcan rebrotes.

Si se descubre una vacuna tanto ésta como el medicamento serán productos para los cuales no se podrá garantizar un acceso igualitario para la población

La información científica que circula es tan contradictoria que no podemos saber si efectivamente podemos lograr lo que denominan herd immunity [2], la posibilidad de que se esté acumulando la inmunidad comunitaria. Lo que sí sabemos es que la farmacéutica que “descubra” el medicamento adecuado para el coronavirus se convertirá en una de las compañías más ricas del mundo, como lo muestran las noticias que identifican el remdesivir como una posible alternativa terapéutica [3]. Sabemos, también, que si se descubre una vacuna tanto ésta como el medicamento serán productos para los cuales no se podrá garantizar un acceso igualitario para la población.    

Por desgracia, también sabemos que los políticos están buscando la forma de explotar la situación. Porque no es nada nuevo saber que al sistema capitalista no le importa perder vidas para obtener ganancias y, hasta nuevo aviso, los representantes en la denominada Democracia Representativa Liberal son los garantes del sistema. Por eso la siguiente fase es la fase del “debate” de “regreso a la normalidad” que será dominado por las previsiones catastróficas de los centinelas del capital, como lo muestran las declaraciones de los presidentes Trump y Bolsonaro.

Necesitamos una transformación masiva hacia una economía basada en la protección de la vida.

Como plantea Naomi Klein, debido a la profunda crisis ecológica la habitabilidad del planeta es lo que está en juego. Lo normal es mortal, nos dice, la normalidad es una inmensa crisis y por eso necesitamos una transformación masiva hacia una economía basada en la protección de la vida. Para eso necesitamos esperanza, energía y mucha creatividad porque la “vuelta a la normalidad” puede ser lo más desastroso que enfrente la humanidad si nos limitamos a votar por las instituciones partidarias existentes en el mundo.

La distopía no termina con el coronavirus, probablemente es sólo su inicio. Ante este escenario vale la pena analizar cómo enfrentar el miedo porque aún en las peores historias de ciencia ficción permanece una necesidad humana de comunicación, cooperación y sobrevivencia. Lo que hace tolerable cualquier historia de ciencia ficción es precisamente “lo humano de la humanidad”, la necesidad de sobrevivencia; y esa sólo se logra con la cooperación de las y los marginados.

En el lado humano, Naomi Klein plantea que, así como sabemos que el capitalismo es sangriento y depredador y que los políticos tratarán de hacer uso de la tragedia, nosotras también podemos tomar este momento como una oportunidad y pensar qué tipo de respuesta vamos a exigir. Ella plantea que la respuesta tiene que estar basada en los principios de una economía verdaderamente regenerativa, basada en el cuidado y la reparación [4], algo que el feminismo ha venido planteando por muchos años.

Si ya nos alcanzó la distopía quiero imaginar que el pensamiento positivo de Naomi Klein puede ser posible y que, por fin, la ciudadanía del mundo comprenderá que algo tiene que cambiar radicalmente para poder sobrevivir y poder llorar nuestras muertes. Para eso necesitamos de esperanza, de más radicalidad, de creatividad y de reconocimiento de los movimientos de los pueblos originarios que con sus luchas por la defensa del territorio y la vida nos están mostrando a las feministas un posible camino para la sobrevivencia.

Nos queda como tarea reconocer que la vuelta a la normalidad significa enfrentar la permanente crisis que este sistema depredador ha instalado en la humanidad. La vida está en juego. Ya nos alcanzó la distopía.

 NOTAS

[1]https://www.excelsior.com.mx/nacional/hay-61-mil-637-desaparecidos-suman-5-mil-184-casos-en-lo-que-va-del-sexenio/1356602

[2] https://www.healthline.com/health/herd-immunity

[3]https://notipress.mx/internacional/continua-la-carrera-farmaceutica-mundial-por-la-cura-del-covid-19-3489

[4]https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/entrevista-naomi-klein-gente-habla-volver-normalidad-crisis-doctrina-shock

 

REFERENCIA CURRICULAR

Irma Saucedo González es Socióloga. Feminista mexicana convencida de que la acción política requiere un Posicionamiento Ético Feminista que promueva la resistencia al poder y que lleve el debate de los márgenes al centro de la disputa teórica y política de los movimientos sociales.

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