Revista con la A

25 de marzo de 2019
Número coordinado por:
Soledad Muruaga y Pilar Pascual
62

La Psicoterapia de Equidad Feminista

Editorial

Uno de los objetivos que nos impulsó a la creación de la Revista con la A, además de visibilizar el trabajo que realizan las mujeres en todos los ámbitos por los que discurre la vida de las personas, entre otros, fue demostrar que se puede escribir utilizando un lenguaje No sexista sin menoscabar la lengua sino enriqueciéndola, como han venido haciendo cada una de las más de 700 articulistas que han hecho posible los 61 números publicados hasta la fecha. De hecho, en febrero de 2012 (fecha de la presentación pública de la revista, lo que implica que vamos a cumplir siete años ¡quién lo iba a pensar!), Diana Raznovich elaboró una viñeta para la presentación de la revista -que utilizamos como logo y que reproducimos en este número- dando cuenta del porqué denominamos a esta publicación, y a la asociación que la sustenta, con la A. Sin embargo, hasta hoy no hemos dedicado ningún monográfico al lenguaje NO sexista, aun cuando es un tema que hemos venido arrastrando en la planificación de cada año… Pero no podíamos esperar más, máxime cuando la Real Academia Española sigue empecinada en arremeter contra el lenguaje inclusivo hasta el punto de que uno de los académicos (de cuyo nombre no quiero acordarme para no hacerle publicidad, porque para colmo de los colmos el susodicho vive de vender libros y escribir artículos misóginos que compran y leen las mujeres -¡ya nos vale!- mayoritariamente, a pesar de que en un artículo, que todavía circula por internet, proclamaba el susodicho: “… y se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente -¿acaso no se mata a los caballos?-, abatirla de un escopetazo.” (Sic.), frase que de haber sido pronunciada por una mujer en relación con un hombre sin duda hubiera acabado en los tribunales denunciada por apología de la violencia… ¡y todavía nos llama feminazis…!) amenazó con abandonar la Academia (¡No tendremos esa suerte!) si ésta accedía a revisar la Constitución Española para adecuarla a un lenguaje inclusivo, tal y como le fue solicitado por el gobierno español haciendo gala bien de ingenuidad o bien de desconocimiento del talante misógino de la institución… Desconocimiento del que dudamos pues buena parte de los académicos no dejan de demostrar su misoginia en cuanto la oportunidad les es propicia… o incluso cuando no viene al caso… es decir ¡siempre!, obviando los distintos estudios e investigaciones de numerosas y numerosos lingüistas que mantienen una actitud crítica con “la doctrina de la RAE” -como señala en su artículo Mercedes Bengoechea- y abogan por un lenguaje inclusivo y no sexista que no solo NO empobrece la lengua sino, por el contario, la enriquece al incorporar las distintas realidades que pueblan el planeta. Afortunadamente, mal que les pese a quienes se autonombran dueños del lenguaje, éste se desarrolla y transforma al paso que impone la sociedad, de manera que es solo una cuestión de tiempo que tengan que apearse de su pedestal, autoconstruido por ellos mismos -valga la redundancia, dicha en masculino porque la representación de las mujeres en los sillones de la RAE no solo es escasa sino silente-, e ir incorporando las voces que visibilizan al 51% de la humanidad, las mujeres, además de desechar aquellas cuyos significados nos denigran y discriminan… De hecho, se han realizado algunos cambios en la última edición del Diccionario… pocos aún, pero algunos. Sin embargo, para que el periodo de reconocimiento y aceptación del lenguaje inclusivo y no sexista sea breve debemos utilizarlo cada día y en cualquier ámbito en el que nos comuniquemos: en clase, en el super, en el gimnasio, en la biblioteca, en las manis, en las reuniones familiares y de amistades, en los correos, en las redes, en nuestros puestos de trabajo,… donde quiera que escribamos o hablemos y con quien quiera que hablemos o a quien quiera que escribamos, pues se da la paradoja que bastantes feministas de pro (¡Ay, ay, ay!) siguen hablando y escribiendo en masculino, aun cuando defienden el uso del lenguaje no sexista. No basta con defenderlo, hay que ponerlo en práctica… ¡Hemos de introducir la A, tal y como ellos saben hacer cuando ocupan espacios tradicionalmente femeninos: enfermeros, modistos, azafatos,…! A nadie se le ocurre decir: “Manolo es enfermera”, aunque sí es frecuente escuchar: “Pepita es médico”, mientras que es de uso común, cuando se habla del conjunto de las profesiones de la sanidad, decir que está compuesta por médicos y enfermeras… ¿por qué no causa el mismo malestar cuando nombramos la profesión de una mujer en masculino? Transformar el lenguaje, hacerlo inclusivo y No sexista, contribuye a cambiar nuestra manera de ver el mundo pues convierte las imágenes, las ideas, los pensamientos estáticos en dinámicos, plurales, abiertos y democráticos… El mundo es diverso y las mujeres, también diversas, formamos parte de él, que no se nos olvide señalarlo, aunque la RAE diga que es incorrecto, sobre todo ahora que los tiempos hieden a retrocesos políticos, a ideologías reaccionarias que pretenden quebrarnos de nuevo “la pata”, aturullarnos con mentiras e imponer el negacionismo, entre otros, de la violencia machista y la discriminación sexual… El uso del lenguaje sexista no deja de ser un mecanismo político que legitima nuestra exclusión y certifica la violencia, no lo olvidemos, como tampoco hemos de olvidar que: “¡El lenguaje construye pensamiento!” ni que “¡Lo que no se nombra no existe!”… Y nosotras las mujeres, las feministas y los hombres de bien que luchan por la igualdad, mal que les pese a los machirulos y a sus seguidoras, existimos… proclamémoslo y sigamos adelante para conseguir la igualdad, el buen trato y el reconocimiento pleno, además de la erradicación de la violencia contra las mujeres para cuya legitimación el uso del lenguaje sexista es un gran aliado, pues el control del lenguaje -como nos recuerdan varias articulistas en este número- no deja de ser una estrategia del Poder establecido para perpetuarse, al constituir la esencia del Poder simbólico que naturaliza la cultura machista y patriarcal. Por ello, en los logros conseguidos: ¡Ni un paso atrás! Para los que nos faltan por conseguir: ¡Siempre adelante!

 

Alicia Gil Gómez

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