Revista con la A

25 de septiembre de 2019
Número coordinado por:
Violeta Doval
65

Mujeres mauritanas. Feministas en un país profundamente patriarcal

Devenir Plataforma Encuentros Bolleros

Plataforma Encuentros Bolleros

La Plataforma de Encuentros Bolleros nació de la constatación recurrente de nuestra invisibilidad tanto en los espacios feministas como en los espacios LGTBIQ, del hartazgo y el agotamiento que nos producía a algunas saber que las lesbianas seguimos siendo invisibles

No tenemos muy claro cómo se han constituido a lo largo de la historia, o más bien, de esta nuestra historia y genealogía bollera, otros grupos, colectivos y organizaciones, pero seguramente fue muy parecido al nacimiento de la Plataforma de Encuentros Bolleros: tras charlas con cafés, cervezas, fiestas, manifestaciones, intimidades entre amigas y amantes, en las que nos decíamos las unas a las otras que necesitábamos un espacio propio como bolleras. Nació de la constatación recurrente de nuestra invisibilidad tanto en los espacios feministas como en los espacios LGTBIQ, del hartazgo y el agotamiento que nos producía a algunas saber que las lesbianas seguimos siendo invisibles en dichos espacios y la certeza de que hay un olvido premeditado de nuestras existencias, genealogías, prácticas, debates y cuestionamientos.

Hablamos de espacios de lucha política, pero también de espacios de ocio y de encuentro. Hablamos de la invisibilización en los movimientos, pero también en los bares, en las calles, en la noche. Nos sentíamos dispersadas, desconectadas las unas de las otras, pensando que ahí fuera habría montones de bolleras sintiendo lo mismo, pensando lo mismo, necesitando un espacio de encuentro, de apoyo mutuo, necesitando ocupar el espacio público; ansiosas de vidas compartidas, de lucha, de militancia, y también de alegrías y de festejos. Sabiendo que nos han precedido colectivos de bolleras tan potentes como LSD y echando en falta cosas como su Bollozine.

De esa puesta en común, atendiendo también a nuestra diversidad y sabiendo que muchas veníamos de haber militado en diferentes colectivos y asambleas o que muchas otras vendríamos sin ningún tipo de experiencia militante quisimos ofrecer una respuesta propia, organizada, autogestionada y asamblearia. Retomar los fundamentos del lesbianismo feminista, nombrarnos y asumirnos como bolleras para generar autonomía política y que nuestras voces se escucharan dentro del feminismo hegemónico y del movimiento LGTBIQ. Un lesbianismo feminista que contase con las bolleras trans como compañeras de lucha y que, además, rechazara la transfobia de algunos espacios bolleros y de algunas feministas.

Así, pensamos en iniciar una serie de encuentros bolleros para debatir, deconstruir o dinamitar lo que hubiese que dinamitar y crear una red de bolleras, porque queríamos, desde la acción política y desde la puesta en común, construirnos. Entonces, lanzamos una convocatoria en redes sociales, sin tener muy claro que fuera a funcionar, con el miedo de que realmente fuera un tema que sólo nos interesaba a cuatro o cinco o que fuera una convocatoria que no interpelase a demasiadas compañeras. Llevábamos años escuchando y leyendo cosas como la abolición de las identidades sexuales y lo perjudicial de hacer política desde ahí, lo que, desde nuestro sentir, había vaciado a los colectivos LGTBQ de bolleras, bisexuales y trans.

Y funcionó. Nos reunimos por primera vez, el 17 de noviembre del 2018, en la Eskalera Karakola, kasa transfeminista que ha sido punto de encuentro desde hace más de 20 años para todas las disidencias en Madrid. Ahí empezó todo, la Karakola se desbordó. Toda la diversidad bollera okupó su lugar en aquella primera asamblea, se establecieron debates que aún marcan nuestra agenda política y de los que se nutren nuestras acciones y actividades, se llegó a los primeros consensos, se apostó por seguir construyendo un espacio horizontal, de cuidados, alejado de las lógicas heteropatriarcales y capitalistas,  antirracista, transinclusivo, con especial atención a la accesibilidad y con el objetivo de generar redes de apoyo tanto entre nosotras mismas como con otros colectivos a quienes les atraviesan diversas opresiones.

Solamente han pasado ocho meses de aquel sábado de noviembre, pero la Plataforma ya ha participado y ha convocado diferentes acciones, ha generado espacios de encuentro y socialización, se han creado comisiones en las que cada cual se ha integrado según su disponibilidad, necesidades e intereses, hemos crecido política y personalmente, hemos dejado de sentirnos solas.

Chueca, ese barrio gaycapitalista y gentrificado del centro de Madrid que ha expulsado a las bolleras, a las precarias, a las cojas, a las gordas, a las trans y a las racializadas de sus calles

Durante este tiempo, hemos hecho talleres de esténcil y de camisetas; hemos convocado, en dos ocasiones, el Vermut Bollero para tener una caja de resistencia que haga frente a los diferentes gastos que se derivan de nuestras acciones y asambleas; hemos participado como bloque bollero en las manifestaciones feministas del 25N y del 8M; en la jornada de huelga del mismo 8M, realizamos el Fachitour, un tour por el Madrid de los fachas, el Madrid de las élites, en el que fuimos muy mamarrachas; respondimos con una besada de protesta a una agresión lesbófoba; convocamos una bolloclama el 26 de abril, Día Internacional de la Visibilidad Lésbica, por Chueca, ese barrio gaycapitalista y gentrificado del centro de Madrid que ha expulsado a las bolleras, a las precarias, a las cojas, a las gordas, a las trans y a las racializadas de sus calles; hace apenas unas semanas, después de meses de trabajo y reuniones, pusimos en marcha las “I Jornadas Bollofeministas: Historias bollo desde el cuerpo”, en las que, entre todas, construimos un espacio de reflexión al margen de los modelos heteronormativos, y en las que muchas compañeras nos contaron y hablaron desde lo que les atraviesa como bolleras. Por último, quisimos que el Bloque Bollero tuviera una presencia fuerte dentro de la manifestación del Orgullo Crítico de Madrid y, además de leer nuestro manifiesto junto con otros colectivos al finalizar la marcha, paramos el recorrido hasta en dos ocasiones para denunciar las políticas institucionales racistas y recordar que el verdadero origen del orgullo se encuentra en los cuerpos racializados y disidentes sexuales, en todxs lxs excluídxs de la comunidad.

Hasta aquí el resumen de lo que hemos hecho durante estos meses como Plataforma. Pero no queríamos terminar sin expresar lo que ha supuesto en lo personal y en la construcción de una red de apoyo y de cuidados que va más allá de los propios ritmos asamblearios. Creemos que estamos construyendo un espacio de libertad y seguridad donde no solo se construye una identidad política colectiva, sino también las identidades individuales de forma permanente y, aprendiendo las unas de las otras, vamos dando fuerza y cohesión a un grupo donde la diversidad es el rasgo fundamental. Somos bolleras racializadas, blancas, precarias, empleadas, jóvenas, mayores, madres, militantes de toda la vida y recién llegadas, académicas, clase obrera y, como decía Audre Lorde, creemos que justo en la diferencia radica nuestra potencia.

Finalmente somos bolleras que desde el gozo también luchamos. Desde el afecto, el apoyo mutuo y la ternura radical, conscientes de que como dijeron las Radicalesbians en Nueva York en 1978:

¡Una lesbiana es la rabia de todas las mujeres concentrada hasta su punto de explosión!

Plataforma Encuentros Bolleros

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