Revista con la A

25 de enero de 2023
Número coordinado por:
Lucía Melgar y Alicia Gil
85

El adiós

En busca de Frida Kahlo: con la A viaja a México

Este es el último número de con la A que se edita en España. La intención es que nuestras colegas mexicanas se hagan cargo de la revista y continúen su publicación allá, en México. Por ello, con el propósito de pasarles el testigo, hoy vamos a emprender un viaje a la Ciudad de México para encontrarnos con una de las artistas más emblemáticas que llevó al mundo su mexicanidad. Nos referimos a Frida Kahlo. Pero antes vamos a dar unas pinceladas sobre ese maravilloso país, acercándonos a la Ciudad de México para centrarnos en uno de sus barrios, Coyoacán, donde vivió y murió nuestra admirada Frida.

Viajar a México, o mejor dicho a los Estados Unidos Mexicanos, situado al Norte del continente americano, supone adentrarse en el séptimo país del mundo con mayor riqueza lingüística (se hablan 68 lenguas indígenas, propias de México, con 287 variedades, aunque es el español el idioma reconocido como lengua oficial) y una ingente riqueza cultural. No en vano la presencia humana en este gran país, cuya población actual supera los 130 millones de personas, se remonta a 30.000 años en los que se desarrollaron las culturas mesoamericanas, aridoamericanas y oasisamericanas, siendo cuna de dos de las civilizaciones más importantes de la América precolombina: el pueblo mexica (en el territorio central) y el pueblo Maya (en los Estados de Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Chiapas y Tabasco).

Plaza de la Constitución, conocida como El Zócalo

Plaza de la Constitución, conocida como El Zócalo

Con la invasión y la subsiguiente dominación española, en el siglo XVI, se creó el Vicerreinato de Nueva España, cuya capital fue la Ciudad de México, construida encima de la antigua México-Tenochtitla, convirtiéndose en una de las entidades más importantes del Imperio español en América, que también dejó un importante legado cultural. Fue declarada por los conquistadores capital del virreinato (reinando en España Carlos I), operando como centro político, financiero y administrativo de los territorios del Imperio español en Norteamérica, Centroamérica, Asia y Oceanía. El dominio español de esa época sobre la ciudad finalizó en 1821, tras la guerra de independencia que expulsó a los españoles. El estatus de sede de gobierno fue, entonces, ratificado en el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, que la nombró Capital del Imperio Mexicano. Así, la Ciudad de México, desde 1824 hasta 2016, fue nombrada Distrito Federal, diferenciándola de los demás Estados, tras la proclamación de la Primera República Federal, que puso fin al Primer Imperio mexicano.

Durante los primeros tres milenios antes de nuestra era, bajo el influjo de la cultura olmeca, se desarrollaron aquí varias poblaciones importantes como Cuicuilco. Hacia el final del Preclásico, la hegemonía cuicuilca cedía ante el apogeo de Teotihuacán, localizada al noreste del lago de Texcoco, ciudad que fue concentró a la mayor parte de los pobladores de la cuenca lacustre, quedando Azcapotzalco como uno de sus satélites en la ribera poniente, ocupado por pueblos de ascendencia otomí. En el oriente del lago, el cerro de la Estrella fue la sede de un pequeño pueblo teotihuacano. Teotihuacán es uno de esos lugares indispensables conocer.

Teotihuacán

Teotihuacán

A partir de mediados del siglo XX, debido a la alta concentración industrial en el valle de México, se incrementó la población de la capital debido a las corrientes migratorias provenientes de Estados más pobres, con el consiguiente crecimiento geográfico. Por ello, en la década de 1970, los municipios mexiquenses aledaños al Distrito Federal quedaron conurbados a la zona urbana, definiéndose la Zona Metropolitana de la Ciudad de México como el área urbana formada por las 16 delegaciones del Distrito Federal, 40 municipios conurbados del Estado de México y uno del estado de Hidalgo, siendo Coyoacán una de las 16 demarcaciones territoriales de la Ciudad de México, cuyo centro histórico es uno de los barrios intelectuales y bohemios de la capital mexicana.

Coyoacán

Coyoacán

Coyoacán tiene una alta concentración de infraestructura cultural y turística. Dentro de ella se encuentran las sedes de instituciones educativas de México (Universidad Nacional Autónoma de México -UNAM-, la Universidad Autónoma Metropolitana -UAM-, el Museo Nacional de las Intervenciones, el Museo Anahuacalli, el Museo Nacional de la Acuarela Alfredo Guati Rojo, el Museo Casa de León Trotsky, el Museo del Automóvil, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, el Centro Cultural Universitario y el Museo Frida Kahlo que es el que nos ocupa en este viaje y al que llegaremos más adelante, no sin antes destacar que en 1980 se inauguraron los jardines Hidalgo y Centenario instalándose jardines, fuentes, como la fuente de los Coyotes, esculturas, la placa con asta de bandera en base de forma piramidal, nivelando el kiosco central e instalando bancas corredizas, convirtiéndose la zona, a partir de entonces en un punto turístico y de reunión de familiares y amistades, que se pueden ver paseando los domingos por los jardines.

Museo Frida KahloY allí, ubicado en la Colonia del Carmen, muy cerca del precioso centro de Coyoacán, se encuentra el Museo Frida Kahlo, también conocido como la Casa Azul, el recinto cultural más representativo de la artista mexicana pues contiene una parte importante de su legado artístico y conceptual, por lo que resulta ser uno de los museos más visitados de esta zona.

El inmueble perteneció a la familia Kahlo desde 1904. Cuatro años después de la muerte de la pintora, en julio de 1958, a los 47 años, abrió sus puertas al público como casa museo. En la Casa Azul vivió Frida Kahlo (1907-1954) la mayor parte de su vida; inicialmente, junto a su familia y años después con Diego Rivera (1886-1957). Asimismo, personajes del ambiente artístico e intelectual de la primera mitad del siglo XX, tanto mexicanos como extranjeros amigos de la pareja, se hospedaron en la residencia. Frida quiso dejar su casa como museo, para el aprendizaje y disfrute de México, país al que amaba profundamente y Diego Rivera, su esposo, comenzó las obras en los últimos meses del año 1954, poco tiempo después del fallecimiento de Frida, cumpliendo así su voluntad, inaugurándose el museo en 1958. Rodeada por un hermoso jardín, además de las obras de Frida, en la Casa Azul podemos admirar obras de arte popular, esculturas precolombinas, elementos de la vida cotidiana de Frida, parte de su magnífica colección de exvotos, fotografías, documentos, libros, vestuario y mobiliario.

Pero la vida de Frida Kahlo, como señala Eli Batra en su libro “Frida Kahlo, Mujer, ideología y Arte” (Icaria, 1994), es inseparable de su obra. Frida, dice Batra, “no vivió para pintar, más bien pintó para vivir”:

“El mundo plástico de Frida Kahlo es un mundo reducido, limitado. Es reducido el tamaño de sus cuadros y reducidos los temas (…) Su espacio es el privado, con toda riqueza de sentimientos, símbolos, metáforas, emociones, que encierra la vida privada.

Lo que expresa realmente es su mundo interior (en forma de autorretrato) y lo que la rodea de manera inmediata. Pinta su universo casero, su historia personal. Y es esta historia personal (a pesar de lo que tiene de excepcional por haberse visto clavada en una cama gran parte de su vida debido a lo precario de su salud [Sufrió un accidente de tráfico en su juventud que agravó su enfermedad congénita, espina bífida, una enfermedad que produce dolorosísimas úlceras distróficas progresivas en piernas y pies]) es este encierro, aunque extremo, tan propio de las mujeres lo que hace que la vida de Frida sea un símbolo de lo femenino en nuestra sociedad.

La obra de Frida Kahlo denuncia la opresión y expresa la rebeldía… (…) Lo político no es sólo lo llamado ‘público’, social; no es solo lo que atañe al mantenimiento o a la lucha por conquistar el poder estatal; la ya, miles de veces, repetida consigna del feminismo contemporáneo, ‘lo personal es político’ significa que en la vida cotidiana interpersonal también se ejerce poder y, por lo tanto, hay política” (Batra, 1994).

Las enciclopedias señalan que la obra de Frida y la de su marido, el pintor Diego Rivera, se influyeron mutuamente. Ambos compartieron el gusto por el arte popular mexicano de raíces indígenas, inspirando a otros pintores mexicanos del periodo posrevolucionario. Aunque gozó de la admiración de destacados pintores e intelectuales de su época (Pablo Picasso, Vasili Kandinski, André Breton, Marcel Duchamp, Tina Modotti y Concha Michel) su obra alcanzó fama y verdadero reconocimiento internacional después de su muerte, especialmente a finales de los años de 1980 y principios de 1990.

Frida Kahlo murió a los 47 años, en 1954, víctima de una bronconeumonía.

Iniciamos este artículo, en este último viaje de con la A, con la esperanza y el deseo de que nuestras colegas de allá tomen el testigo y den continuidad a la revista, que ha sido tan suya como nuestra, porque sin su colaboración, sin su trabajo, sin su generosidad, sin su compromiso feminista, con la A no habría podido llegar hasta aquí.

La pelota está en vuestro tejado, queridas compañeras, amigas, hermanas.

 

Artículo realizado por: Redacción

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