Revista con la A

25 de septiembre de 2021
Número coordinado por:
Violeta Doval
77

Conquistas y retos de los derechos de las mujeres en los países musulmanes

Editorial

Reconozco que me alegra escuchar que mucha gente, hoy en día, se presenta como feminista, incluso aquellas personas que, una o dos décadas atrás, manifestaban que el feminismo estaba pasado de moda, que la igualdad era un hecho y que las mujeres ocupaban espacios en la toma de decisiones por su propio mérito, porque lo valían, negando, entre otras cuestiones, el impacto positivo que las leyes de cuotas de participación femenina han tenido en el aumento del porcentaje de representación de mujeres en las listas electorales, en los comités de dirección de las empresas, etc., entre otros numerosos logros en relación con el reconocimiento de los derechos de las mujeres y el marco legislativo existente que combate la violencia machista. Esas mismas personas, muchas de ellas mujeres  (hijas del estado del bienestar, como las denominé en su momento) -porque para los hombres, en general, el feminismo ayer y hoy ha sido considerado el enemigo público número uno, tanto en cuanto es el único movimiento político y pacífico que pone en riesgo sus privilegios de varón y hace frente, sin fisuras, a la violencia, en toda su tipología, que se ejerce contra las mujeres y la infancia, denostándolo, ridiculizándolo y, en el mejor de los casos, obviándolo, que pone en riesgo su idea de poder-, en su práctica cotidiana empezaron a sentir el peso del patriarcado, denunciado por el feminismo, tardando más años que sus compañeros de formación en encontrar empleo, cobrando menos que sus homólogos varones por desempeñar el mismo trabajo, topándose con el techo de cristal cuando querían ascender en sus empresas, sintiendo anclados sus pies en el suelo pegajoso de lo cotidiano al tener que renunciar a su tiempo libre y a su descanso por tener que ocuparse de las tareas del hogar, de los cuidados, del desempeño de sus empleos, de ser atractivas a costa de sacrificios para ser consideradas, etc., cuando formaban una familia, o cuando sufrían en sus carnes la violencia y el acoso sexual o por razón de sexo que sólo el feminismo denuncia y nombra y que habían sufrido como si ello fuera irremediable, como si fuera algo implícito en las relaciones entre hombres y mujeres de manera natural. Por otra parte, algunos hombres reacios al feminismo, aun cuando públicamente comenzaban a mostrarse defensores del mismo, sobre todo aquellos cuya defensa de los Derechos Humanos, de la justicia, de la libertad (me refiero a la libertad en su sentido más profundo, no a la de salir a la calle a tomar “cañitas” en tiempos de pandemia) se ponía en cuestión al no incorporar en sus prácticas cotidianas al cincuenta por ciento de la humanidad, las mujeres, empezaron a poner el oído a las reivindicaciones feministas y a sus prácticas, observando que algo tenían que aprender de ellas no solo para ser coherentes con sus idearios, sino también para deconstruir un modelo de masculinidad, privativo de una parte importante de sus vidas, de su subjetividad, que les impedía manifestar sus malestares más íntimos ante la posibilidad de ver puesta en duda su hombría, entre otras razones. Así las cosas, el y las articulistas de este número de con la A han puesto de manifiesto algunos de los logros del feminismo útiles para toda la humanidad, para implementar los cuidados en todos los campos de la vida humana y medioambiental, para hacer más justas las leyes y las constituciones, para visibilizar a todos los seres humanos ocultos bajo el genérico “hombre” en un lenguaje que se presenta como neutral aun cuando sus voces ocultan la realidad de la diversidad humana… Pero aún queda mucho por hacer. Por ello, bienvenidas, bienvenidos, a esta tarea de conseguir la igualdad plena, la justicia plena, la democracia real, la erradicación de la violencia como defiende el feminismo, a todas las personas que lo proclaman, aunque solo sea de boquilla, porque quizás, al presentarse como feministas, les entre la curiosidad de saber qué propugna el feminismo, quizás identifiquen sus logros y se den cuenta de que gracias al feminismo sus vidas han mejorado y que sus derechos están siendo reconocidos, quizás así no solo se nombren como feministas sino también se comprometan en cambiar este mundo para mejorarlo, que buena falta nos hace.

 

Alicia Gil Gómez

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