Revista con la A

25 de noviembre de 2019
Número coordinado por:
Anastasia Téllez
66

Violencia de Género Institucional

Greta Thunberg, o la vergüenza de haber legado a la juventud un planeta en vías de extinción

En 2018, saltó a los medios de comunicación una joven sueca, llamada Greta Thunberg quién, con solo 15 años, llamaba a la juventud a manifestarse, a hacer huelga con el fin de crear conciencia sobre las consecuencias del cambio climático, y sobre la inacción de la ciudadanía y de los gobiernos ante un problema que puede acabar con la vida en el planeta, negando el futuro para las generaciones venideras, negando el futuro para ella y sus congéneres, a las criaturas más jóvenes aún que ella y a las que están por llegar a este mundo cada vez más inhóspito e inhabitable.

El activismo de Greta comenzó tímidamente, primero en el ámbito familiar, conminando a su gente a que cambiara sus hábitos por otros más saludables. Después, en agosto de 2018, decidió no asistir a la escuela, pidiendo al gobierno sueco que redujera las emisiones de carbono a las que se había comprometido, junto con otros gobiernos, al firmar el Acuerdo de París… En septiembre serían las elecciones en su país y decidió aprovechar el momento para que los partidos políticos incluyeran en sus programas medidas contra el cambio climático. Por entonces, Suecia ardía en múltiples incendios forestales. Por ello, decidió extender su protesta haciendo una sentada en el exterior del Parlamento sueco (Riksdag), durante la jornada escolar, portando un cártel en el que rezaba: “Huelga escolar por el clima”. Esta acción tuvo respuesta y, poco a poco, se fueron uniendo a ella centenares de estudiantes. Tras las elecciones generales, Greta, junto con sus seguidores, chicas y chicos de su misma edad, decidió continuar protestando cada viernes en el mismo lugar y con la misma demanda.

El 4 de diciembre de 2018, Greta habló en la Conferencia de Naciones Unidas contra el cambio climático, celebrada en Polonia. La conferencia impartida por la adolescente tuvo tal impacto que fue recogida por los medios de comunicación internacionales, extendiéndose así la protesta a todas las partes del mundo. Días más tarde, el 12 de diciembre de 2018, la joven activista emitió otro discurso ante la asamblea plena del COP24.

Tras saltar a los medios de comunicación, se le unieron miles de estudiantes de todo el mundo que extendieron la huelga estudiantil a nivel internacional, produciéndose huelgas y manifestaciones en casi trescientas ciudades de todo el mundo, todos los viernes, con el mismo lema, hasta llegar al 15 de marzo de este año cuando se produjo más que una oleada, un sunami de huelgas y manifestaciones de gente joven demandando a sus gobiernos medidas efectivas y reales para parar el cambio climático, poniendo en marcha el movimiento “Viernes por el futuro”, que aún continúa…

A partir de entonces, Greta apoya a distintos movimientos que luchan por sus mismos objetivos, participando, por ejemplo, en la manifestación Rise for Climate («En pie por el clima») en las afueras del Parlamento Europeo, en Bruselas, y en Londres en la Declaración de la Rebelión ante la Extinción. Además, ha participado en el Foro Económico Mundial, celebrado en Davos, en el Comité Económico y Social Europeo, en la Asamblea francesa, fue recibida en la Casa Blanca… hasta ha sido nominada para recibir el premio Nobel de la Paz en 2019.

Actualmente, ha protagonizado una travesía en un barco ecológico, cruzando el Atlántico para participar en la cumbre sobre el clima que ha tenido lugar en Nueva York, donde ha hablado para la Asamblea y donde la han acompañado sus miles de seguidoras y seguidores… ¿Les harán caso?

Lamentablemente, los foros internacionales recogen su voz y los responsables públicos se fotografían junto a ella, les abren sus instituciones y le ofrecen un atril en sus foros, pero no han implementado ninguna de las medidas efectivas que la joven defiende… ¡Es una vergüenza la incapacidad de los gobiernos para enfrentarse a la grandes empresas, principales responsables del cambio climático, a los gobiernos, como “los Bolsonaros”, que incendian grandes masas forestales para diezmar la naturaleza en beneficio de unos pocos! ¡Es una vergüenza la hipocresía y la corrupción que impera en las políticas nacionales e internacionales en absoluta y descarada connivencia con el gran capital! Pero también es una vergüenza que las generaciones que precedimos a esta juventud, a estas niñas y niños aún, a nuestros hijos e hijas, a nuestros nietos y nietas, no hayamos sido capaces de rebelarnos e, igualmente que nuestros gobiernos, acojamos con simpatía la rebelión y la lucha de jóvenes como Greta, pero permanezcamos impasibles ante este asqueroso mundo neoliberal y depredador… ¡Qué vergüenza!

 

Alicia Gil Gómez

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