Revista con la A

26 de julio de 2021
Número coordinado por:
Dolors López Alarcón
76

Hablemos del suicidio

Editorial

Suele ser frecuente en aquellas conferencias sobre feminismo a las que asisten hombres, generalmente pocos, que algún atrevido varón, en el momento del debate, increpe a la conferenciante con la pregunta de por qué el feminismo no se ocupa de trabajar por la igualdad de los hombres… Imagino que a alguna de vosotras os habrá ocurrido o al menos habréis sido testigas de estas situaciones. Desde luego a mi sí me ha ocurrido con bastante frecuencia y siempre he dado la misma respuesta: “Verás (como ya tengo cierta edad les suelo tutear): suficiente trabajo tenemos las mujeres para deconstruir la subjetividad femenina y los estereotipos de género que nos oprimen, conseguir la emancipación plena, ser tratadas como ciudadanas de primera, hacer que se respeten nuestros derechos humanos, romper el mito del príncipe azul y del amor romántico, además de luchar contra las violencias machistas y los feminicidios, reivindicar la corresponsabilidad entre hombres y mujeres, acabar con la brecha salarial, defender un reparto justo y equitativo de los tiempos, los espacios y los cuidados, exigir la paridad en los órganos de toma de decisiones, romper el techo de cristal en la economía, la ciencia, la cultura, la política, deshacernos del suelo pegajoso, recuperar a las mujeres olvidadas por el pensamiento, la historia, la literatura, el arte, la ciencia y un largo etcétera de injusticias y desigualdades a las que estamos sometidas por un sistema patriarcal, como para también tener que ocuparnos de liberaros de las ataduras que os supone tener que responder al modelo masculino que os impone el patriarcado, eso os corresponde a vosotros mismos y si necesitáis ayuda o teorías hay mucho escrito desde el feminismo que os puede ser de mucha utilidad, sin perder de vista que la igualdad que nosotras consigamos nos beneficia a todas y todos de la misma manera que vuestras victorias, en este camino por la igualdad, también serán las nuestras… ”  Y tras estas “reflexiones”, que suelen ser más o menos diplomáticas o “chuscas” en función del tono utilizado por el interlocutor de turno, les recomiendo ponerse en contacto con alguna asociación de hombres por la igualdad que, por ejemplo, en España, llevan operando desde finales de los ochenta y principios de los noventa del siglo pasado, realizando excelentes trabajos, análisis y reflexiones tomando como referencia los principios del feminismo. Es cierto que algunos de estos hombres por la igualdad, aun cuando presumen de ser feministas, no siempre se pueden desprender del paternalismo y, en ocasiones, acuden a los espacios feministas para explicarnos a las feministas qué es el feminismo… Y, lo peor, es que solemos escucharles haciendo gala de la extrema paciencia que hemos adquirido al haber sido educadas para cuidar lo que, además de paciencia, exige comprensión, empatía, escucha… aunque ese es otro tema. Pero esta situación no se ha producido en los articulistas de este número, bien al contrario, pues se han centrado en la crítica a un sistema, el patriarcal, coercitivo, neoliberal y opresor para todos aquellos sujetos que, ávidos de justicia, no solo no se identifican con el modelo de hombre que propugna el patriarcado, que también les reprime y excluye, sino que han ido dando cuenta del intenso trabajo que están realizando para desligarse de las ataduras que les oprimen. Lo cierto es que una gran parte del movimiento de hombres por la igualdad ha iniciado un excelente proceso en lo que supone la deconstrucción de la masculinidad y el rechazo a los privilegios que conlleva por el hecho de haber nacido hombres, privilegios que se unifican en lo que al ejercicio de poder sobre las mujeres hace referencia, más allá de la clase, la ideología, la etnia, el nivel económico, el color de piel, la cultura, etc. a la que pertenezcan, pues dependiendo de estos factores el poder y los privilegios no están al alcance de la mayoría de hombres sino de unos pocos. Por ello, cuando Bethsabé Huamán y Danilo Assis propusieron un monográfico sobre los laberintos de la masculinidad, nos pareció una idea excelente y se pusieron manos a la obra, coordinando un número en el que todos los artículos aportan reflexiones interesantísimas no sólo sobre las claves que sustenta “ser masculino” sino también sobre la desigualdad que genera el paradigma de la masculinidad (varón, blanco, rico, etc.) sobre aquellos varones que no se ajustan estrictamente al mismo, llegando a la conclusión de que el patriarcado no facilita la vida de la mayoría de las personas, ni mujeres ni hombres. Así, desde el movimiento de hombres por la igualdad, hurgando en los entresijos de la masculinidad, utilizando para sus análisis e investigaciones criterios feministas, han hecho aportaciones fundamentales para el feminismo, como por ejemplo “los micromachismos”, que articuló Luis Bonino en los años noventa, y que nos ha sido de utilidad, a todas y todos, para identificar un tipo de violencia oculta en la cotidianidad de las relaciones entre mujeres y hombres, o cómo la violencia que padecen los hombres negros, en Brasil, cosificados por la clase blanca de ese país (y de otros muchos), son excluidos y criminalizados… Es muy importante, sin duda, que los hombres reflexionen sobre ellos mismos y actúen en consecuencia, porque solo así podrán acompañar a las mujeres en este largo y duro viaje que supone enfrentar en el día a día los embates de un patriarcado brutal. Por ello, ha sido muy reconfortante leer lo que aporta a los hombres involucrarse en los cuidados, seguir el análisis de cómo el imaginario masculino se proyecta a través de películas como El padrino, conocer cómo se implican en la paternidad responsable… constatar cómo, en definitiva, han encarnado los principios feministas cuyo fin último es generar actos sustantivos para que todas y todos podamos tener un buen vivir, como dice Ana de Miguel.

Alicia Gil Gómez

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