Revista con la A

25 de noviembre de 2019
Número coordinado por:
Anastasia Téllez
66

Violencia de Género Institucional

Fase Oral. Segunda parte

“La Educación Infantil es una etapa de desarrollo que debe centrarse fundamentalmente en el aprendizaje y desarrollo afectivo, emocional y social del niño”. José Carlos Aranda.

Antes de continuar con la fase oral que comencé en el capítulo anterior quiero aclarar que no solemos tener preparación suficiente para ser madres, padres o cuidadores en un nivel personal. No hay escuela que ofrezca un título semejante, la mayoría aprende a serlo siéndolo, se trata tan sólo de conocer el alcance y la repercusión de estas figuras universales, cómo la criatura introyecta la experiencia y si tiene alguna dificultad por ello.

Por otra parte, los problemas que surgen de la relación entre progenitores y descendientes son normales e incluso sanos si se resuelven adecuadamente ya que permiten preparar para la vida, sus conflictos y resolución. Además, no todas las personas tenemos el mismo ritmo de aprendizaje, hay criaturas más rápidas y otras más lentas y esto no supone falta de valor o inteligencia, la velocidad la estamos llevando a ámbitos educativos que no permiten que cada etapa dure el tiempo suficiente para dar fruto.

Por otro lado, es necesario que entendamos que las diferentes etapas tienen distintos objetivos, la infancia necesita el aprendizaje emocional para lograr que la criatura crezca con un sentimiento de seguridad que después le dará mayor capacidad cognitiva. Y, por otra parte, los objetivos de las figuras parentales varían, hay quien tiene como objetivo vital ser madre o padre por encima de otras consideraciones personales y profesionales, y viceversa, quien es madre, padre o no, pero necesita realizarse como persona social, cultural y profesionalmente. Y eso es algo que, como debe ocurrir siempre en todos los ámbitos, se empieza a aprender desde la infancia.

La astrología es una muy buena herramienta para comprender los conflictos a que hemos estado unas y otros sometidos, como interfieren en nuestra conducta y si hemos logrado o no resolverlos para nuestra felicidad y satisfacción.

Al estudiar una carta astral hay que prestar atención, en este caso, a los signos, casas y planetas relacionados con la alimentación, el afecto y cobijo, como son La Luna y el signo de Cáncer y su sector natural conocido como “casa cuarta”, así como el signo de Tauro, su planeta regente Venus y lo que en Astrología se considera “casa segunda”. Pero como sobre planetas y casas aún no os he hablado quiero hacer un paralelismo entre esta etapa y el signo de Tauro.

En artículos anteriores expliqué que Tauro es un signo de búsqueda de seguridad y supervivencia que funciona en el nivel colectivo con los grandes movimientos que permitían a los pueblos nómadas asentarse para cultivar la tierra y obtener mayor seguridad vital, ya que el asentamiento permitía alimento y abrigo aunque vivieran en cuevas.

A su vez, este signo está relacionado con la garganta donde se encuentra la glándula tiroides, básicamente emocional, así como las cervicales que sostienen y permiten la movilidad de la cabeza, inclinándola con sumisión si hay problemas o debilidad ósea, o alzándola con orgullo.

Por otro lado, a la garganta, en ciertos conocimientos simbólicos y esotéricos, se la conoce como la “puerta estrecha”, guardián de todo lo que entra en el organismo para formar parte de él. Incluso relacionamos, en otro sentido, el acto de comer y su posible dificultad cuando decimos “eso no me lo trago”, refiriéndonos a cosas que no son alimento en el sentido estricto de la palabra. Y lo mismo ocurre con el vómito, en este caso no se trata de tragar sino de no “digerir” lo que se ha tragado. Con estos ejemplos pretendo que hagáis un paralelismo certero entre el acto de la alimentación y la asunción de propuestas intelectuales diferentes o de cualquier otro tipo, aplicando esta interpretación simbólica a otros conceptos y situaciones.

La fase oral dura aproximadamente dos años desde el momento del nacimiento, donde la criatura desarrolla la capacidad de “Supervivencia” y, como consecuencia, la confianza o desconfianza en la sociedad a la que ha llegado y en su propia capacidad para sobrevivir. La figura principal es la del arquetipo materno, normalmente ejemplificado por la madre que ocupa un lugar primario en la conciencia del niño o de la niña, o en su defecto por aquella persona que la sustituya que ha de tener las cualidades de cuidado, cobijo y alimentación que la criatura, en función de su experiencia, percibirá de forma más o menos positiva o negativa, constructiva o destructiva, según se cubran estas necesidades, por lo que depende de que la madre o la persona sustituta cumplan bien con su trabajo, siempre juzgado por la criatura de forma totalmente subjetiva. La alimentación, los cuidados y caricias, así como el calor del cuerpo materno neutralizan el miedo al aislamiento que se produce desde el momento que es expulsada del paraíso intra-uterino, atrayendo a su memoria ese estado que le devuelve tranquilidad. En cualquier caso, la separación de la madre supone una incomodidad orgánica y una herida psicológica que va profundizando a medida que se van repitiendo los problemas inherentes a la separación. Por tanto, esta fase, se relaciona con el amor, la alimentación, y la capacidad de succión, en primera instancia.

Posteriormente, dentro de la fase oral, se produce la aparición de los “dientes de leche” provisionales, ya que los procesos de calcificación de la dentadura y el esqueleto no han terminado. La aparición de los dientes permite suponer que la criatura está preparada para pasar a otro tipo de alimentación más sólida ya que puede triturar y desmenuzar los alimentos, algo que permitirá mayor independencia y separación de la madre.

La relación con ella ha entrado en conflicto desde el momento del nacimiento ya que ha cambiado de estar dentro del vientre materno, protegida y sin necesidades, a encontrarse fuera en un mundo desconocido y a veces hostil. Este conflicto, primero y probablemente más crítico de toda la vida de la criatura, sobre todo durante la infancia, se mantiene tratando de resolverlo en función de la mayor o menor intensidad  del shock  que sufra la criatura y su grado de sensibilidad, resistencia y capacidad de adaptación.                    

La aparición de esta primera dentición permite que la criatura comience a morder y como el acto de morder es un acto agresivo, si la madre le amamanta y retira el pecho alarmada por el dolor que le produce, o si durante el proceso se produce el destete, ya sea porque aparece alguna herida en el pecho materno, para evitar infecciones, o cualquier otro tipo de problemas, es normal que la criatura relacione la agresividad con la alimentación y más adelante, cuando crezca, puede establecer una pauta donde el acto de defenderse pueda relacionarlo con pérdida de seguridad, alimentación y afecto.

A lo largo del proceso de madurar como individuos autosuficientes, las figuras parentales pueden presentar problemas que faciliten que se escindan en nuestra psique, en este caso en la “madre buena” o la “madre mala”, dependiendo de cómo introyectemos el arquetipo femenino en función del mayor o menor grado de decepción que nos haya causado el acto de ejecutar sus funciones de amor, cuidado y alimentación. Algo que puede, más adelante, generar pautas de conducta y emociones que socaven o dificulten la relación con las mujeres o el acto de ser mujer con este tipo de “mandato de género”.

Esta escisión puede resultar en que la criatura, todavía muy frágil física y psicológicamente, crea que le atienden dos figuras maternales distintas, la que no le entiende cuando llora y reclama una atención concreta, por ejemplo alimento si tiene hambre, y esta “madre ineficiente y malvada” le cambia el pañal y no le da alimento o, por el contrario, le pone a mamar cuando lo que necesita es que le cambie el pañal que le produce escozor debido a los orines. Mientras que en otros momentos se hace presente la “madre buena y eficiente”, de la que depende para sobrevivir, que entiende sus necesidades y las satisface. Esto provoca cambios en su conducta y sentimientos, odiando a la “mala” que le hace sufrir y amando a la “buena” que sabe atenderle.

Resolver esta escisión supone llegar a comprender que la madre buena y la mala son la misma madre. Si odia y quiere destruir a la madre que no satisface sus necesidades también estará destruyendo a la que le permite sobrevivir. Entenderlo  le prepara para madurar e ir afrontando una vida y unas relaciones que no pueden ser perfectas, provocando unas veces mayor felicidad dándole lo que necesita y otras mayor sufrimiento negándoselo, dándose también la oportunidad de perdonar y perdonarse por su propia incapacidad para la perfección. Por otra parte, es común la aptitud de reparación si la madre falla cuando la necesita, está trabajando, enferma, despistada, o atendiendo otras prioridades vitales, y la criatura reacciona ante la desatención de forma destructiva, es normal que después trate de reparar el mal siendo más cariñosa, sonriente y amable como una forma de reducir la angustia por haber intentado destruir a quien ama y de quien depende para sobrevivir. Es bueno y necesario que la criatura experimente con todo tipo de sentimientos, pero, tarde o temprano, debe resolver esta escisión, si no lo hace, en su vida adulta seguirá juzgando al mundo y a las relaciones que establezca como algo que ama y que necesita para sobrevivir, o algo que odia y que necesita destruir y alejar de su vida. Después puede aparecer el sentimiento de culpa por ser capaz de destruir aquello que ama y necesita.

Este tipo de pauta de conducta es común observarlo en todo tipo de relaciones, por ejemplo de amistad. De repente alguien considera que eres un compendio de virtudes y valores incapaz de fallar en la relación y no es así, somos seres imperfectos y fallamos y en ese caso pasamos de ser un ejemplo ante el común de los y las mortales a ser alguien que no merece la pena contar entre sus amistades.

También es fácil entender que, en el origen de la violencia machista, además de las causas sociales que imprime desarrollarse en una cultura patriarcal, entre otras muchas razones, se encuentra el niño que no ha madurado como persona adulta hasta entender que su supervivencia está asegurada sin necesidad de que nadie lo haga por él, y por tanto sin depender de que su pareja esté pendiente de sus necesidades. Pareja a la que no permite que tenga otros intereses además de dedicar su vida a proporcionarle satisfacción y cuidados. También es común en este tipo de personas que después de una agresión vuelvan procurando una reparación, pidiendo perdón con lágrimas en los ojos y ofreciendo un regalo y el amor incondicional, temerosos de perder a la persona de la que depende su supervivencia. Y como el complejo derivado de la escisión de la madre no se ha resuelto, después de la reparación que no lo ha sido para la pareja, la siguiente agresión está asegurada e irá siendo cada vez más violenta.

“TODO LO QUE HAYA EN NOSOTROS DE LO CUAL NO TENGAMOS CONCIENCIA, NOS DOMINA”.
Howard Sasportas

 

REFERENCIA CURRICULAR

María Garrido Bens es astróloga, con una experiencia profesional de 45 años como docente y consultora en el campo de la Astrología tanto personal como mundial. Experta en Lenguaje Simbólico y Mitología aplicada a la Psicología. Profesora de Evolución Mental, Sanación y Meditación. En la actualidad ocupa el cargo de Tesorera de la Asociación con la A.

 

 

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