Revista con la A

25 de noviembre de 2018
Número coordinado por:
Lucía Melgar y Alicia Gil
60

Acoso, abusos sexuales y violación

Editorial

Que el movimiento feminista (estoy pensando en las luchas que han saltado a los Medios de Comunicación: Me too, en USA, Ni una menos -surgido en Argentina en 2015 y extendido con fuerza por toda América Latina-, las múltiples Redes de Mujeres contra la violencia machista a nivel internacional, destacando las movilizaciones de mujeres en la India, Nos queremos vivas, No es No, la huelga de mujeres del 8 de marzo, el 7N y el Tren de la libertad en España… y tantas y tantas movilizaciones cuyos eslóganes identificativos no puedo reproducir porque llenaría varias páginas) mundialmente está consiguiendo colocar en las agendas -si no dentro de los primeros lugares al menos va escalando posiciones significativas- del Poder político la violencia que sufren las mujeres como un problema a resolver, es innegable. Cuanto menos, ha saltado a los informativos de todos los medios globalizados, lo que supone una toma de conciencia de la sociedad en torno a que la violencia machista no es un episodio que sufran las mujeres puntual e individualmente, aquí o acullá, sino que se trata de un problema estructural de unas sociedades dotadas de un sistema de Poder, patriarcalista y androcentrista, afectado por la injusticia que supone organizar instituciones, políticas, culturas, economías, creencias y normativas vertebradas para legitimar la desigualdad, la violencia, la exclusión, dando respuesta a las necesidades y los deseos de algunos hombres cuyas características se ajustan al paradigma de referencia: varón, blanco (al menos en occidente), rico, sano, heterosexual, afectado por el edadismo en sus extremos, por el modelo religioso cómplice de cada cultura y por los referentes históricos sesgados… quedando fuera del sistema todas aquellas personas que no se ajusten estrictamente a estas características y, claro, las mujeres, al constituir la mayoría de las dos mitades biológicas en las que está dividida la especie humana, quedan -quedamos- excluidas por la mayor, a pesar del aumento (todavía minoritario) de la presencia de mujeres en algunos órganos decisorios, muchas de las cuales asumen el rol reproductivo y la sumisión que impone el patriarcado. Un modelo patriarcal que si bien excluye a la mayoría de los hombres del Poder, estos, como señala Celia Amorós, “se auto-instituyen en sujetos del contrato social, donde no todos tienen el poder, pero al menos pueden tenerlo, son percibidos como posibles candidatos o sujetos de poder. Sujetos de relevo, bien sucesorio o genealógico (orden del relevo de las generaciones)”, equiparándose, eso sí, en el Poder sobre las mujeres a través del Contrato sexual (Carol Pateman) que ejercen a través del convencimiento (educación, creencias, etc.) y de la violencia en todas sus manifestaciones. Una de las características de la violencia contra las mujeres es su marcado cariz sexual en el que las violaciones, los abusos, los acosos suelen ser el preámbulo de las palizas y los asesinatos, los feminicidios, los modos de ejercer la violencia más brutales imaginables. Naciones Unidas reconoce desde hace años que la violación es utilizada como arma de guerra, a pesar de lo cual se sigue violando a las mujeres incluso por sectores de los cascos azules, tal y como han denunciado en numerosas ocasiones las ONGs que trabajan en zonas de conflicto armado; algunos Estados disponen de un marco legislativo para implementar la igualdad y para luchar contra la violencia hacia las mujeres… Pero ni están dotados económicamente -al menos no de manera suficiente-, ni se ataca la raíz. Me refiero a la educación, a las medidas preventivas y al cambio de modelo de poder simbólico que naturaliza las violencias contra las mujeres impregnando las mentalidades de “los hombrecitos”, de todas las edades, que salen en “manada” a agredir, abusar, violar, y matar a mujeres. “Hombrecitos” que en sus entornos personales y laborales siguen acosando, maltratando, abusando, violando y, satisfechos con sus hazañas, suben sus fechorías a las redes sociales para regodearse con sus congéneres tan brutales como ellos mismos. Luego están los sectores más reaccionarios del poder judicial, ese que tiene que aplicar una justicia igual para todas y todos, dictando sentencias lamentables (que dan asco, vaya, y ponen en tela de juicio, una vez más, la imparcialidad de algunos jueces y, lo que es peor aún, juezas, en clara alianza con los valores patriarcalistas y el machismo rampante) que suponen una nueva agresión hacia las víctimas, o los Pactos de Estado que nacen sin dotación presupuestaria o, de tenerla, no la ejecutan o lo hacen tarde mal y nunca, o las adhesiones de los Estados a los Tratados Internacionales, como por ejemplo el Convenio de Estambul, que si bien se rubrican no se aplican en las políticas de los países signatarios… Pero las mujeres, impulsadas por los movimientos feministas, ya hemos comprendido que o salimos a la calle masivamente y alzamos nuestras voces, o seguiremos estando a meced de la violencia del patriarcado… Y es que así nació el patriarcado, en esa violencia están sus orígenes para controlar el parentesco apropiándose para ello de nuestros cuerpos, y así la siguen ejerciendo… Gracias a los movimientos feministas, a las salidas masivas de las mujeres a la calle, a su lucha incansable, ya contamos con buenas alianzas: principalmente consolidando redes de mujeres, también sumándose a la lucha sectores de la judicatura que denuncian las injusticias del sistema, los medios de comunicación comprometidos con la verdad y, por supuesto, hombres que aumentan su percepción de que esta violencia hay que pararla y abominan de ser cómplices de un patriarcado terrorífico… También hay partidos que se reclaman feministas (aunque sus dirigentes siguen siendo mayoritariamente hombres) que han incorporado en sus programas las reivindicaciones de las mujeres… ¡Ahora falta que las cumplan! Mientras tanto, las mujeres seguiremos trabajando en nuestro entorno más inmediato para que se nos respete, continuaremos saliendo a la calle para decir: ¡Basta ya! ¡No es No! ¡Ni una menos! ¡Me too! ¡…! Y sacando las vergüenzas de los cómplices de la maldad… Cada día somos más y más fuertes, cada día más hombres justos se suman a nuestra causa… Y es que el futuro, la Paz, la Igualdad, la Democracia, la Justicia… ¡¡¡o es Feminista o no será!!!

 

Alicia Gil Gómez

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