Revista con la A

25 de julio de 2020
Número coordinado por:
Lucía Melgar y Alicia Gil
70

¿Nueva normalidad? Y feminismo

Debates feministas antes y después del Covid-19

Rosa Cobo

Rosa Cobo

Ni el movimiento del que surgió la nueva izquierda ni otros actores políticos tienen una capacidad de movilización semejante a la que tiene el feminismo

El feminismo español ha crecido en la última década hasta convertirse en el movimiento social con mayor capacidad de movilización de la sociedad española. Ni el movimiento del que surgió la nueva izquierda ni otros actores políticos tienen una capacidad de movilización semejante a la que tiene el feminismo. Este rasgo es lo que hace que sea cortejado por partidos de izquierda y movimientos e incluso presionado para que abdique de su agenda política.

El covid-19 ha detenido esas movilizaciones feministas en las calles, pero ha intensificado su presencia en las redes sociales, al convertirse ahora en el espacio privilegiado de confrontación ideológica. Los medios de comunicación de masas no son solo una de las características presentes fundamentales de cuarta ola, sino que su relevancia se ha incrementado notablemente durante el confinamiento. En las redes sociales se han desarrollado ininterrumpidamente variadas acciones políticas feministas, como jornadas, conferencias, cursos y entrevistas virtuales o videos, carteles y tuits. La lucha por la abolición de la prostitución ha sido una de las vindicaciones feministas con más presencia en las redes sociales durante el confinamiento.

Grupos políticamente progresistas aspiran a que el movimiento feminista asuma algunas de sus propuestas o abdique de algunas de sus vindicaciones políticas

Sin embargo, los debates políticos que ha protagonizado el feminismo en las redes se han desarrollado en dos direcciones opuestas: de una parte, con grupos ideológicos conservadores, agrupados en torno a la ultraderecha; y de otra, con grupos políticamente progresistas que aspiran a que el movimiento feminista asuma algunas de sus propuestas o abdique de algunas de sus vindicaciones políticas. Los casos más claros en este sentido son los partidos de izquierda y el movimiento LGTB.

En primer lugar, la extrema derecha ha comprendido el carácter transformador del feminismo, como también han entendido que en este discurso se concentran todos los rasgos que cuestionan su modelo de sociedad: la interpelación a la autoridad masculina en el marco de las relaciones de pareja, el control que sectores de mujeres tienen sobre su sexualidad y su reproducción, la creciente participación de las mujeres en el mercado laboral con el consiguiente aumento de su independencia económica e incluso el limitado acceso a espacios de poder. Estas propuestas feministas suponen en sí mismas una crítica al esquema de sociedad que persigue la extrema derecha. Por eso, han hecho del feminismo el objetivo político fundamental a batir para restaurar el viejo orden patriarcal. En las redes sociales se escenifica la dureza del ataque ultraconservador a las mujeres al tiempo que se evidencia la dificultad de entendimiento futuro entre la derecha y el feminismo. Con la distancia que proporciona el tiempo, en algunos años se podrá analizar con más claridad que uno de los elementos nucleares críticos del discurso político de los neofascismos es el feminismo.

En las redes sociales se escenifica la dureza del ataque ultraconservador a las mujeres al tiempo que se evidencia la dificultad de entendimiento futuro entre la derecha y el feminismo

La otra disputa se dirime entre el feminismo y otros actores sociales progresistas. Para entender esta confrontación es preciso entender el significado que ha tenido la pérdida de su sujeto político para la izquierda. Algunos de los conflictos que tiene el feminismo en el siglo XXI se deben a esta orfandad de la izquierda, que la ha sumido en un vacío que está llenando con grupos discriminados y precarizados, y en muchos casos vulnerables, en un intento de articular una alternativa al capitalismo neoliberal. Sin embargo, a fuerza de sobredimensionar tanto a los individuos y grupos vulnerables, esta izquierda invisibiliza las estructuras de poder que los oprimen. Esto ocurre con las mujeres en prostitución, con las que gestan para otros o con las personas trans. Sin embargo, el feminismo está preocupado porque la creación de un discurso alternativo sólido está siendo elaborado por la izquierda de espaldas a la opresión patriarcal. Por eso, esta propuesta de un nuevo sujeto político de transformación social está creando tensiones en el feminismo.

En los últimos años, al calor del 15M primero y de la cuarta ola después, han entrado muchas mujeres jóvenes en el movimiento feminista con una marcada sensibilidad política de izquierdas y con un menor conocimiento de la tradición teórica y política del feminismo. De hecho, el 15M asumió el feminismo con resistencia primero, pero luego como uno de los hilos necesarios de la nueva cultura política de la izquierda, comprendiendo que las mujeres debían ser parte de ese nuevo y diverso sujeto político en vías de construcción. Este origen ideológico explica que este sector de mujeres que militan en el feminismo no ponga el acento político tanto en cuestiones relacionadas con el control masculino de la sexualidad y de la reproducción femenina como en colocar el peso vindicativo en cuestiones relacionadas con los cuidados o con la precarización laboral de grupos de mujeres descualificadas, migrantes y vulnerables.

El feminismo parte del supuesto de que en todos los grupos oprimidos hay mujeres más oprimidas y explotadas que los varones pertenecientes al mismo colectivo

Este análisis, por tanto, adquiere sentido en el marco de su propuesta de un nuevo sujeto político compuesto por diversos grupos oprimidos y/o discriminados. Por eso, este nuevo sujeto renovado y diverso realiza una lectura de la categoría de interseccionalidad funcional a sus intereses, pues es utilizada como una equivalencia de las luchas de las mujeres de los diferentes grupos e incluso de los propios grupos oprimidos. Sin embargo, el feminismo parte del supuesto de que en todos los grupos oprimidos hay mujeres más oprimidas y explotadas que los varones pertenecientes al mismo colectivo. Por eso, el feminismo sostiene que las mujeres no son un grupo más, sino que constituyen uno de los nervios de cualquier sujeto político colectivo de emancipación. Este análisis requiere que las mujeres sean entendidas como un genérico que comparte déficits de derechos y es receptor de variadas formas de violencia patriarcal.

Uno de esos grupos reivindicados por la izquierda como parte de ese nuevo sujeto político transformador es el colectivo LGTB. Este movimiento tiene como objetivo defender los intereses de aquellos grupos que tienen sexualidades disidentes y no heteronormativas. En el contexto de ese movimiento se han identificado políticamente desde hace poco tiempo las personas trans como un grupo no solo discriminado sino con un alto grado de vulnerabilidad. Se ha observado que la falta de respeto social y la discriminación domina la vida de las personas trans. La izquierda, aquejada, como decíamos antes, de la falta de un sujeto político en torno a la cual construir un proyecto político, ha acogido la causa trans como parte esencial de ese nuevo sujeto político renovado. Sin embargo, se vuelve a repetir la misma lógica: al igual que defendían a las mujeres prostituidas sin criticar la institución que las oprime, aquí se defiende a la población trans sin criticar la estructura de dominio que las discrimina, que no es otra que el género. Muchas mujeres que militan ideológicamente en las filas de la izquierda, además de la nueva izquierda en sí misma, no separan estas dos realidades (personas oprimidas y sistema de poder) y ese hecho históricamente tan claro para el movimiento feminista es el origen de los uno de los conflictos que está fragmentando al feminismo.

La búsqueda por parte de la izquierda más radical de un sujeto político que llene el vacío que dejó el movimiento obrero no puede poner en cuestión el sujeto político del feminismo. En realidad, estas tensiones que envuelven al feminismo del siglo XXI no derivan tanto del feminismo en sí mismo como de la izquierda y de otros grupos que quizá no tienen la suficiente fuerza para hacer políticas de la presencia con autonomía y buscan el paraguas del feminismo para adquirir legitimidad y resonancia social.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Rosa Cobo Bedia es profesora titular de Sociología del Género y directora del Centro de Estudios de Género y Feministas de la Universidad de A Coruña. Teórica, activista feminista y escritora, sus últimas publicaciones son: La prostitución en el corazón del capitalismo; Pornografía. El placer del poder; Hacia una nueva política sexual. Además, ha codirigido y editado otros libros corales.

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